“Mortadelo y Filemón”, dos clásicos del “cómic” (antes tebeos)

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En una época en la que no había móviles, ni demás artefactos electrónicos y la televisión acababa de llegar y era todavía en blanco y negro, los niños nos entreteníamos con el cine de los domingos y los tebeos. Estos últimos tuvieron un extraordinario desarrollo en la España de la posguerra y dieron lugar a auténticos imperios editoriales especializados, el mayor de todos, la Editorial Bruguera. De ella salieron numeras publicaciones y en ellas surgieron muchos personajes, obra de dibujantes y guionistas que marcaron todo un estilo gráfico e incluso un verdadero lenguaje literario. Más aún, ejercieron subliminalmente, en un tiempo en que el ejercicio del disenso estaba mal visto por las autoridades, una función crítica que no es difícil advertir bajo la superficie de la comicidad.


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Aquellas editoriales, con sus publicaciones y personajes fueron desapareciendo por ley de vida y el mercado de la historieta gráfica resultó progresivamente copado por producciones extranjeras. Pero hubo algunas excepciones, la más notable de todas la de Mortadelo y Filemón, una pareja de detectives pertenecientes a la T.I.A (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) que respondía a un canon no por conocido, menos exitoso e intemporal: el del listo y el tonto, el clown y el augusto. Ibáñez concibió unos personajes aparentemente normales pero dedicados a las más estrambóticas investigaciones, en cuyo desarrollo sufren toda suerte de contratiempos, incidencias y trapisondas que les llevan a situaciones aparentemente irresolubles, pero que superan siempre gracias a las artimañas de Mortadelo, la más destacada de todas su increíble y surrealista fregolismo. No hay en las historietas de estos dos personajes lógica alguna, ni falta que hace. Sólo situaciones desopilantes creadas por el autor para provocar la sonrisa, la risa y en ocasiones la carcajada, todo ello sobre la base de un dibujo limpio y claro y unos diálogos cortos, fácilmente legibles, generosos en interjecciones, pero jamás malsonantes (cuando hay que expresar malestar, los personajes lo expresarán con un indignado “¡Rayos!”)


Del acierto del trabajo del dibujante es buena muestra la longevidad de estas historietas que se han mostrado capaces de divertir a tres o cuatro generaciones sucesivas. La Editorial Bruguera, ahora en la órbita de Penguin Random House, lanza una nueva colección titulada “Esenciales F. Ibáñez” cuyos dos tomos iniciales son, por una parte, “El sulfato atómico”, la primera historieta protagonizada por la pareja de detectives y que apareció en 1969, en la que éstos comparten protagonismo con un tercer personaje de este mismo autor, el profesor Bacterio. Una visión satírica del mundo de los investigadores e incluso una burla nada oculta de los regímenes autoritarios (el de “Tiranía” que se proclama defensor de la “amistad y confraternidad entre los pueblos”, pero que fabrica armas peligrosas). Por otra, “Chapeau el «esmirriau», sexta historieta de la serie, en el que se relata la persecución, siempre fallida, de un caco hábil y huidizo que usa sombrero hongo. Dos divertidas historietas que inician con buen pie esta revisión del trabajo de Ibáñez hecha por el propio autor.


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