Teatre Akadèmia: una nueva versión de 'Per un sí o per un no' de Nathalie Sarraute

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La ventaja de los espacios escénicos de estructura no convencional es que el interior de la sala puede adaptarse en cada ocasión de acuerdo con las necesidades de cada montaje. El Teatre Akadèmia, que en realidad es una nave de no excesivo tamaño y en parte despejada, suele situar los asientos del público frente al lugar en donde se desarrolla la acción dramática, diríamos que "a la italiana", pero puede permitirse modificar esta distribución cuando sea menester.


En el caso de la reposición de 'Per un sí o per un no', de Nathalie Sarraute, ha optado por situar la acción dramática en el centro y los espectadores a cada lado, con un detalle añadido: cada uno de los dos --en este caso las dos protagonistas--, emerge de entre el mismo público y entre los propios espectadores empieza a dialogar con su partenaire. Todo lo cual provoca cierta sorpresa inicial entre el respetable.


En realidad, la obra de Sarraute, de pequeño formato porque no dura más de 50 minutos, ya era conocida del público barcelonés. Haciendo memoria recordamos que pudimos verla, además de en televisión, en la sala Muntaner y en el teatro Poliorama, en este último caso con Josep Maria Flotats y Juanjo Puigcorbé quien, por cierto, estuvo presente en la premiere del Akadèmia. Ello quiere decir que el texto es ambivalente y sirve tanto para ser interpretado por hombres, como por mujeres, tal cual es el caso, con Isabelle Bres y Maria Pau Pigem, bajo la dirección de Elena Fortuny.


Sarraute trata de la amistad y de cómo el diálogo producido a raíz del encuentro entre dos personas, inicialmente anodino e intrascendente, va tocando teclas que hacen posible que puede convertirse en una batalla dialéctica y en un verdadero enfrentamiento. Debo decir que el texto exige seguir su desarrollo con suma atención para no perder detalle de la evolución de la conversación que es algo laberíntica.


Todo ello no fue óbice para que disfrutáramos de una interpretación excelente por parte de Bres y Pigem, que tuvieron que hacer gala de una singular versatilidad y pasar, según el momento, de la ira a la ternura y de la indiferencia al interés por el diálogo con la otra, con un notable dominio del tono, el gesto y la expresión. Eso sí, sería muy de agradecer que cuando se sitúen en los extremos de la sala eleven algo el tono de voz para que lo que dicen resulte audible a los que, como el autor de estas líneas, somos un poco duros de oído.

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