martes, 25 de febrero de 2020

'El cubano triste de Fernando Poo', una novela sobre desventuras coloniales

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Pocos españoles recuerdan la presencia de nuestro país en el golfo de Guinea y menos aún su origen que, de alguna manera, puede decirse que se produjo por carambola. En efecto, la Colonia del Sacramento, situada en el continente americano a orillas del Río de la Plata, el territorio que posiblemente más veces cambió de manos entre España y Portugal, fue entregado por cuarta y última vez por este último país al primero en tiempos de Carlos III en virtud del tratado de San Ildefonso y con él y como complemento, dos islas perdidas en el continente africano: Annobón y Fernando Poo, que Madrid tardaría en ocupar y más aún en colonizar. Con el tiempo formaron parte de la Guinea Española, hoy Guinea Ecuatorial.


Antonio M. Carrasco González, buen conocedor de la literatura hispano-africana y de aquellos lejanos pagos, es el autor de una novela titulada 'El cubano triste de Fernando Poo' (Sial/Casa de África), cuya acción, en torno a los años de la Gloriosa, se sitúa a caballo de la citada isla africana y de la de Cuba. Por aquel entonces en la mayor de las Antillas emergía un movimiento separatista que encontraba su mejor eco en los hacendados que mantenían relaciones económicas con Estados Unidos y que consideraban que el nexo con la metrópoli menoscababa su libertad de comercio, mientras en Fernando Poo sesteaba en el más absoluto abandono. El gobierno de Madrid, con el fin de neutralizar a algunos de sus personajes y, a la vez, de deshacerse de delincuentes y hampones, dispuso la deportación de un cierto número de ellos a Fernando Poo, Chafarinas e incluso Filipinas.


El cubano triste de Fernando Poo


Este es el punto de partida de la trama de Carrasco en la que el protagonista, un comerciante de tabacos de poca monta llamado Arnaldo Gutiérrez, es utilizado de correo por los separatistas e, identificado por las autoridades, unido a un grupo de deportados con destino a la isla africana en la que intentará iniciar una nueva vida con Rosaura, meretriz de la que se había enamorado perdidamente.


La fortuna no le será propicia porque los otros deportados separatistas le marginan creyendo que se ha apropiado de fondos de la causa, algunos de los delincuentes agregados pretenden vengarse de antiguos agravios habidos en La Habana y finalmente su amante le traiciona. Todo ello se engarza con la asendereada vida en la presuntamente tranquila colonia ecuatorial, donde impera la desidia, el cohecho, la prevaricación, el contrabando, la mala vida y, por supuesto, la insalubridad. Carrasco juega con todos estos elementos a través de una serie de personajes de trazos rotundos, tales el gobernador Leza, el secretario letrado Calle, el sargento Cañada, el liberto Ansúrez, el contrabandista Trello, el misionero metodista John Hall, los misioneros católicos jesuitas, el autoproclamado presidente cubano en el exilio Vallecillo, o el cónsul inglés Holt, unidos a un largo retablo de personajes secundarios con los que engarza una acción que adquiere ritmo progresivo hasta alcanzar momentos de máxima intensidad en los que surgen los enfrentamientos armados y brota la sangre.


Bien puede decirse que 'El cubano triste de Fernando Poo' es una buena novela de aventuras que además y gracias a la excelente información del autor, está muy bien contextualizada en el momento histórico y en los ambientes en los que tiene lugar con la utilización, incluso, de algunos términos propios del español hablando en aquellas islas.

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