​Denuncias anónimas

Pilar Gómez
Psicóloga clínica y psicoanalista

Me llamó la atención al estallar las acusaciones de acoso sexual contra Plácido Domingo que se publicaran tal cual, aún con el anonimato de las acusadoras. En la primera hubo diez denunciantes de las que solamente una dio a conocer su nombre, después ha habido algunas otras también anónimas en su mayoría.


No entraré en la justeza o no de si dicho acoso merece tal nombre, el tema de este post es otro: las denuncias anónimas.


No es que sean una rareza en la historia de la humanidad: la Santa Inquisición, el nazismo, el estalinismo, el fascismo, el franquismo, las dictaduras militares sudamericanas, el maccarthismo... las han aceptado y promovido. Lo mismo puede decirse de la campaña del gobierno inglés durante la Segunda Guerra exhortando a la población a denunciar supuestos nazis. Sin ir tan lejos - en cualquier sentido- también el ayuntamiento de Barcelona incitaba hace un tiempo a sus ciudadanos a denunciar anónimamente a aquellos vecinos que acogían turistas en su casa.


Estos casos - y muchos otros que cualquiera interesado en la cuestión puede conocer, la lista por desgracia es muy larga- vienen a confirmar que las sociedades tienen una enorme capacidad para tragarse cualquier cosa, o mejor dicho que las personas tienen una enorme capacidad para avalar cualquier tropelía, siempre que sea por “una buena causa” con la que puedan identificarse, sin importar la que imponga el discurso dominante en cada particular contexto.


Que los casos sean muchos nos permite decir aquello de mal de muchos: consuelo de tontos o, en otra versión del dicho, mal de muchos: epidemia. Subsiste lo peor: se trata siempre de un mal de muchos.


Ignacio Escolar, el director de eldiario.es, en estos días es objeto de un bulo, está siendo sometido a una campaña de acoso por unas afirmaciones que no ha realizado. A este respecto, sostenía : "la experiencia con estas noticias falsas es que da igual lo que digas. Siempre habrá quien prefiera creer la falsedad inventada o manipulada, si esta coincide con sus prejuicios o con su ideología. Por eso las mentiras siempre corren más que la verdad por las redes sociales". "Las fake news funcionan por una razón: porque muchos prefieren creer la falsedad si esta coincide con sus ideas o emociones."


Y se trata de eso, siempre hay quien no somete sus prejuicios a revisión y, en nuestros días, esta actitud se ve exacerbada por el anonimato que permiten y el efecto de masa que se produce en las redes sociales.


Parece una obviedad que una denuncia anónima, una que no viene sostenida por alguien con nombre y apellidos merece toda la desconfianza.


Mi perplejidad no se ha visto acrecentada porque se haya publicado la noticia de la denuncia del acoso tal cual, lo que es una manera de darle crédito; esto es triste pero no es nuevo: la prensa parece haber perdido los papeles hace ya tiempo y se publican 'noticias' cuyo interés es un misterio insondable.


En los tiempos del inicio de La Contra en La Vanguardia, una sección en la que se suelen publicar entrevistas interesantes, se pasaba un cuestionario común a todos los entrevistados donde me sorprendió que se preguntara a las mujeres por el color de su ropa interior, aunque todavía me sorprendió más que todas respondieran. Sucedía a finales de los años ochenta del siglo pasado, los tiempos y los puntos de enfoque periodístico con ellos estaban cambiando. No es más que un ejemplo pero ya esa difuminación de la frontera entre público y privado auguraba el borramiento de dicha división a día de hoy.


En la misma línea de hacer noticia de cosas sin ningún interés se publicó que Soon Yin se había tomado un agua en un kiosko de la Boquería. Tal cual. Soon Yin es la esposa de Woody Allen que estaba entonces rodando su película barcelonesa. No se puede decir que más papanatismo sea imposible porque la realidad siempre acaba superando lo que parecía insuperable, de modo que la sorpresa por las sandeces que se publican se ha ido disolviendo, pero...


No acabamos con la estupefacción y me he visto sorprendida por la opinión manifestada sobre las denuncias anónimas por personas con las que, en otras ocasiones, más bien he sintonizado. Estupefacta me he quedado al leer que Rosa Montero por ejemplo, defiende la pertinencia de la publicación de la denuncia anónima basada en que tanto la agencia que ha publicado la noticia como la periodista que la firma son "serias". Quizá sí que lo hayan sido a lo largo de su historia, pero han dejado de serlo en el instante preciso en que han dado pábulo a rumores disfrazados de noticias.


Otro argumento aportado por Montero para remachar lo justo de la publicación es que los periodistas siempre han protegido sus fuentes, lo que -siendo muy cierto- no vale para este caso y más bien parece mezclar churras con merinas: una cosa es proteger la identidad de quien filtra una noticia y aporta pruebas de lo que está afirmando y otra cosa es proteger la identidad de quien no aporta prueba ninguna y, además, esconde su nombre que es lo único que podría sostener aquello que dice, puesto que lo hace en nombre propio.


No podemos dejar de pensar en aquello "muchos prefieren creer esta falsedad si coincide con sus ideas y emociones".


Insisto: este post no trata de si hubo o no acoso, trata de lo peligroso que resulta para una sociedad admitir denuncias anónimas y darles el valor de verdad porque los destrozos causados tienen mala reparación, si es que la tienen.


Son destrozos que afectan a la vida de las personas denunciadas, a la de sus familiares y amigos, pero son destrozos también en la trama relacional de las sociedades: tienen un efecto degradante en las relaciones entre personas puesto que, aceptándolas, se legitima la irresponsabilidad de los sujetos respecto aquello que dicen, de modo que es innecesario para cualquiera sostener su palabra.


No hay marcha atrás porque en el momento en que empieza a correr el bulo muchos lo asimilan a una verdad y como se suele decir el daño ya está hecho. Parece indudable que hay un goce malsano en ello.

1 Comentarios

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Totalmente de acuerdo con este BRILLANTE ARTÍCULO. Su autora no es jurista, PERO MERECERÍA SERLO, pues tiene las ideas muy claras, y lo digo como Abogado.

escrito por Ramiro 24/sep/19    17:34

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