El campo de batalla del 5G

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La amenaza nuclear fue la protagonista de la segunda parte del siglo XX. Una carrera armamentística en la que el bloque formado por los Estados Unidos y sus aliados, los miembros de la OTAN, orientaban su arsenal hacia la Unión Soviética y sus países satélites, cuyos misiles, a su vez, apuntaban hacia las principales ciudades del mundo occidental. La Guerra Fría, el inestable equilibrio de fuerzas que, en caso de romperse, aseguraba la destrucción del mundo tal y como lo conocemos, acabó con la disolución de la URSS a finales del siglo pasado. Y, sin embargo, esta centuria ha traído consigo nuevos enfrentamientos, nuevos enemigos, nuevos desequilibrios en el tablero de juego mundial, y, sobre todo, nuevas formas más sutiles de hacer la guerra.


Aunque sería una simplificación excesiva, podríamos decir que, mientras que las guerras de hace apenas cincuenta años se regían por la dotación de maquinaria pesada por parte de los bandos implicados -aviones, carros de combate, navíos, misiles-, en la actualidad, la ventaja estratégica es definida por la capacidad de gestionar la innovación tecnológica por parte de cada una de las naciones contendientes. En muchos aspectos, hemos pasado de las guerras a cañonazos, a otras relacionadas con internet, la ciberseguridad, el big data y la manipulación de la opinión pública a través de las fakenews, uno de los grandes males de nuestros tiempos. La empresa de consultoría Gartner vaticina que en 2022 la mayor parte de los ciudadanos de naciones desarrolladas consumirá más información falsa que verdadera. Una población cada vez más maleable, que responde a la máxima que regía el mundo distópico planteado por Orwell en la novela 1984: "aquel que controla el pasado, controla el futuro. Aquel que controla el presente, controla el pasado".


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