Incivismo extremo a los trenes: el 80% circulan con grafitis

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Más de 8 millones de euros es lo que ha costado de los bolsillos públicas limpiar gratifis en 2019. Aunque si nadie pintara más y se consiguieran limpiar todos los trenes manchados la cifra superaría los 10 millones de euros.


GRAFITI


Los grafitero actúan en todo el territorio catalán lo que dificulta la acción de limpieza regular. A lo largo del año pasado se limpiaron 85.000 m2 de 2.700 trenes sobre un parque de 250 trenes. Es decir, se ha tenido que limpiar 10 veces cada tren de todo el parque.


Los grafitis han obligado a Renfe a alterar en más de una ocasión la programación horaria de los recorridos de estos trenes para organizar la limpieza de las pintadas y dejar el tren inmovilizado más tiempo de lo previsto y que conlleva una modificación de la logística de

distribución de los trenes semanal.


Las pintadas se están convirtiendo en el principal quebradero de cabeza de Renfe no sólo por el coste económico sino por los retrasos que supone las acciones grafiteras que están llegando a un incivismo extremo recurrente.


MOLESTIAS RECURRENTES A LOS PASAJEROS DE LOS TRENES


Además antes había un cierto respecto de los grafiteros hacia los cristales de los maquinistas, pero se está perdiendo. La sensación de claustrofobia en el caso de la Renfe cuando los cristales están pintados y no dejan pasar la luz, las afectaciones al servicio cuando se deben retirar vagones en circulación y se provocan retrasos, o el peligro en que se puede poner el pasajero con las frenadas que fuerzan con las palancas son algunos de los problemas que, más allá de las agresiones puntuales, pueden generar los grafiteros, que también ponen su vida en peligro.


El personal de limpieza de grafitis está desbordado y es incapaz de eliminar todos los grafitis, que cubren alrededor del 80% de sus trenes. Por eso cada vez es imposible no viajar a estas alturas en vagones multicolores, llenos de letras y dibujos por fuera.


En Cercanías, el colapso por boom de los grafiteros hace que se priorice, por motivos de seguridad, sacar de circulación y limpiar los vagones con cristales pintados, especialmente cuando se trata de la cabina del maquinista, y botoneras pintadas. Los ferroviarios tienen siete puntos en Cercanías donde limpiar los vagones.


EL PROCESO DE LIMPIEZA ES LARGO Y DELICADO


Para limpiar un tren los trabajadores se enfundan un uniforme de papel y plástico de un solo uso (reciclable) y se coloca una máscara de plástico ABS, con dos cartuchos de carbón, para evitar el contacto de elementos tóxicos con los ojos y la boca.


Después se pasa un cepillo con fuerza con el producto decapante Gel, a veces el grafiti se evapora cuando la están limpiando y se vuelve a pegar a la chapa, lo que dificulta la limpieza. La lluvia también pone trabas a la intervención.


El acrílico que a veces usan los grafiteros como base sobre la que pintar, o el ácido que quema la chapa y el vidrio, son dos obstáculos más que afrontan los operarios. Un grafiti que los jóvenes pintan en unos minutos puede requerir entre veinte minutos y una mañana entera para ser limpiado. Después de una primera mano de producto de limpieza que deja el muro embadurnado, en la segunda o tercera se empieza a aclarar, con la ayuda de una regleta. Y todavía hay que añadir un spray líquido para deshacerse del decapante.


Finalmente, una manta por debajo del vagón, en el suelo y dentro de una caja de plástico, chupa la pintura y el producto se van cayendo. Después se envuelve, y los miles de litros de pintura y producto van a parar a plantas de tratamiento de residuos dentro de bidones de plástico.

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