​Por nuestras calles

Miquel Escudero

Sant jordi libros marcelli saenz


Las calles siempre son nuestras, de la ciudadanía; esto es, seres humanos con derechos y deberes, entre ellos el de respetar lo común y lo particular. Cuando alguien califica a otros de súbditos (de palabra, obra u omisión) atenta contra su dignidad, y esto se ha de denunciar no importa lo frecuente que sea.


Hoy es Sant Jordi, día de los libros y de las rosas en nuestra tierra. Un día por lo general laborable pero siempre festivo. Los ciudadanos (nacidos aquí o no) se echan juntos a las calles, a pasear por el centro de la ciudad. Lo hacen cargando una o varias rosas, mayoritariamente rojas, que se han de entregar o que ya se han recibido. Si el tiempo primaveral acompaña, la alegría es desbordante y contagiosa. Cada uno va a lo suyo, confiados y sin miedo, compartiendo un mismo afán.


Es obligado también pararse en las ‘librerías’ del día; los puestos de libros que se instalan por todas partes. Tengo predilección por los de la Rambla de Cataluña, avenida que siempre disfruto más que las famosas Ramblas (en plural, esos 1.700 metros que unen la plaza de Cataluña con el puerto). No sólo hay que pasear y detenerse, sino adquirir algunos libros. Ojalá que se acaben leyendo, y se haga con aprovechamiento, con sentido crítico, alejándonos de los sectarismos y enriqueciendo nuestra sensibilidad. Así nos hacemos mejores, personal y colectivamente.


Cuando era joven, y algo pretencioso, gustaba de responder a mis amigos y amigas que me preguntaban qué libro había comprado: ‘ninguno, es el único día del año que no los compro’. No era así, claro. Cuando mis hijos aprendieron a leer les compraba uno ese día; a la niña, además, le daba una rosa, igual que siempre he hecho con mi mujer. Más allá de los ritos y protocolos, entrañables y ligeros en esta fecha del 23 de abril (según una idea del valenciano Vicente Clavel, propuesta hace casi un siglo del ‘Día del libro español’, decretado oficialmente en 1926 por el ministro catalán Eduardo Aunós), lo que importa son las personas. Personas de toda edad y condición que no tienen que darse tono, sino ascender como tales, desarrollando sus capacidades intelectuales y cívicas. Así, los ultras no les podrán robar a ellos las calles que son de todos los ciudadanos, sin distinción. 

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