'Bienvenida a Montparnasse', bienvenidos a la edad adulta en búsqueda

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Bienvenida a Montparnasse


¿Qué le pasa a los jóvenes? Esta pregunta se la hacen desde sociólogos hasta filosófos y, como no, el mundo del cine. Desde la nueva comedia americana de Judd Apatow hasta la reciente Greta Gerwig con 'Frances Ha' e incluso con 'Lady Bird'.


La francesa ‘Bienvenida a Montparnasse’ de Léonor Serraille bebe completamente de esta última. Sin caer en dramatismos, ni en la exageración sexual de Apatow y con una imagen menos estilizada que Gerwig. Pero sí bebe un poco de esa imagen algo sucia que persigue a la protagonista es su devenir y en su vaivén existencial.


No es concienzuda, no trata de tener ningún peso intelectual, sino retratar una edad adulta perdida. La que empieza a los 30 y se ha dado cuenta que nunca ha hecho mucho de provecho casi por inercia, por el dejarse llevar ya sea por la sociedad o por alguna pareja posesiva en la que algunos caen por esos ideales de amor estable.


Serraille no elige a una protagonista que caiga bien al espectador, para nada. Paula, notablemente interpretada por Laetitia Dosch, es una joven ni-ni que ni tan siquiera sabe que lo es y que a través de las mentiras y un carácter marcado y directo se tiene que enfrentar al mundo real cuando lo deja su novio y exprofesor de literatura.


Acompañada de un gato que no roba protagonismo a la protagonista, Paula siente el rechazo, y va de un lado a otro tratando de buscar un lugar donde ser aceptada, por el mero hecho de ser aceptada. Pero el mundo es todo un lugar nuevo para ella, se siente perdida, no sabe donde ir si no es mintiendo, haciendo ver que sabe de lo que habla, cuando no tiene idea absoluta. Y la cámara así lo demuestra.


La decisión de Serraille de filmar a Paula yendo arriba y abajo, viendo como se se mueve a trompicones a costa de prueba-error ayuda a que el espectador se meta en esta película en la que constantemente pasan cosas que por muy insignificantes que parezcan ayudan a, poco a poco, ir situando a la protagonista en este mundo.


Es una de esas “películas de la vida” pero en la que pasan cosas, en que la directora y coguionista, hace suceder acciones, encuentros, miradas, trabajos, uno detrás de otro, y todo suma, hasta llegar a un final que por muy explícito que sea, fluye de manera natural. Porque el espectador llega allí de forma orgánica, aceptando que es una ficción y tal vez sucedan cosas muy fácilmente, pero posibles y explicadas a través de un humor de sonrisa y consiguiendo que el espectador empiece odiando a Paula y luego, al menos, acabe comprendiéndola de alguna manera.


Es cierto que ‘Bienvenida a Montparnasse’ no es de esas películas que marcan a uno y ni si mucho menos formará parte de la Historia del cine, pero la buena ejecución guión, dirección y actuación hace que todo encaje, dando fluidez a una película que deja al espectador entretenido y llevándose una ligera visión de la vida de los 30 y del mundo en la que pensar, aunque sea un rato y de manera superficial.

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