Jaume Collell: "Reivindico que la gente sea libre de espíritu"

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Collell


Jaume Collell (1956) es músico, escritor, conocedor de las bambalinas del teatro y la farándula... contra el prejuicio que suele acompañar a los aficionados a demasiadas cosas, el periodista ha puesto punto y final a un libro que reivindica el espíritu diletante del Renacimiento y la Ilustración.


Además, su obra, 'Joc d'oficis', traza un recorrido por el plantel político y artístico catalán de la segunda mitad del siglo XX, de la que el periodista ha sido muchas veces un testimonio directo. Cossetània Edicions es el sello editorial que publicará la obra siguiendo un proceso de micromecenazgo en el que se puede participar haciendo clic aquí.



El libro comienza con un lamento de la pérdida de los oficios y su sustitución por las profesiones, más frenéticas y menos vocacionales.


Había un tiempo en que aún no había la línea divisoria entre el trabajo y el ocio que crea la Revolución Industrial. Era el caso de los payeses, que trabajaban para comer, pero al mismo tiempo se divertían y se culturizaban sin hacer diferencias.


Pero usted hace una descripción de un campesino muy planiana que me parece que también se ha perdido.


Pero yo todavía he vivido y recuerdo como los agricultores regateaban una vaca. Pero, hoy en día, la gente joven que está en el campo hace uso de la cibernética y calcula con la tecnología todo lo que tiene que hacer.


A lo largo de la obra rezuma una sensación nostálgica, como de "mundo de ayer".


El libro es un testimonio de la segunda mitad del siglo XX donde hago una reivindicación del espíritu del Renacimiento. Pensamos en Leonardo da Vinci, que era ingeniero, músico, poeta, médico... no lamento que esto ya no exista, sino que reivindico que la gente sea libre de espíritu. Y yo pienso que en la gente que es buena en su oficio, esto ya pasa.


Y su oficio fue el de periodista: ¿qué ambiente se encuentra cuando llega a Barcelona durante el tardofranquismo?


Para la gente de mi generación, los años que vivimos entre la muerte de Franco y la mayoría absoluta de González, fueron lo que por nuestros padres o abuelos fueron la Guerra Civil. Fueron años de una intensidad tan acusada que pienso que no se volverán a repetir.


Hubo una explosión de vitalidad y caos...


Exacto. Yo recuerdo que, muerto Franco, en la zona de la llanura de Vic se tomaban decisiones a las plazas populares y el Ayuntamiento las aprobaban. No había poder establecido, porque unos parecía que moralmente ya no lo tenían y los otros sólo tenían el entusiasmo.


Y el entusiasmo se acabó con Pujol.


Cuando muere Franco, yo tenía 19. Y casi en duró veinte más en Pujol. Yo establezco simetrías entre los dos personajes, entendiendo que con Pujol no había dictadura ni era un sanguinario. Ahora bien, sí había un cierto autoritarismo a través de la subvención y de la manipulación de sentimientos.


¿Como recuerda el caso de Banca Catalana?


Desde el Diari de Barcelona, ya habíamos investigado previamente casos de sobornos y corrupción. Piensa que el Diari de Barcelona era de izquierdas y que fue el primer diario que apareció en catalán después del Avui. La Generalitat no nos ponía publicidad, manteníamos una cierta beligerancia.


¿Y la presidencia de Tarradellas?


Él venía de una cultura política francesa donde uno de los pilares básicos era el protocolo. Pensaba que en las formas está el fondo. Pero él estuvo dos años sólo como presidente y le hicieron la jugada que, cuando se redactó el Estatuto, se incluyó la cláusula de que el presidente de la Generalitat debía ser diputado. Los partidos no querían su protagonismo.


¿La clase política de la Transición era mejor que la de ahora?


Pienso que tenía una preparación personal muy diferente. Joan Hortalà era catedrático de Economía, Ernest Lluch también era catedrático... Y había más naturalidad: un personaje público debe ser como es.


¿Por qué dice que la televisión ha hecho daño al teatro?


Porque la televisión cultiva la fotogenia, que se asienta sobre unos parámetros de visualidad que no tienen que ver con las dotes de persuasión y de ser un buen intérprete.


¿Llach o Serrat?


Serrat ha acabado siendo más universal que Llach. Al cabo de los años, a mí sus letras me han llegado mucho más que las de Llach, que es muy buen músico, pero "El meu carrer" de Serrat sería la única constitución o estatuto que yo defendería como propia.


En el libro hace un gran elogio de Ramon Fontserè.


Pienso que es muy buen actor y sé cómo trabaja en su laboratorio interno. Con su capacidad de interiorizar los personajes y de ser convincente es más eficaz que Bardem.


¿Cree que el genio de Boadella ha quedado eclipsado por sus compromisos personales?


Sin duda, su posición que ha adoptado últimamente ha influido sobre la percepción de todo el trabajo que ha hecho como dramaturgo. Pero, de todos modos, en el libro intento explicar la forma como él trabaja y separo la política del arte. Y, a la postre, ¡es nuestro presidente de Tabarnia!


¿Qué es lo peor y lo mejor de los periodistas?


Pues a nivel gremial hemos perdido la virtud que el periodismo se haga en la calle: estamos esperando las notas de prensa de los gabinetes, lo que nos digan nuestras fuentes... porque la investigación es cara y porque a las empresas no les interesa poner el dicho donde no conviene. Pero aún quedan las virtudes individuales de los que no quieren sucumbir a esta forma de actuar y están al pie de cañón.


juego de oficios

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