Militantes críticos de ICV culpan a la indefinición de los Comunes de los malos resultados del 21-D

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Coscubiela Dante Rabell Nuet Domenech icv comunes

Los malos resultados del 21D pueden afectar a la confluencia de izquierdas


Así, un sector de militantes de ICV ha hecho público un documento en el que se analizan los resultados electorales del pasado 21 de diciembre y que anuncia ya la preparación de las próximas elecciones municipales de 2019.


Ante la próxima convención de ICV, las personas abajo firmantes, militantes de ICV, comprometidas con la organización y con sus objetivos de transformación social, preocupadas por la creciente desmovilización y desconcierto de nuestra gente en estos momentos en que hay más que nunca una militancia activa e ilusionada en la construcción de una nueva hegemonía al servicio de la mayoría social trabajadora de Cataluña, queremos contribuir a hacer de la convención un momento de reencuentro y compromiso colectivo aportando estas reflexiones:


Los resultados electorales de Cataluña en Común-Podemos el 21-D han sido malos y preocupantes. Malos porque, a pesar del aumento de participación, hemos perdido más de 44.000 votos respecto a las anteriores autonómicas de 2015 y más de medio millón respecto de las elecciones generales de 2016. Preocupantes porque abren interrogantes sobre el futuro de los Comunes y de ICV. Si no queremos correr el riesgo de caer en la insignificancia, es obligado averiguar las causas de este retroceso para reorientar nuestros planteamientos y recuperar la confianza de los electores.


El resultado electoral nos aleja del principal objetivo fundacional de los Comunes: "construir un nuevo sujeto político con capacidad de ser hegemónico y gobernar Cataluña". En el camino a la confluencia, ICV-EUiA hemos perdido el 40% de la representación en el Parlamento. Si hemos retrocedido es porque ICV y los Comunes hemos cometido errores. No podemos ignorarlo ni responsabilizar el contexto o los electores.


UNA PROPUESTA CLARA DE MODELO DE ESTADO


La indefinición y la ambigüedad de los Comunes sobre la relación Cataluña-España nos ha castigado. Como podemos ir a una campaña fuertemente polarizada, donde unos quieren la independencia y los otros no tocar nada de la situación actual, sin una propuesta fuerte y clara de modelo de Estado?


Se han repetido en exceso palabras y gestos de sintonía de dirigentes de los Comunes con el processisme. La república catalana como propuesta política, la participación al 1-O legitimando-lo, la pancarta y el lazo amarillo en el Ayuntamiento de Barcelona, la ruptura con los socialistas o la organización del acto de Zaragoza con Podemos y el PdCat. Criticamos con dureza, y justamente, el PP, pero no hemos criticado JxSí ni hemos atacado con la misma contundencia la corrupción en Cataluña.


Es imprescindible tener un proyecto de Estado claro e integrador de su plurinacionalidad porque la nueva legislatura seguirá instalada en el conflicto Cataluña-España que tapará cualquier discurso social o medioambiental. Un proyecto aferrado a la realidad, capaz de forjar alianzas políticas y ciudadanas aquí y allá, donde quede claro que reclamamos, desde su singularidad, el reconocimiento nacional de Cataluña dentro de España.


Hay que defender abiertamente que no estamos por la independencia, que queremos compartir un proyecto de Estado federal que reconozca la singularidad catalana para luchar juntos contra las desigualdades y por la recuperación de los derechos perdidos en la derechización de la crisis. Derechos civiles, laborales y colectivos, como la salud y la educación. La experiencia de ICV y la de la confluencia, han demostrado la imposibilidad de construir un espacio político unitario coherente sumando recortes de proyectos nacionales divergentes.


El proceso ha rasgado la catalanidad inclusiva y mezclada de un solo pueblo (la gente que vive y trabaja en Cataluña), sustituida por una catalanidad integrista, basada en el rechazo político y emocional en España, que deja fuera más de la mitad de catalanes y catalanas. La pesadilla del PSUC era un nuevo lerrouxismo y luchaba por impedirlo. Ahora el processisme ha atizado la victoria de Cs a los barrios obreros y cinturones industriales.


PREPARAR LAS ELECCIONES MUNICIPALES


Nuestra política ha perdido más votos allí donde éramos más fuertes. A modo de ejemplo, en El Prat y Montcada, en el cinturón metropolitano, hemos perdido un 31% de nuestro porcentaje del 2015. En Blanes hemos perdido el 34% y el barrio de Tarragona donde teníamos el mejor resultado hemos perdido el 42%.


Hay que situar el mundo del trabajo y sus cambios en el centro de nuestra actividad política. Para la inmensa mayoría, para la clase trabajadora en su diversidad, el trabajo a cambio de un salario es la base para construir la vida personal y la cohesión social. Los sindicatos, y en concreto CCOO, son las organizaciones de los trabajadores para defender los intereses colectivos de clase y forman parte del patrimonio activo de la izquierda.


Debemos impedir la consolidación en España de la subida derechista y nacionalista del PP y C 's como respuesta al problema catalán, que hace más evidente la necesidad de que la izquierda alternativa defienda un modelo de Estado que asuma e integre la realidad plurinacional española .


Es prioritario transformar la confluencia en una organización democrática y horizontal, con estructuras territoriales de base, con afiliados con derechos y deberes y un censo real y estable. Y hacer de las primarias con listas abiertas la forma única de elección de los cargos y las candidaturas electorales de los Comunes, para practicar la radicalidad democrática desde la ejemplaridad.


Se debe garantizar la representatividad local de las candidaturas municipales. Esta será la prueba de fuego para cohesionar el espacio, a partir de una asamblea de inscritos, organizaciones locales de los comunes y un proceso reglado con primarias que sean una experiencia a imitar de participación democrática.


SILENCIO INEXPLICABLE LOS COMUNES SOBRE RABELL Y COSCUBIELA


ICV debe estar a la vanguardia en estos objetivos, para que se vuelva a oír nuestra voz ecosocialista, nuestra voz de clase, nuestra voz ecologista y nuestra voz feminista. Hay que reforzar ICV organizativamente y políticamente, con un discurso propio y autónomo. Encontramos inexplicable el silencio de los Comunes sobre CQSP, sin rentabilizar el excelente trabajo del grupo parlamentario de Lluís Rabell y Joan Coscubiela. Nuestros valores históricos se han silenciado porque la confluencia no les ha incorporado y sin estos valores es como si la confluencia se hiciera sin nosotros.


Las municipales estarán impregnadas de la batalla nacional, especialmente en los municipios medios, que han sido el gran activo de ICV, incomprensiblemente ignorados por una confluencia amurallada territorialmente en la ciudad de Barcelona. La indefinición que practicamos pone en peligro nuestros resultados municipales allí donde somos más fuertes. Tanto los independentistas como C 's estarán interesados en nacionalizar la batalla municipal.


Nosotros, como ICV, somos responsables de nuestra política y de nuestra organización, y corresponsables de los aciertos y desaciertos de los Comunes. Por eso nuestra Convención debe aprobar una política y unos criterios organizativos que contribuyan a una reflexión serena y una práctica combativa y radicalmente democrática de los Comunes. Necesitamos una ICV movilizada para conseguir aportar lo mejor de nuestra tradición a un espacio democrático y arraigado en el territorio, a unos Comunes que puedan ser una herramienta útil para mejorar las condiciones de vida de la gente.

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