​La Cumbre del Clima, una Torre de Babel de intereses

Carmen P. Flores

El cambio de sede de la Cumbre del Clima (COP25) -que debía celebrarse en Chile, pero debido la difícil situación que están viviendo en ese país, ha tenido que celebrarse en España, país que se ofreció a acogerla -ya presagia que algo no iba a salir bien. Los vaticinios se han cumplido y la Cumbre de más larga duración, 14 días, ha dejado un sabor agridulce: los objetivos a que se aspiraba en su inicio no han llegado a materializarse. Así lo reconocía la presidenta de la COP25, la chilena Carolina Schmidt, quien ha manifestado en el acto de clausura que “el mundo nos está mirando y espera soluciones concretas de nuestra parte. Hoy no estamos satisfechos. Los acuerdos alcanzados no son suficientes para afrontar con sentido de urgencia la crisis del cambio climático”.


Los ciudadanos, que siempre van por delante de los gobiernos, estaban esperanzados de que al final llegarían a acuerdos que hicieran posible el compromiso firme de los gobiernos para atajar de verdad el cambio climático.


Después de horas de duras negociaciones no ha sido posible convencer a los países de que dejaran de mirarse sus respectivos ombligos para estar en el mundo real, ese que reclaman sus respectivas ciudadanías y el mundo científico, que avisan de la grave situación que se está viviendo y del futuro incierto si no se toman medidas. Las disputas y diferencias entre los países también han estado presentes en el interior de la Cumbre, para desánimo de todos los expertos participantes. Solo se ha llegado a un acuerdo de mínimos para no hacer fallida la Cumbre, que sería el fracaso de todos.


Los temas que han suscitado más controversia se han dejado para el próximo encuentro, que tendrá lugar en Glasgow. Será como la carta a los Reyes Magos que genera mucha ilusión, pero que al final se queda solo en eso, en una carta que solo llega a los “papás”.


El propio secretario general de la ONU, António Guterres, ha manifestado estar decepcionado con los resultados: “La comunidad internacional ha perdido una oportunidad importante para mostrar mayor ambición”, sentencia el mandatario, quien también hizo referencia a la implicación mayor que deben hacer los países firmantes en recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Solo 84 países se han comprometido a presentar nuevos planes el próximo año. Entre esos países está España.


El esfuerzo realizado por España para que en un tiempo récord estuvieran montadas todas las infraestructuras, no se ha visto compensada con los resultados finales que se esperaba que fueran más amplios y no de mínimos, para simplemente cubrir el expediente. Las grandes economías han puesto en evidencia una vez más lo importante que son sus intereses y lo poco que les importa el futuro del planeta.


Por si fuera poco, hay que tener en cuenta que EEUU, China, la India y Rusia, que ellos solos suman el 55% de las emisiones mundiales de efecto invernadero, no han manifestado su intención de ser más ambiciosos y bajar sus cifras.


Lo que ha quedado claro en esta Cumbre es la división entre los gobiernos, poderes económicos, comunidad científica y ciudadanía. O se toman en serio las cumbres o la credibilidad de las mismas está ya en tela de juicio.


Como decía Mafalda: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!”.

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