Mandalay, Myanmar (Birmania), sudoeste asiático.

Myanmar: a la cabeza en número de monjes, años de guerra y producción de opio

José Luis Meneses

¿Myanmar o Birmania? A diferencia de otros países, no me queda más remedio que hacer una aclaración sobre el nombre. El oficial es Myanmar desde 1989, refrendado por la Constitución de 2008 y reconocido por la ONU; Birmania, es el nombre utilizado por los colonialistas británicos hasta que el país se independizó en 1948 y, guste o no guste, así se llama: Myanmar. Es, como si al nuestro le llamasen Hispania porque allá por el siglo III a.C. fue una colonia del Imperio Romano. Si original es que para un país se usen dos nombres, destacable son algunos hechos que han dado lugar al título de este artículo: Myanmar, se sitúa en cabeza en cuanto a número de monjes, más de quinientos mil; también en años de guerra civil, setenta y cuatro; y, por si no fuera suficiente, en producción de opio y otras mantingalas diabólicas. Todo ello en un entorno en el que cohabitan 135 etnias, siendo la más numerosa la bamar con casi un 70% de la población. A diferencia del Ngorongoro, en donde conviven humanos y todo tipo de animales en paz y en armonía, como vimos en el artículo anterior, en Myanmar y en otros países el virus del poder y del dinero es tan maligno que, desde hace años, estropea el modesto estofado que para sobrevivir suele cocinar el pueblo.


1. Myanmar (1)

Myanmar, sudoeste asiático. Figura: J. L. Meneses


Myanmar es, junto a Afganistán, uno de los principales productores de opio y de cannabis. Las drogas han sido y sigue siendo, además de una importante fuente de ingresos para productores y traficantes, una ayuda para sufragar los gastos producidos por los conflictos armados con las etnias del norte y del estado de Rakáin, al oeste de Myanmar. Aunque en la actualidad el cultivo se ha reducido en la zona del Triángulo de Oro (frontera entre Myanmar, Laos y Tailandia), debido al incremento de ingresos por turismo y por las plantaciones de té y café, no debemos ser ilusos porque la producción tanto de opio como de cannabis y la de metanfetaminas no va a desaparecer hasta que los señores de la guerra y de la droga cambien de oficio. Allá ellos, porque San Mateo (Mt 19/24) se lo deja claro: «Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos» Sin querer contradecir a San Mateo, Dios me perdone, veo demasiado psicópata al “camello” para dejarse de agujas y demasiado maléfico el rico para que le gane el camello.


2. Ju00f3venes monjes budistas (1)

Monjes adolescentes en Mandalay. Fotografía: J.L. Meneses


A pesar de estar en guerra civil desde el año 1947, es posible viajar a Myanmar sin correr peligro, siempre y cuando no te acerques a zonas de conflictos y no te signifiques en contra de un ejército que lleva gobernando de facto el país desde 1962 y, por narices, después del golpe de estado del pasado mes de febrero tras perder las elecciones. Myanmar es un país multiétnico, multilingüe y donde se practican diferentes religiones, aunque la más numerosa es la budista con un porcentaje altísimo de la población. Como otras religiones, esta nos enseña que al estado de nirvana o de iluminación se puede llegar sin consumo de alucinógenos, mediante la meditación, tal como enseñó Buda. Es esa cultura y mi afición patológica por viajar la que motivó mi visita a Myanmar. En este artículo me centraré en la ciudad Mandaly, antigua capital de Myanmar y dejaré para otra ocasión otros lugares de este país que te deja por un lado con la boca abierta y por otro, te la cierra, como le ha pasado a la Nobel de la Paz y presidenta depuesta Aung San Suu Kyi.


Llegué a Mandalay, antigua capital de Myanmar (en la actualidad es Naipyidó la capital), con un vuelo procedente de Guilin, al sur de China, después de hacer escala el en aeropuerto internacional de Bangkok. Skyscanner es una buena aplicación para buscar vuelos económicos o super económicos, aunque has de disponer de flexibilidad en cuanto a la fecha de partida y la duración del vuelo a causa de las escalas. En el centro de la ciudad hay albergues, como el Downtown@Manalay donde me alojé, en los que puedes encontrar una cama por diez euros. Moverte por la ciudad es fácil y callejear lo más recomendable para familiarizarte con el lugar, mezclarte con sus habitantes, y conocer sus quehaceres cotidianos. No tardas en darte cuenta de que su cultura se mezcla con otras culturas como la china, la tailandesa o de la india. Se constata en cada esquina: en su ropa, como el sarong o falda, una pieza de tela que se anuda a la cintura tanto en hombres como en mujeres; en la comida, con el omnipresente arroz, fideos o sopa ácida y todo ello servido en cuencos y acompañado de paratha, un pan plano típico relleno de verduras; o en otras actividades como la música, el teatro, la talla de piedra y madera…, y también coincide con los países mencionados en la práctica del budismo.


3. Ceremonia iniciaciu00f3n (1)

Ceremonia de iniciación de los niños al budismo. Fotografía: J. L. Meneses


Una vez familiarizado con la ciudad, que seguro va a llenarte de sorpresas, llega el momento de visitar aquellos lugares que, por activa o por pasiva, han anidado en tu cerebro y provocado las ganas de viajar y de conocerlos. Desplazarse por la ciudad es sencillo, lo puedes hacer con los richshaw o tuk-tuk por un coste que puede oscilar entre los 2000 y 4000 kyats (1,16 y 2,30 euros); con camionetas colectivas o también, puedes alquilar una motocicleta por unos 8000 kyats al día (unos 5 euros), para mí la mejor opción, y recorrer toda la ciudad y alrededores a tu libre albedrio. Resuelto el medio ya solo queda escoger el lugar, siempre numerosísimos, algunos de ellos aparecen en el video que adjunto. Para empezar, una vista panorámica de la ciudad es una buena opción. El lugar idóneo es Mandalay Hill, como el Tibidabo barcelonés, una colina de unos doscientos cincuenta metros de altitud desde la que dicen que Buda profetizó que a los pies de la montaña se construiría una gran ciudad, la que hoy lleva su nombre: Mandalay. Al atardecer, la puesta de sol pinta de plata la superficie del rio Ayeyarwady, de oro cálido la pagoda de Su Taung Pyae y hace resaltar el rojo carruaje o el amarillo azafrán de las kasayas de los monjes, principalmente jóvenes, que acuden a tertuliar y a regalarte una amistosa sonrisa.


4. Mandalay Hill (1)

Mandalay Hill. Pagoda de Su Taung Pyae. Fotografía: J. L. Meneses


Con la visita al Palacio Real de Mandalay, te harás una idea de cómo vivían los reyes por aquellos reinos: “ni bien ni mal, sino todo lo contrario”. Inteligente frase del expresidente de México, Luis Echevarría, que deja patidifuso, pasmado, obnubilado a cualquiera. Mejor eso, que lanzarse a la yugular como suelen hacer los “clarividentes” ahora. Dicho esto, el Palacio Real fue fundado por el rey Mindon Min (1853-1878), se encontraba en la antigua capital que era Amarapura, a unos diez kilómetros, y fue desmontado y trasladado a Mandaly cuando esta se convirtió en la capital de Myanmar. El palacio, de unos cuatro kilómetros cuadrados está rodeado por una alta muralla con doce puertas, una por cada signo del zodiaco, y un ancho y profundo foso que aísla y protege el recinto. Aunque de poco sirvieron las murallas y el foso cuando los británicos invadieron en 1885 la ciudad y acabaron con la dinastía Konbaung, los últimos reyes de Myanmar. Bueno, ya sabemos que los británicos son muy suyos, su tierra, su lengua, su longeva monarquía… y lo de los demás, lo cogen, lo usan y lo dejan, no sin antes llevarse todo lo que pueden y después abandonar el resto a su suerte. No me refiero a todos los británicos, sino a ninguno o a todo lo contrario.


5. Palacio de Mandalay (1)

Palacio de Mandalay. Fotografía: J. L. Meneses


Al sur de la ciudad se encuentra uno de los lugares destacados de Mandalay, la Pagoda de Mahanumi, importante para todo el budismo ya que según la leyenda fue consagrada por Buda en su visita al reino de Arakan. Fue construida por el rey Bodawpaya, tiene unos cuatro metros de altura y está recubierta con láminas de oro. Todas las mañanas, un monje lleva a cabo la litúrgica del lavado de la imagen, dientes incluidos, y la rocía con agua de rosas. Otra pagoda importante es la de Kuthodaw, la que contiene el libro más grande del mundo, de enseñanzas budistas, escrito sobre losas de mármol y distribuido en el mismo recinto en más de setecientos santuarios. Esta pagoda, también fue construida por el rey Mindon Min después de fundar Mandalay. No puedo dejar de nombrar otros templos importantes como el Monasterio Shwenandaw, de madera de teca; la de Umin Thonze, con sus cuarenta y cinco imágenes de Buda y son solo son una muestra de las que hay en Mandalay y en el resto de Myanmar. Solo en la localidad de Bagan, a la que llegué caminando sobre las aguas del majestuoso rio Ayeyarwady, hay más de cuatro mil templos budistas y, si Dios quiere y el tiempo lo permite, escribiré algún día sobre ello.


6. Pagoda Kuthodaw (1)

Pagoda de Kuthodaw. Fotografía: J. L. Meneses


Cerca de Mandalay, en Amarapura, está el puente de madera de teca más largo y viejo del mundo llamado U Being. Un paseo de algo más de un kilómetro te permite recorrerlo de punta a punta y no te hace falta carnet de patrón de embarcaciones menores para disfrutar de los coloridos atardeceres, mientras te desplazas con un pequeño bote de alquiler sobre el lago Taungthaman. También, en las proximidades, cruzando el rio Ayeyarwady puedes llegar a la localidad de Sagaing conocida, además de por su colina y su pagoda Soon Oo Pon Nya Shin, por su importante actividad budista tanto en los numerosos monasterios que acogen a miles de monjes, como la que se lleva a cabo en las escuelas monásticas, en las que se da una educación de mayor calidad que en las escuelas dirigidas por el gobierno. Formar a los hijos en las escuelas monásticas y celebrar la ceremonia de iniciación al budismo, shinpyu, es un motivo de satisfacción para los padres. Muchos de esos niños vuelven a los monasterios con el tiempo y es un prestigio para la familia tener un hijo monje o monja. Actualmente los monjes budistas son la autoridad moral en Myanmar, son el tercer poder junto al militar y el gobierno, y sus movilizaciones son muy numerosas y han conseguido logros importantes, aunque también ha costado la vida a muchos de ellos. 


7. Puente U Bein, Mandalay (1)

Monjes budistas cruzando el puente de U Being. Fotografía: J. L. Meneses


En Myanmar, no para la guerra desde 1947 y los recientes acontecimientos no hacen pensar que las cosas vayan a mejorar a corto plazo. Las persecuciones étnicas están a la orden del día, así como los asesinatos, detenciones, violaciones en diferentes partes del país. El golpe de estado militar, la detención de la presidenta y la muerte de la joven de tan solo veinte años, Mya Thwe Thwe Khaing esta semana pasada, han empeorado la situación y han extendido las protestas por varias ciudades. Es de ilusos pensar que los rezos de quinientos mil monjes o que la muerte de Mya sea el principio del fin de un calvario auspiciado y sostenido por la intolerancia de políticos, de militares, y por todos aquellos que se dedican a la producción, tráfico y consumo de estupefacientes. Todos ellos, son corresponsables de la muerte de Mya y de otros muchos de nuestros semejantes en Myanmar y en otras partes del mundo. Monumental hipocresía cuando miran hacia otro lado o se manifiestan, parapetados tras coloridas pancartas contra la muerte o la muerte en vida de seres inocentes, mientras levantan el dedo corazón hacia todos los que no comulgan con ellos. Dicho esto, hay que tener la esperanza de que las cosas cambien, que vayan a mejor, porque, como dijo Buda Gautama, «Un momento puede cambiar un día, un día puede cambiar una vida y una vida puede cambiar el mundo».



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