​Un largo y sacrificado párrafo de fray Toribio

Miquel Escudero

Motolinía escribió a mediados del siglo XVI unos memoriales sobre la historia de los indios de la Nueva España (que iba desde México a la tierra del Perú). Os pido, queridos míos, un sacrificio. Valdrá la pena. Escuchad, por favor. Este texto habla por sí solo:


“Otro día era dedicado al dios del fuego, o al mismo fuego a el cual tenían y adoraban por dios, y no de los menores, que era general por todas partes; este día tomaban uno de los cautivos de la guerra y vestíanle de las vestiduras y ropas del dios del fuego, y bailaba a reverencia de aquel dios, y sacrificábanle a él y a los demás que tenían presos de guerra; pero mucho más es de espantar de lo que particularmente hacían aquí en Coauhtittlan, a donde esto escribo” (…) “levantaban seis grandes árboles como mástiles de naos con sus escaleras; y en esta vigilia cruel, y el día muy más cruel también, degollaban dos mujeres esclavas en lo alto encima de las gradas, delante el altar de los ídolos, y allí arriba las desollaban todo el cuerpo y el rostro, y sacábanles las canillas de los muslos; y el día por la mañana, dos indios principales vestíanse los cueros, y los rostros también como máscaras, y tomaban en las manos las canillas, en cada mano la suya, y muy paso a paso bajaban bramando, que parecían bestias encarnizadas; y en los patios abajo gran muchedumbre de gente, todos como espantados, decían: ‘ya vienen nuestros dioses; ya vienen nuestros dioses’. Allegados abajo comenzaban a tañer sus atabales, y a los así vestidos ponían a cada uno sobre las espaldas mucho papel, no plegado sino cosido en ala, que habría obra de cuatrocientos pliegos; y ponían a cada uno una codorniz ya sacrificada y desollada, y atábansela a el bezo que tenía horadado; y de esta manera bailaban estos dos, delante los cuales mucha gente sacrificaba y ofrecían muy muchas codornices, que también era para ellas día de muerte; y sacrificadas, echábanselas delante, y eran tantas que cubrían el suelo por do iban, porque pasan de ocho mil codornices las que aquel día ofrecían, porque todos tenían mucho cuidado de las buscar para esta fiesta, a la cual iban desde México y de otros muchos pueblos. Allegado el mediodía cogían todas las codornices; y repartíanlas por los ministros de los templos y por los señores y principales, y los vestidos no hacían si no bailar todo el día”. Y ahora completemos el tríptico.

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