​Valls y Tarradellas

Miquel Escudero

Manuel Valls


El día de la Mercè hizo público que optaba a la alcaldía de Barcelona, una ciudad mal gestionada y zurrada por el populismo y el nacionalismo exacerbado. Treinta y cinco días después, presentó su libro Barcelona, vuelvo a casa (Espasa), un relato personal. Valls celebró en Barcelona sus veinte primeros cumpleaños y tuvo como pediatra al 'Guti', dirigente mítico del PSUC. Hablemos aquí y ahora del tenaz candidato hispano-francés que promueve el retorno del espíritu cívico y que la ciudad condal vuelva a ser "libre y de todos". En la rueda de prensa que dio con motivo de su libro se le hicieron cinco preguntas: hostiles dos de ellas, simples las restantes. Tengo la impresión de que quienes formularon las primeras no sólo no se habían leído el libro, sino que tampoco tenían intención de hacerlo.


En un anexo de este libro, Manuel Valls recoge la larga carta que el añorado Josep Tarradellas le dirigió a Horacio Sáenz Guerrero, director de 'La Vanguardia', en 1981. Me parece un excelente indicador de un político que busque conexión con los criterios de Tarradellas. A la muerte de este, en 1988, Julián Marías expresó una profunda tristeza por su desaparición, creía que sería una 'imprudencia' que fuera olvidado. El político conservaba varios libros que el filósofo le envió dedicados. Marías contaba la impresión que aquel le produjo al conocerse: "tenía unos ojos astutos y vivaces, a pesar de los años, un poco burlones, socarrones quizá, pero decentes. Bastaba verlo para comprender que podía hacer muchas cosas y que se podía uno fiar de él, con la condición de que no se intentara engañarlo o manipularlo". Esta era la clave. En dicha carta, Josep Tarradellas reclamaba coraje para denunciar la falta de 'sentido de responsabilidad' que anunciaba Jordi Pujol (capaz de decir todo lo contrario de lo que hacía y pretendía). Aludía a su intimidación engañosa y al abuso de la buena fe de quienes estaban ‘tendenciosamente informados’. Hace treinta y siete años presentía equívocos cada día más graves, que producirían una división muy profunda entre nosotros. Para enderezar ese rumbo de colisión y la ruptura de vínculos de comprensión y afecto en que estamos anclados hacen falta valor, competencia, decencia… y suerte. Se precisa un poderoso despliegue de respeto y capacidad de escuchar, hablar y gestionar. A ver si recogemos este guante, ¿quiénes están por la labor? 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Más autores
Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH