Una cuarta parte de los europeos elige tratamientos alternativos por la relación de la medicina con el poder

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Tratamiento alternativo


La medicina complementaria y alternativa se beneficia de la credibilidad otorgada a las teorías de la conspiración derivada del escepticismo asociado a las estructuras de poder existentes, según una reciente investigación realizada por la Universidad de Maguncia, en Mainz (Alemania).


Los países del Primer Mundo tienen sistemas de salud bien desarrollados que emplean tratamientos médicos que se ha demostrado empíricamente su eficacia. Pero, a pesar de esto, muchas prefieren recurrir a las técnicas utilizadas en medicina complementaria y alternativa, a pesar de que se les haya advertido expresamente contra su uso.


Según investigaciones recientes, esto puede estar asociado con una potente predisposición subyacente a creer en teorías de conspiración, un rasgo conocido como una mentalidad de conspiración. "Hemos identificado una correlación significativa", asegura Pia Lamberty de la Universidad de Maguncia.


Los psicólogos consideran que la llamada 'mentalidad de conspiración' es una característica de personalidad estable. Las personas con una fuerte tendencia a creer en teorías de conspiración sospechan que el mundo en realidad está controlado por élites ocultas. Esto es presumiblemente porque estas personas tienen la sensación de que tienen poco o ningún control sobre lo que sucede a su alrededor.


Curiosamente, hay numerosas teorías de conspiración que se relacionan con el mundo de la medicina, y la desconfianza de las vacunas es solo un ejemplo de esta tendencia, que no es un fenómeno nuevo.


Los datos más recientes revelan que casi el 26 por ciento de los europeos emplearon remedios médicos complementarios o alternativos al menos una vez en un período de 12 meses, con los medicamentos homeopáticos y naturopáticos como los más populares. Esta popularidad es aún más desconcertante, según los autores del estudio, ya que la ciencia hasta la fecha no ha verificado que la homeopatía, por ejemplo, tenga beneficios terapéuticos detectables más allá del efecto placebo.


Con esto en mente, Pia Lamberty y el profesor Roland Imhoff, del Instituto de Psicología de la Universidad de Maguncia, han llevado a cabo varios estudios con el objetivo de analizar la conexión entre la creencia en teorías de conspiración y la preferencia por formas alternativas de medicina.


Preguntaron a 392 participantes en el estudio en Alemania y 204 en Estados Unidos sobre sus actitudes hacia un total de 37 formas diferentes de tratamiento, desde aromaterapia, remedios florales de Bach, hipnosis y yoga hasta el uso de antibióticos y transfusiones de sangre. Entre otras cosas, los sujetos debían especificar con qué frecuencia usaban el tratamiento en cuestión y cuánta eficacia les atribuían. "En Alemania descubrimos que había una interdependencia clara y notablemente estrecha entre una mentalidad de conspiración y la tendencia a preferir tratamientos médicos alternativos", avanza Lamberty.


En otros dos estudios este resultado quedó confirmado. Aquí también se demostró que el vínculo psicológico entre una mentalidad de conspiración vista en términos de una perspectiva política y una preferencia por la medicina no convencional se basaba en una desconfianza en las estructuras de poder.


"Todo lo que se considera que tiene poder e influencia, como la industria farmacéutica, es tratado como altamente dudoso por los teóricos de la conspiración", explica Lamberty.


En uno de los estudios, los participantes deberían decidir sobre la aprobación de una droga herbal ficticia contra la ansiedad, la gastritis y la depresión leve. Los sujetos con una fuerte mentalidad de conspiración calificaron al medicamento ficticio HTP 530 como más positivo y efectivo.


Para Pia Lamberty y Roland Imhoff, la relación de esto con respecto a la atención médica es que esta desconfianza generalizada de las estructuras de poder puede influir en la forma en que las personas toman decisiones con respecto a sus propios tratamientos médicos.


"La comprensión individual de su enfermedad y la elección del tratamiento pueden depender de los rasgos de personalidad relacionados con la ideología mucho más que de consideraciones racionales", señalan los autores en su artículo publicado en 'Social Psychology'. Una mentalidad de conspiración puede, de hecho, determinar qué creen los pacientes que es la verdadera causa de su trastorno, qué consideran sus síntomas iniciales y sus efectos fisiológicos, y a quién o qué seleccionan para su tratamiento.


Sin embargo, los dos psicólogos hacen hincapié en que sus resultados no deben interpretarse en el sentido de que, por implicación, también es el caso de que todos los que usan terapias alternativas también creen en teorías de conspiración.

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