Una vez más, las personas somos conejillos de indias

Carmen P. Flores

Lo dije hace ya unas cuantas semanas cuando fui a vacunarme de la primera dosis de la vacuna y me dijeron que me tocaba por decisión de las “autoridades sanitarias”, que no la mía, la de Astrazeneca. En ese momento mostré mi preocupación por si la segunda dosis sería de la misma farmacéutica. Me afirmaron que sí y que había las suficientes dosis. Me fui con la duda, y con casi el convencimiento de que no sería así. Ahora las autoridades sanitarias dicen que la segunda dosis será de Pfizer y si se quiere que sea AstraZeneca, será necesario firmar un documento con el consentimiento. ¿Por qué debemos firmar un documento, si cuando nos pusieron la primera ya se disponían de datos como para no administrarla? Si no se firmó en la primera dosis, tampoco se debe firmar en la segunda.


Archivo - La vacuna contra el coronavirus en Euskadi

Vacuna Covid-19 @ep


Lo que está ocurriendo con las vacunas es sencillamente que los ciudadanos somos conejillos de indias que tenemos que aceptar lo que nos ofrece y si no, pues no nos vacunamos. Así de sencillo. Lo que no explican es que, aunque las personas se pongan la segunda dosis de Astrazeneca y hayan firmado el documento, si algo va mal pueden reclamar a la justicia.


Dicen un refrán popular que “los experimentos, con gaseosa” y hay quien añade, en casa. Que las personas acaten, por responsabilidad o miedo todo lo que nos pongan por delante no significa estar de acuerdo, aunque lo digan las autoridades políticas o sanitarias porque interesa que sea así.


Hay comunidades autónomas que no van a seguir las directrices del gobierno -- que dicen basarse en “autoridades sanitarias” para que la segunda dosis sea de Pfizer-- sino que les dan a elegir a los afectados. En los pocos días que se lleva suministrando la segunda dosis, las personas, mayoritariamente, se están inclinando por que sea la misma que la primera, es decir, Astrazeneca.


No están haciendo caso a las indicaciones y prevalece el derecho a elegir libremente, porque al final, después de la que está cayendo, uno es libre de elegir la opción que le transmita más credibilidad, aunque sea equivocada. La libertad individual nunca debe ser quebrantada, estamos en  un Estado de Derecho  y hay cosas en las que no se pueden ni deben delegar, aunque sea el gobierno de España, la comunidad, o la OMS. Al final, como dice Paulo Coelho, “la libertad no es la ausencia de compromisos, sino la capacidad de escoger lo que es mejor para ti”. Pues dadas las circunstancias y con la preocupación que hay, lo mejor es equivocarse uno mismo pese a que siempre las personas, en casi todo, somos conejillos de indias.

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