El dilema de ser o no ser presidente

Ludmila Vinogradoff
Corresponsal internacional

A Juan Guaidó, tal vez, le sobra prudencia, paciencia y cautela. Tal vez ha sido muy poco audaz y le ha faltado arrojo para haberse proclamado Presidente de Venezuela como se lo han planteado los grupos opositores radicales. Pocos saben lo que ocurre tras los muros políticos de los caraqueños.


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El “es ahora o nunca” de los radicales, le hubiera costado la cárcel si ocupaba la vacante presidencial, como lo amenazó Diosdado Cabello, justo este 10 de enero, cuando Nicolás Maduro juraba aislado y solitario su segundo mandato ilegítimo ante solo 4 presidentes de la región. El acto de la usurpación presidencial, solo sirvió para convocar un cabildo abierto este sábado en la caraqueña avenida Francisco de Miranda.


El sector más radical de la oposición venezolana le ha reprochado no tomar el toro por los cachos y declararse presidente. Guaidó no lo ha hecho aún, desde el 5 de enero cuando asumió la jefatura de la nueva directiva parlamentaria, porque espera el mejor momento para hacerlo.


Incluso en el cabildo abierto de este sábado que tuvo mucho más público de lo previsto -8 mil manifestantes– el joven Guaidó no cayó en la tentación de titularse como Jefe del Estado sino mostrar la hoja de ruta para llegar a ese fin, para ¿cuándo?, ni él mismo lo sabe.


En el cabildo abierto de Caracas, como buen ingeniero industrial, nacido en Vargas hace 35 años, mira su móvil para cronometrar los pasos que ha dado en la ruta democrática anunciada y los que faltan por dar. “Estamos en el paso de la movilización de calle. Invoco al pueblo y a la Fuerza Armada de Venezuela, los artículos 233, 333 y 350 de la constitución bolivariana para que nos acompañen. El 23 de enero convoca una gran manifestación de protesta”.


Todos lo coreaban “Guaidó Presidente, el pueblo presente”. Pero nada, el joven diputado no se atrevía a investirse, daba “un paso adelante y dos para atrás”. Muchos impacientes decepcionados, porque no escucharon lo que esperaban, cayeron en cuenta de que no sería ahora sino en un futuro incierto.


A Guaidó lo han tachado de cobarde e irresponsable por no asumir el cargo de Presidente. Los constitucionalistas como Juan Manuel Raffalli afirman que no puede, antes de eso Maduro debe renunciar o ser depuesto por el ejército para producir la vacante absoluta que establece la constitución.


La gran verdad es que la Asamblea Nacional no tiene poder de fuerza y depende de unos oficiales anónimos y patriotas para reponer el hilo constitucional, que deben haber muchos, sin duda, en los cuarteles, la cárcel o la diáspora, pero parecen muy tímidos, se hacen los sordos y callados todavía.


En adelante no descartamos que Guaidó prefiera cambiar los movimientos y quiera dar “dos pasos adelante y uno detrás” para recuperar el tiempo perdido y declararse Presidente. Tiene solo un año en funciones y no toda la vida por delante. Todo un reto.

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