Los pulpos drogados con éxtasis son más sociables

Moisés B. Martínez


Si le das a un pulpo un poco de éxtasis, probablemente te pedirá que le des un abrazo.


Eso es lo que un par de científicos esperaban que ocurriera, de todos modos, cuando idearon un experimento para probar los efectos del MDMA en los pulpos.


El objetivo de este peculiar estudio, publicado el jueves 20 de septiembre en la revista 'Current Biology', no era sólo ver si los pulpos podían drogarse, sino también investigar la historia evolutiva del comportamiento del pulpo.


Los pulpos son conocidos por ser criaturas solitarias, a veces hoscas, con una gran excepción: cuando es el momento de aparearse. Según los nuevos autores del estudio, este cambio en el comportamiento sugiere que los pulpos podrían tener algún mecanismo neuronal que suprima el comportamiento antisocial y amplifique los impulsos sexuales.


Por cierto, se observan cambios similares en la sociabilidad en los seres humanos que han tomado MDMA. Esto se debe a que el MDMA es una anfetamina que aumenta la producción de varios neurotransmisores que regulan el estado de ánimo en el cerebro, incluyendo la serotonina, un químico que ayuda a regular la felicidad, el apetito y el sueño.


Los seres humanos que consumen MDMA tienden a ser más sociales, más enérgicos, más empáticos y más eufóricos de lo que eran en su estado de sobriedad. 


¿Podría ser, se preguntaron los investigadores, que los pulpos evolucionaron con un sistema similar de captación de serotonina que permite activar y desactivar el comportamiento social?


Para probar esto, el equipo primero rastreó el genoma de Octopus bimaculoides (comúnmente conocido como pulpo de dos manchas de California) para confirmar la presencia de genes transmisores de serotonina. Luego, consiguieron varios sujetos de prueba de pulpo con éxtasis.



EL EXPERIMENTO


En la primera fase del experimento, cuatro pulpos machos y cuatro hembras fueron colocados uno por uno en un tanque dividido en tres compartimentos. Un compartimento siempre contenía un objeto inmóvil (a veces una maceta de plástico, a veces una figura de acción de Chewbacca o Stormtrooper), el compartimento central siempre estaba vacío, y un compartimento "social" final contenía un pulpo macho o hembra desconocido en una jaula de plástico.


Estos pulpos enjaulados podían alcanzar y tocar a los otros pulpos, pero no tenían suficiente espacio para salir de la jaula o comenzar una pelea.


Uno por uno, los pulpos de prueba se colocaban en la cámara central vacía y se les permitía explorar las distintas salas durante 30 minutos. 


Durante estas sesiones, la mayoría de los pulpos de prueba evitaron la cámara social cuando un pulpo macho desconocido estaba enjaulado allí, pasando la mayor parte de su tiempo descansando con Chewbacca.


Luego, los investigadores sumergieron cada pulpo de prueba en un baño de agua de mar artificial mezclada con MDMA licuado. 


Cada pulpo empapado en su baño de éxtasis durante 10 minutos, absorbiendo el equivalente a una "dosis oral baja" directamente en su torrente sanguíneo a través de las branquias. Después de esto, cada pulpo se introdujo en un baño salino de 20 minutos, y luego regresó al tanque de pruebas sociales en unas pocas horas.


Con una pequeña dosis de MDMA, los mismos pulpos fueron devueltos uno por uno a la cámara de prueba y dejaron pasar otros 30 minutos para explorar. 


Con la droga, cada pulpo pasó mucho más tiempo en la cámara con el pulpo enjaulado que en las otras cámaras.


Según los autores, los pulpos drogados también "tendían a abrazar mucho la jaula", e incluso a frotarla con la boca, demostrando el mismo tipo de compulsiones táctiles de los humanos con MDMA.


POSIBLES APLICACIONES


"Los cerebros de los pulpos son más similares a los de los caracoles que a los de los humanos, pero nuestros estudios se suman a la evidencia de que pueden mostrar algunos de los mismos comportamientos que nosotros", señala en 'NBCNews' la autora del estudio Gül Dölen y profesora asistente de neurociencia de la Facultad de Medicina de la Universidad Johns Hopkins. 


"Lo que nuestros estudios sugieren es que ciertos químicos cerebrales, o neurotransmisores, que envían señales entre las neuronas requeridas para estos comportamientos sociales se conservan evolutivamente".


Parecería, si estos resultados son exactos, que los pulpos evolucionaron con algunos de los mismos mecanismos de regulación del estado de ánimo que los humanos, a pesar de tener un linaje evolutivo que comenzó unos 500 millones de años antes que el nuestro.


Esto sugiere que la serotonina ha cumplido una función social en los seres vivos durante mucho, mucho tiempo, y apunta a una antigua raíz de un neurotransmisor extremadamente importante.

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