India y los no alineados

Luis Moreno
Profesor de Investigación del Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC)

India se convertirá en breve en el país más populoso del mundo. Tras acercarse demográficamente a China (1.450.387.165 habitantes) el país indostánico superará a su vecino chino, según las proyecciones de su actual población de 1.407.050,968 (datos de las Naciones Unidas).

 

India es la democracia más grande en el mundo en que vivimos. China es la mayor autocracia global. Ambos países disponen de armas nucleares y su vecindad y equidistancia geoestrategia con Rusia es un dilema en fluida ebullición. Los asuntos económicos sirven de botón de muestra de sus coyunturales aspiraciones. Pese a su posicionamiento de neutralidad y de abstención en los foros de las Naciones Unidas, India quiere aprovecharse de la situación generada tras la invasión de Ucrania por la Rusia de Putin.

 

Respecto al asunto clave de sus necesidades energéticas, el gobierno indio había adquirido hasta la fecha una mezcla de petróleo kazajo y ruso. Con la Guerra con Ucrania, la ausencia de compradores de la UE ha hecho que India pudiera adquirir petróleo ruso a un precio mucho más reducido

 

Junto a las consideraciones energéticas, Nueva Delhi trata de preservar sus relaciones con Moscú, siendo Rusia su mayor proveedor de armas. El horizonte de contener a una subrepticia y agresiva China en sus fronteras es una razón de peso existencial. 

 

En los tiempos que corren poco queda de su antaño importante influencia política mundial, como reflejó el hito de la Conferencia de Bandung de 1955. Jawaharlal Nehru fue uno de sus grandes impulsores, cuyo principal objetivo no era otro que agrupar en un Movimiento de Países No Alineados a aquellos principalmente sudasiáticos y africanos que habían accedido a la independencia, y que se oponían a colonialismo y neocolonialismo de las antiguas metrópolis (Reino Unido, principalmente). Pretendía una línea de no alineamiento autónomo frente a los Estados Unidos y la Unión Soviética.

 

¿Qué persiste hoy de aquellos propósitos de ‘vía media’ no alineada en el mundo bipolar de la guerra fría? Poco, si no nada.

 

Ahora todo vuelve a un mundo de globalización despiezada, de choque de civilizaciones, y de viejas aspiraciones imperialistas y guerras en las que ha emergido China como un actor de creciente empuje (atiéndase a cómo ha ‘deglutido’ a Hong Kong de manera sosegada y sin atragantarse). Y es que recordando a Samuel Huntington, la política mundial se está transformado en ‘multipolar’ y ‘multicivilizatoria’. Los poderes en concurrencia por el poder y la influencia internacional lo hacen prosiguiendo trayectorias culturales diversas y sin converger con el Occidente liberal. Todo apunta a un nuevo (des) orden internacional en el que las sociedades en liza comparten afinidades culturales formando bloques y alianzas regionalizadas, como ilustran los casos de China y el mundo islámico. 

 

En un anterior artículo recordábamos a George Orwell y su célebre novela ‘1984’ como ilustración 'ficticia' de un mundo fragmentado, y de lucha de bloques que comienza a asemejarse al ‘real’ de ahora. Recordemos.

 

Tras la cumbre de la OTAN en Madrid, se convalida la presunción orwelliana de una región mundial que George Orwell rebautizó como Oceanía y que incluiría a todo el continente americano (acuérdense de la doctrina Monroe) y otros países de una anglosfera global sin incluir a la Europa continental. Europa ‘desparecería’ del bloque oceánico, pero ¿y Euroasia? Según Orwell esta sería el dominio de una Rusia no sólo europea (al oeste y este), sino también asiática. Así quedaría proyectado un futuro de extinción para la UE y la OTAN, tal y como existen hoy en día. En este escenario de ficción la ‘razón de la historia’ estaría de parte de Putin. Salvo si finalmente los competidores deciden “to drop the bomb “(conflagración nuclear).

 

La tercera pieza del puzle global orwelliano sería la formada por China, Japón y Corea. En disputa estaría la emergente zona actual de Asia oriental, con India y los importantes países adyacentes, los cuales estarían en permanente disputa y acoso por las tres superpotencias (Oceanía, Euroasia y Asia oriental). Estos territorios en contienda son los únicos territorios que pasarían de unas manos a otras, el resto del mundo siempre pertenecería a su correspondiente bloque. En la distopia orwelliana todos se combaten entre sí para alcanzar una hegemonía universal. Un escenario que para nada pudiera parecerse a la globalización de estructuración mercantilizadora que los neoliberales (que con tanto ahínco han postulado los anglosajones) han identificado como la panacea del desarrollo y la prosperidad humanas. A costa todo ello del ineluctable cambio climático y de la progresiva destrucción de nuestra querida Gaia.

 

La guerra inducida por el ataque en Ucrania del criminal imperialista Putin complica la ‘vía media’ que India podría desempeñar en el nuevo mundo orwelliano. Su dificultad estriba en evitar críticas directas a la Rusia putinesca, al tiempo que no quita ojo a los acontecimientos que fortalecen la sigilosa estrategia de hegemonía de China. Su alianza de consultas con otras democracias en el foro estratégico Quad (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral que incluye a Estados Unidos, Japón y Australia) es cuando menos vacilante y contingente. Quizá debería buscar apoyos entre los antiguos países que participaron en el Movimiento de países No Alineados.

 

Y es que más le valdría a India articular una vía autónoma como la de Bandung y tratar de esquivar la terrible amenaza de un agravamiento con su gran ‘enemigo exterior’ paquistaní, el cual recibe la ayuda china, como el Afganistán talibán. No olvidemos que a día de hoy se sigue especulando con un posible futuro de guerra nuclear entre los dos países indostánicos. Rusia y China están al acecho.

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