miércoles, 12 de agosto de 2020

Un estudio de Sáenz Ridruejo destaca la importante contribución de los ingenieros de Caminos catalanes al progreso de España

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Los estudios históricos generalistas precisan de un complemento indispensable: aquellos otros de carácter especializado que se circunscriben a aspectos concretos y permiten un análisis más pormenorizado. Tal es el caso de la obra de Fernando Sáenz Ridruejo, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y autor de dos trabajos sobre la historia de este cuerpo facultativo, que acaba de publicar un tercer estudio monográfico titulado “Contribución de los ingenieros de Caminos catalanes al progreso de España” (Debate) con el que obtuvo el premio Sagasta de ensayo.


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Dice el también ingeniero de Caminos y conocido periodista Antonio Papell en su introducción que “el surgimiento del conflicto catalán, que en buena medida se ha basado en una adulteración malintencionada de la historia, ha impulsado al historiador de la ingeniería a analizar la contribución de los ingenieros de caminos catalanes al progreso de España”. Y, en efecto, queda fehacientemente explicitado que dichos profesionales, vinculados desde principios del siglo XIX a los servicios de Fomento y Obras Públicas de la administración del Estado, ejercieron su oficio con una amplia permeabilidad interterritorial y que hubo muchos de origen o ascendencia catalana o arraigo en Cataluña que dejaron su impronta tanto en su región, como en el resto de España.


El autor destaca la labor política que realizaron algunos de ellos, puesto que hubo ministros como Alberto Bosch, que lo fue de Fomento, o Francisco Lozano, de Vivienda, numerosos subsecretarios, directores generales, diputados y titulares de otros cargos público. Recuerda su proyección exterior, particularmente la colonial en los territorios de Ultramar (Puerto Rico, Filipinas, Marruecos, Guinea), así como en el África francesa y en otros países. También fue muy importante su actuación profesional, sobresaliendo la realizada en el ámbito de los ferrocarriles por Félix Boix -un busto le recuerda en la estación del Norte de Madrid-, Eduardo Maristany -director general del Madrid-Zaragoza-Alicante, gracias a quien quedaron unidas por este medio de transporte muchas poblaciones catalanas- y Rafael Coderch; en puertos y faros; en docencia; o en obras hidráulicas, que fue el sector en el que más se distinguieron, y comenta el caso de quien fue luego muy conocido como empresario, pero que ejerció de ingenieros de Caminos especializado en sector, Pedro Duran Farell, autor por cierto de un curioso estudio sobre lluvia artificial. Y, en fin, imprescindible es recordar los casos de quienes se distinguieron en urbanismo como Ildefonso Cerdá y Pedro García Faria, cuyo trabajo benefició en ambos casos a Barcelona y además en el primero a Madrid y en el segundo a Cartagena y a la ingeniería sanitaria.


El libro incluye en orden cronológico las biografías de veinticinco ingenieros de Caminos catalanes, con amplio detalle de su actividad profesional, que da comienzo con los hermanos Juan y José Rafo Tolosa, nacidos en el primer tercio del siglo XIX y finaliza con José Espinet Chancho, de mediados del siglo XX y lo complementa con un fichero alfabético de ingenieros catalanes de origen, adopción o ascendencia a partir de 1839 y hasta 1954.


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