​Un macaco zen

Miquel Escudero

No olvidemos, queridos amigos, que en estas sesiones damos paso a referencias sin otra intención que la de ampliar nuestra perspectiva cultural. Se trata de enriquecer nuestros jardines personales con un contacto que, aunque sea de pasada, alcance a viejas glorias. Así, hoy invocamos a un autor anónimo y situado en el siglo XVI. La obra se titula: ‘Viaje al Oeste. Las aventuras del rey mono’, un libro largo de veras y legendario en la vieja China. Está inspirado en el mítico viaje que un monje hizo a la India en el siglo VII, en busca de las sagradas escrituras budistas. Andanzas repletas de contrastes, y que rebosan fantasía y desenfado.


Peregrino, el rey mono, sigue siendo hoy un personaje popular en la China. Convertido al budismo emprende el viaje con otros dos monos vegetarianos (a uno de los cuales le llaman ‘el Idiota’). Tratan de acumular méritos para poseer el espíritu de Buda y volcar sus energías sobre los aspectos esenciales de la vida. La trama va hilvanada con la idea del respeto y la amistad entre el taoísmo, el budismo y el confucionismo, y con la creencia de que la vida también se manifiesta en la quietud. Se enseña que conviene hablar menos y obrar más. Dispuestos a sufrir y padecer, los hombres respetables son los más pacíficos, y los más sabios siempre piensan en hacer el bien. El rey mono es un ‘pecador’ guasón y travieso, astuto y desaprensivo, orgulloso y charlatán. Dotado de extraordinarios poderes, domina ni más ni menos que setenta y dos formas de transformación y sabe que “por muy fuerte que seas, siempre hay otro más fuerte que tú”. Los monos sostienen diálogos simplones, jocosos y desvergonzados, como: “¿Acaso creéis que es posible agarrar un pedo con la mano?”. Risas generalizadas en clase…


No obstante, estos extraños macacos reivindican su condición humana:


“Es posible que nuestros rasgos sean feos en extremo, pero en nuestros corazones anida la bondad y, aunque nuestros cuerpos parezcan deformes, somos de un natural dulce y agradable”. En cambio, hay monstruos (cara de hombre y corazón de piedra) que se adueñan de otras personalidades. Las apariencias traen mentira disfrazada de verdad, pero ésta –dicen- es indestructible. Sólo quien experimenta una mutación interior puede alcanzar la inmortalidad, y abrir así las puertas del misterio de la vida. ¿Qué os parece?

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