jueves, 22 de octubre de 2020

​El informe Gerard

Miquel Escudero

¿Cómo puede mejorar una sociedad que confunde las prioridades sociales, o que permite, sin apenas rechistar, que las autoridades malversen sus impuestos y promuevan con ellos la discordia civil? Pasqual  Maragall y el PSC nos defraudaron a muchos de sus votantes, también porque al llegar al poder dejaron de hacer una auditoría que abarcase la era pujolista. El alcalde olímpico se soltó de la lengua en el Parlament con su celebérrimo ‘3 per cent’; el problema que tenía CiU. Luego reculó ante la réplica desairada de Artur Mas y evidenció complicidad con la corrupción patriótica. Con Maragall, ERC creció como nunca; la verdad es que hizo la cama a gran parte de sus votantes. Hoy, Iceta no encuentra puntos de encuentro con Cs pero sigue cortejando a la falsa izquierda; no puede vivir sin ella.

El president de la Generalitat, Quim Torra


Hace tres años, Mas se postuló en Bruselas como un Nelson Mandela catalán; al poco, Inés Arrimadas apostilló en el Parlament que era más bien ‘el Nelson Mandela de la Costa Brava’.


Sucede que hace años que nos llueve café: propaganda y más propaganda, sordidez sobre estupidez. El ínclito Salvador Cardús sentenció que “la corrupción en Cataluña es consecuencia de la españolización del país en las últimas décadas”; que venga el grandilocuente Wert a mejorarlo. Y qué decir del venerable y bondadoso hasta las cachas Oriol Junqueras, con otra frase de antología, insostenible y prodigiosa en su desprecio ‘africano’ (no digamos ‘odio’, pues estaría reñido con un hombre que se declara ‘buenísima persona’): “Los catalanes tienen más proximidad genética con los franceses que con los españoles”. No, no hay choque emocional ni fractura social entre nosotros los catalanes, pues para el nacionalismo hoy hegemónico unos catalanes son más que otros, y estos sobran.


Está probado que el MHP Torra carece de vergüenza para muchas cosas, una de ellas escribir hasta 42 veces en un libro de 240 páginas que cada año España roba a Cataluña 16.000 millones de euros. Aquí no hay quien viva con esta inmunda corrupción moral.


Leo ahora que la Corporación Catalana de Mitjans Audiovisuals tiene más de 2.000 empleados y un presupuesto de 307 millones de euros. En 2017 recaudó en publicidad 56,7 millones de euros (en 2008 fue más del doble). La Generalitat paga la diferencia. Por su parte, Antena 3 ingresa 1.021 millones de euros y tiene un beneficio de 129,2 millones de euros, sin embargo el gasto en el personal de TV3 es superior al de A3. No es la teva sino la seva. Son datos que recojo del libro ‘Salvar Cataluña’ (Estudio Ediciones), de Ibai Noguera; un autor constitucionalista y encriptado, sin duda, por un pseudónimo.


Ante la deriva sin control desatada en octubre de 2017, Noguera discurre una reacción catalana para defender derechos e intereses usurpados por los nacionalistas al resto de ciudadanos catalanes. Intervienen hackers (los hay de sombrero blanco, negro, gris y dorado) y se organizan ingeniosas performances. El asunto es romper con decisión los marcos mentales impuestos tras años de continuo machaque y desactivar las palabras claves que controlan los cerebros; las contraseñas con que se fanatiza e impide pensar.


Hay que salir del léxico vigente y tóxico, para pensar fuera del dictado; por ejemplo, la distancia que va de hablar de ‘Cataluña y resto de España’ o de ‘Cataluña y España’ (esta forma las asume como realidades distintas y no integradas).


En una segunda parte, el libro expone un ‘informe Gerard’ que acierta en centrarse en los hechos y en la razón. Y en potenciar la integración, la decencia, la solidaridad, la libertad, la igualdad, la fraternidad. Para combatir con acierto las artimañas del adversario hay que reconocerlas primero. Así, los separatistas presentan su envite particular como ‘demócratas contra franquistas’, pero tal como sostiene Gerard “la mayoría de los más viejos de sus filas no movieron ni un dedo contra el régimen de Franco”.


Los 11 principios de Goebbels, emulados por los procesistas, son objeto de análisis en el informe. Así, la tendencia a simplificar y presentar un enemigo único; cargar los errores propios al adversario y desviar la atención; exagerar y distorsionar: “Elevar cualquier suceso, por insignificante que sea, a la categoría de amenaza gravísima”. O vulgarizar, por ejemplo: España= toros= atraso= corrupción= dictadura= Turquía. Prejuicios renovados, simples y repetidos hasta la saciedad. Siempre de modo verosímil, cuidando que la mentira incluya algo de verdad y salga un relato desfigurado y sesgado. Callar cuando convenga y vincular odios y prejuicios pretéritos con la situación actual. Y, por supuesto, exclusividad: ellos, los buenos, son el pueblo.


Una inteligente aproximación, pues, para desmontar un tinglado armado a ciencia y conciencia, y que nos conduce a los catalanes a una fatal decadencia. Espero con interés nuevas entregas de Gerard. 

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