La mentira y el odio no se blanquean

Miquel Escudero

Mossos cdr protestas parlament


El término italiano fascio era ‘propio’ de la extrema izquierda de principios de siglo XX, similar al de ‘liga’. En marzo del año que viene se conmemorará el primer centenario del Fasci di Combattimento (embrión del Partido Nacional Fascista que tres o cuatro años después tomaría el poder, tras marchar sobre Roma), fundado por el exsocialista Benito Mussolini que aglutinó diversos ‘fascios’. Desde entonces hubo fascistas y fascismo, no antes. Hitler llegaría al poder unos catorce años después de esa fecha.


Los profesores Ucelay-Da Cal, González i Vilalta y Núñez Seixas han coordinado un libro, editado por Gregal, que analiza las relaciones de los catalanismos (en sus diversas variantes) con los fascismos (en sus distintos tonos). Se trata de El catalanisme davant del feixisme (1919-2018).


El fascismo arrancó como un movimiento moderno, a sus integrantes no les importaba ser demonizados y mostraban una imponente capacidad teatral para desarrollar ‘performances’. Togliatti, quien fuera secretario general del PCI, llegó a hablar del camaleón como del tótem de la ideología fascista. Los coordinadores de este volumen sintetizan con este párrafo el resumen de sus investigaciones: “¿Catalanistas fascistas? Sí, han existido. Sin duda. ¿Un catalanismo fascista organizado? No. Nunca se ha estructurado”. Apostillemos que si se acepta como indudable la existencia de catalanistas fascistas, sería una falacia el habitual dilema que se da: ¿o catalanistas o fachas? ¿Qué razones habría para que los independentistas de confirmado carácter fascista no hayan llegado a vertebrar, como aquí se dice, una sólida organización propiamente fascista? (Tampoco en el resto de España, no nos engañemos. Hagan números). Los autores señalan una falta de espacio en el mercado político catalán y la ausencia de una coyuntura propicia para activarse. Así, entienden como un oxímoron la expresión ‘Estat Català’, dado que el movimiento catalanista ha considerado hasta la fecha que la sociedad civil debe predominar sobre cualquier otro poder. En todo caso, el asunto de las etiquetas de nazi y fascista no debe empañar la realidad. Al margen de ellas, se produce también la organización del fanatismo, del odio, del rencor, de la manipulación y de la mentira supremacista que no admiten blanqueo alguno.

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