martes, 12 de noviembre de 2019

Homenaje a Wifredo Espina

Pablo-Ignacio de Dalmases
Periodista y escritor

Cada uno tiene sus propios recuerdos de los demás. Para mis coetáneos, Wifredo Espina fue el periodista valiente que rompió moldes desde El Correo Catalán durante los años de tardofranquismo. Pero para mí fue el compañero con el que compartí habitación en el palacio de Magdalena de Santander un lejano verano de 1963 o 1964. Por aquel entonces él era yo un periodista reconocido e incluso temido, mientras que yo no pasaba de aspirar a ser un alumno de la Escuela Oficial de Periodismo Madrid. Coincidimos en uno de aquellos cursos de verano que se realizaban en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo bajo los auspicios de Fernando Martín Sánchez-Juliá, un personaje entonces muy influyente y hoy olvidado.


Viene todo esto a colación de la publicación por Wifredo Espina de 'Quan volien silenciar-me. Memòries d’un periodista inconformista' (Pagés editores), una excelente descripción, desde su propia experiencia personal, de la vida periodística del tardofranquismo y los inicios de la democracia. Wifredo es originario de Vic que, como recuerda, ha evolucionado desde ser considerada la "ciudad de los santos" a convertirse en la "ciudad de las mezquitas". Allí hizo sus primeros pinitos en el semanario Ausona (por cierto, en el yo también colaboré) que pertenecía a la Prensa del Movimiento, aunque acabó recalando en el antiguo periódico tradicionalista de las Ramblas que Andreu Roselló e Ibáñez Escofet convirtieron progresivamente en un altavoz de la crítica política y que, muerto Franco, acabó en manos de Jordi Pujol, quien acabaría destruyéndolo porque, como dice Espina, el famoso presidente fue un buen político, pero un mal empresario (Valls y Taberner lo profetizó, añade).


Espina relata numerosas hechos, recuerdos y anécdotas. Como otros tantos periodistas de la época, ejerció en alguna ocasión de 'negro' literario (de Eduardo Tarragona) yen su momento, aceptó ciertos encargos oficiales (fue director de la revista de Parques y Jardines del Ayuntamiento y luego de un Centro de Investigación de la Comunicación de la Generalidad, por encargo de Jordi Pujol, pese a que tanto Tarradellas como Pla le aconsejaron que no se fiara del duradero presidente), aunque presume de no haberse sometido nunca a los dictados de los intereses políticos partidarios. Recuerda que El Correo catalán fue el único diario español que no dio la muerte de Franco (había cerrado la edición con excesivo apresuramiento).


Hombre que ha querido ser siempre independiente, reparte elogios y críticas incluso de forma que hoy puede ser considerada políticamente incorrecta. Discrepa de Torras i Bages, para algunos el gurú del catalanismo ("les arrels són pròpies de les plantes; els homes tenim peus per a desplaçar-nos") y, por el contrario, no se arredra en elogiar al hoy denostado cardenal Plá y Deniel ("un home força moderat i pertanyia a un moviment catòlic bastant obert per aquell temps") Todo ello no le impide renunciar a la profesión de "un sentit de país que mai ha pogut arribar a ser nacionalista, però si de forta catalanitat". Y de ahí que ose criticar la autocomplacencia de la Cataluña actual y de su prensa con un nacionalismo cerrado y excluyente ("es va anar instal·lant un ambient de 'nosaltres' i els 'altres', els de Madrid i els de fora. Una tendència a mirar-nos el melic, a preferir ser cap d'arengada abans que cua de bacallà"), a confesar que considera que el papel actual de Cataluña en el conjunto de España es bastante triste. Y es que Wifredo Espina sigue ejerciendo de inconformista heterodoxo. 

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