lunes, 18 de noviembre de 2019

El Ballet Nacional de Cuba presenta “La Cenicienta”

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Segunda y última semana en el Teatro Tívoli de Barcelona del Ballet Nacional de Cuba. Después de una esmerada, exigente y ortodoxa puesta en escena de “El lago de los cisnes” en respetuosa versión de la coreografía clásica de Maris Petipá, llega ahora una versión desenfadada, divertida y bufa de “La Cenicienta”, sobre un guión del cubano Pedro Consuegra y música de Johann Strauss hijo, lo que quiere decir que hay abundancia de valses en casi todos los momentos de la obra.


Cenicienta ballet cuba



Con unos decorados de fondo que contribuyen a contextualizar este tratamiento poco convencional y a darle un marcado aire de cuento infantil, Viengsay Valdés, nueva directora general del Ballet y continuadora de la obra de la casi centenaria Alicia Alonso, ha seguido la tradición de esta formación que, por una parte, tiende a potenciar a todos los componentes de la formación, de forma que los solistas se alternan en la ejecución de los papeles protagonistas, de modo que cada cual tiene su día de gloria, lo que nos lleva a pensar que sería interesante asistir a dos funciones sucesivas con diferentes intérpretes para comparar sus dotes personales de cada uno de ellos.


Por otra parte, el Ballet cubano, la totalidad de todos cuyos componentes manifiestan una preparación impecable y unas dotes físicas realmente asombrosas, puede permitirse el lujo de hacer de algunas piezas secundarias interpretaciones memorables. Siempre me ha llamado la atención en “El lago de los cisnes” la ejecución de la tarantela, una danza mínima y muy corta que la mayor parte de las compañías, cuando no la suprimen alegremente, la resuelven como un mero trámite, mientras que en el Ballet Nacional de Cuba es un prodigo de artesanía corporal. Lo mismo ocurre en “La Cenicienta”, en donde las danzas del segundo acto resultan todas memorables. En este caso concreto, hubo aplausos entusiastas para la danza española, cuyos intérpretes ejecutaron con acompañamiento de castañuelas. Aplausos que se repitieron interminables para toda la compañía al término de la función.


Con todos estos elementos sólo cabe añadir que “La Cenicienta” es un espectáculo capaz de satisfacer a los amantes de la danza, pero también al público infantil, que se entretiene con las trastadas de la madrastra y las hermanastras de la protagonista porque el hilo argumental bufo no entorpece la grandeza de la coreografía.

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