Justo Conde: "En mi época no había batallas de insultos entre periodistas del Real Madrid y del Barça"

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Justo Conde (1928) es una leyenda viva del periodismo deportivo. Desde los años 50 estuvo vinculado a la prensa, ya fuese en la mítica revista 'Rebote' o en el periódico 'Dicen...', donde sus crónicas sobre baloncesto se leían con entusiasmo y se releen hoy para asomarse a un "periodismo de antes" que ha dejado de existir. A sus 90 años rememora con lucidez una vida entera dedicada a la crónica canastera.



¿Cuáles fueron sus inicios en el periodismo?


Empecé a trabajar como periodista hacia los años cincuenta en Radio Juventud, que era una emisora escuela. Mi ilusión era ser locutor, pero los profesores me dijeron que tenía deje catalán. Así que empecé a escribir en la revista 'Barça', ¡y eso que era perico de toda la vida! Pero el dueño de la revista veraneaba en Sitges y me vino a buscar. Yo le avisé: "oiga, yo soy del Espanyol". Pero me contó que no había problema.


En esa revista conoció a una pléyade de grandes periodistas.


Conocí a los grandes periodistas de aquella época: Manuel Ibáñez Escofet, Juan José Castillo, Enrique Fernández -que era la voz de oro de Radio Barcelona-... con estos señores, la mayoría de ellos fervientes barcelonistas, aprendí mucho. Y eso que pocos años antes no pensaba en dedicarme al periodismo, sino dibujante. Pero mira por dónde, a través de la radio recalé en el periodismo.


¿Y cómo llegó a La Vanguardia?


Como corrector de la sección de revistas, donde seguí aprendiendo como autodidacta. Allí leí las grandes firmas de entonces: José María Pemán, Ignacio Agustí... Recuerdo que Josep Pla entregaba los originales escritos a mano. Era el único colaborador al que se lo aceptaban.


Y después de La Vanguardia, empieza a trabajar en 'Dicen...'.


Cuando nacieron las revistas 'Dicen...' y 'Lean', Julián Mir me dijo que ya tenía aseguradas las firmas de baloncesto. Pero el propio Mir, un año más tarde, me encontró en el Estadio de Barcelona y me contó que 'Dicen...' se convertía en periódico y si quería trabajar como firma de baloncesto. Ya te puedes imaginar, se me abrió el cielo!


¿Qué sensación de libertad se vivía en una redacción en esa época?


No había ninguna consigna. Los dueños del 'Dicen...', Federico Pastor y Julián Mir, eran barcelonistas pero ante todo predominaba la dignidad del oficio. Había la nefasta censura de todos los originales: una vez estaban picados, los periódicos tenían la obligación de llevarlo a censura. Y si el artículo era devuelto con una tachadura roja, no se podía publicar. Nosotros mismos teníamos la conciencia de la autocensura. Ahora eso ya no existe, todo el mundo es libre...


Yo era amigo de Manolo Espín, que trabajaba en 'Mundo Deportivo'. Si él necesitaba un dato, me llamaba por teléfono y se lo daba. Pero si al día siguiente nos podíamos quitar alguna noticia de actualidad, ¡se la quitaba! Éramos amigos y éramos rivales. 


¿Entonces ve bien la autocensura?


La censura se acabó con la muerte del dictador. Y vino la libertad de expresión o mejor dicho el libertinaje de expresión. Hoy cualquiera puede insultar en nombre de la libertad de expresión.


Lo que me comenta es que la autocensura tenía la ventaja de que, al tener que pensarse dos veces lo que uno escribía, el resultado salía mejorado. ¿Se refiere a esto?


Claro. Y afortunadamente los directores tenían la máxima confianza en mí. Me convertí en una pieza importante del periódico, porque aparte de escribir de baloncesto también compaginaba el periódico. A veces salía del periódico a las cuatro de la madrugada.


Le pregunto por este asunto de la libertad porque usted mismo ha dicho que, una vez en democracia, el barcelonismo se adueñó de gran parte de la cobertura deportiva.


Yo solo sé que cada día hacía la portada del 'Dicen...' y a mí no me tenían que decir nada. A mí si me llegaba una foto a las diez o a las doce de la noche, cuando ya no estaba el director, la metía en la portada sin mirar si era del Espanyol o del Barça. Había días en que toda la portada era de El Espanyol, como el día en que se supo que 'Poli' (Manuel Polinario) fichaba por El Espanyol. Y cuando venía el Real Madrid a jugar a Barcelona, los redactores de Madrid venían a la redacción del 'Dicen...' a escribir las crónicas con nuestras máquinas de escribir. Era otro periodismo... no había batallas de insultos entre periodistas del Real Madrid y del Barça.


Había más compañerismo entre periodistas.


Yo era amigo de Manolo Espín, que trabajaba en 'Mundo Deportivo'. Si él necesitaba un dato, me llamaba por teléfono y se lo daba. Pero si al día siguiente nos podíamos quitar alguna noticia de actualidad, ¡se la quitaba! Éramos amigos y éramos rivales.



HISTORIA E HISTORIAS DEL BALONCESTO


¿Cómo surgió la obra en fascículos de "70 años de básket en España"?


A mí este libro me lo han calificado como la Biblia. Una serie de periodistas del diario 'Marca', como el hijo de su director, Pedro Sardina, y Enrique Ortego, sacaron una colección titulada "La historia de La Liga". Y la empecé a comprar porque me gustaba mucho el fútbol. Luego contacté con ellos, que me presentaron al propietario de Universo Editorial, y le ofrecí la opción de hacer la historia del baloncesto. Y ya me ves viajando cada quince días a Madrid a traer los originales y revisar los que estaban a punto de entrar en imprenta.


De hecho es en esta época cuando se vuelca en la elaboración de libros sobre baloncesto.


Sí, es cuando hice "Historia de los Mundiales de Baloncesto" (1986), que me la patrocinó el Banco Exterior de España. También "La guerra que nunca cesa. Real Madrid-Fútbol Club Barcelona" (1990), que para mí es el mejor libro de fútbol que he hecho. Luego hice el libro del Joventut en compañía de José Ramón Ramos.


'La Penya' es un club parecido al Espanyol en que siempre se ha intentado mantener alejado de la tentación política.


Yo primero me hice socio del Layetano (Laietà Basket Club), que fue campeón de España en el 42 y el 44. La mayoría de jugadores del Layetano vivían en el mismo barrio donde por aquel entonces vivía Fernando Font, entrenador del Barça. Y jugador que destacaba en el Layetano, jugador que se llevaba el Barcelona. Y aquel equipo que fue campeón de España en los años 40 fue desmantelado. Ahí fue cuando empecé a sentir simpatías por el Joventut, porque tomó el relevo de ganarle los títulos al Barcelona.


Hay muchos que me critican que aún defienda la memoria de Raimundo Saporta, pero fue el hombre que cambió el futuro del básquet en España. El nuestro era un baloncesto de alpargata y Saporta, con su política de acercamiento al mundo europeo, puso al baloncesto español con zapatos de charol.


Esto ha ido a más y ahora son dos o tres clubes de la ACB los que se reparten el juego con fichajes y presupuesto. ¿Se ha futbolizado el baloncesto?


Sí. El deporte de antes era más limpio y menos profesional. Me da igual que me llamen nostálgico.


Lo que no se puede negar es que esa profesionalización ha traído cosas buenas, como la mayor atención que se presta al deporte femenino.


Eso es lo que más me ha sorprendido de la evolución del baloncesto. Ver jugar a las mujeres al básquet me encandila. Yo que recuerdo aquel baloncesto donde las mujeres venían de hacer el servicio social, con aquellas faldas largas plisadas... Yo fui el locutor del Price el día que España jugó el primer partido internacional femenino contra Suiza.


¿Cómo ve la propuesta de que en vez de solo 18 equipos, haya más en la ACB para darle algo más de vida a la liga?


Pero entonces los jugadores no tienen vacaciones. El jugador internacional que acaba la liga, se tiene que concentrar con la selección para ir a un europeo o a un mundial. Ganan millones, pero no disfrutan de la familia.


¿Y qué opina sobre que la ACB no tenga un presidente como la NBA?


Cuando se creó la ACB con Antonio Novoa, yo ya dije que no creía en un poder bicéfalo entre asociación y federación. Y está acabando mal. Hay muchos que me critican que aún defienda la memoria de Raimundo Saporta, pero fue el hombre que cambió el futuro del básquet en España. El nuestro era un baloncesto de alpargata y Saporta, con su política de acercamiento al mundo europeo, puso al baloncesto español con zapatos de charol.


¿Cómo recuerda la plata del 84 en Los Ángeles?


Lo viví intensamente como aficionado, no como periodista porque ya sufría la marginación profesional. Aquello fue como el caso de Santana en el tenis, que elevó un deporte superminoritario hasta la excelencia. Toda la afición española estuvimos muchas noches sin dormir en aquel año de Los Ángeles.


No puedo dejar de preguntarle por la situación de El Espanyol tras la compra de la mitad del capital por parte de Rastar.


No es mi Espanyol. En el momento en que entró capital chino, vendí mis acciones y dejé de ir al fútbol. Al Espanyol le han quitado el alma y está dividido entre los que prefieren un Espanyol con "eñe" o con "ny".

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