​Rubén Darío y el saber leer

Miquel Escudero

Ruben Dario traje diplomatico


Félix Rubén García Sarmiento era el nombre completo del poeta de Nicaragua nacido en 1867 y fallecido en 1916. Mi hermano mayor tenía un profesor de literatura que en clase de bachillerato les decía de forma musical: “Rubén Darío, el poeta de las cinco vocales y ninguna repetida”. Algunos de sus versos más conocidos son: “La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?” y “Juventud, divino tesoro, ya te vas para no volver”. Sí, creo que ahora a vosotros los jóvenes no os dicen nada de esto… Pero aquí me tenéis a mí, aquí nos tenemos. He pensado hablaros de unos artículos que durante 1899 fue publicando en el diario bonaerense ‘La Nación’. Referiré algunas afirmaciones que dan para conversar, que es de lo que se trata:


“Toda la novela americana producida desde la independencia de España hasta nuestros días no vale este solo nombre, por otra parte poco simpático para mí: Benito Pérez Galdós”. 


Y hablando de otro autor que ya ha salido mencionado en estas reuniones, tenemos al autor del Tenorio. “Zorrilla encarna toda la vasta leyenda nacional, y es su espíritu el espíritu más español, más autóctono de todos, desde el mundo múltiple en que se desbordó su fantasía, una de las más pletóricas y musicales que haya habido en todas las literaturas”.


En otro lugar contaba que una plaza vacante de verdugo había sido solicitada por abogados y médicos. O que había un abogado empleado como guardia forestal. “Esto no es una rareza”. “En toda la América Latina el titulismo es endémico; pero el origen está aquí, en la tierra clásica en que se asienta Salamanca. El mal está en la raíz. La ignorancia española es inmensa. El número de analfabetos es colosal, comparado con cualquier estadística. En ninguna parte de Europa está más descuidada la enseñanza. La vocación pedagógica no existe”.


Y luego decía: “Lo que habría que hacer en España sería formalizar la enseñanza elemental, leer y escribir correctamente, gramática y aritmética. Esta antigualla sería más que suficiente base para que luego cada cual siguiese su rumbo”.


Dejadme decir, por último, otra frase suya, tampoco la apostillaré: “No hace falta reformas, ni planes nuevos ni estudios novísimos. Lo que necesita con urgencia la juventud española es que le enseñen a leer, ¡que no sabe!”. 

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