“Spiculus”: una novela sobre la vida y los combates de gladiadores en la Roma de Nerón

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Aunque los genocidios habidos en el siglo XX inducen muy seriamente a dudarlo, parece que, pese a todo, hemos ido poco a poco avanzando en nuestros sentimientos humanitarios. En nuestro tiempo, pese a que subsisten muchos atentados a los derechos humanos en diferentes áreas del planeta, preocupa, con razón, una cuestión antaño extraña cual es la del maltrato animal, más aún cuando se produce con un objetivo de mero espectáculo (corridas de toros, peleas de gallos, etc.) Hace veinte siglos, en la Roma imperial, eran los hombres los que luchaban a muerte entre sí o contra las fieras para entretener al pueblo en los famosos combates de gladiadores que hemos visto inmortalizados en numerosas películas.


Apiculus


Juan Tranche acredita en “Spiculus” (Suma de Letras/Penguin) su excelente conocimiento de aquella etapa histórica y, muy concretamente, el ambiente, las formas de vida y la metodología de los combates y las armas y pertrechos utilizados en los mismos. Con estas herramientas ha escrito una novela en la que dos amigos de infancia, el noble Lucio, hijo del patricio Publio Valerio, y el esclavo Ronet, propiedad de aquella familia, pasan de ser compañeros de juegos y cómplices de travesuras durante su infancia a enemigos acérrimos, entre otras razones a causa de la común atracción por una esclava adolescente, Nailah. Únese a ello la vocación enfermiza del primero por las artes de combate propias de los gladiadores, oficio calificado como infame e impropio de quien posee la ciudadanía romana, que le permite -renunciando a esa condición- convertirse en el gladiador Spiculus con lo que, por otra parte, logrará independizarse de su destino de continuador obligado del poco apasionante negocio familiar de productor de vinos.


Todo ello lo engarza el autor con la peripecia política de Roma durante el reinado del descerebrado Nerón, con su locura por ser admirado como músico y poeta, su patología sexual y la vesania con la que ejecuta por mero capricho o celos no solo a muchos de sus colaboradores, sino a su propia madre y a su segunda mujer, Popea. Ficción y realidad se entremezclan muy hábilmente de modo que el personaje central, el gladiador Spiculos, acaba viéndose integrado en la propia corte imperial y enredado en sus problemas.


Con independencia de las descripciones de los diferentes tipos de combate, excelentemente desarrolladas, la contextualización del relato es fiel a los datos históricos, incluyendo hechos como el primer terremoto de Pompeya -ciudad de la que son originarios los dos protagonistas- o el incendio de Roma y subsiguiente culpabilización de los cristianos. Por otra parte, resultan muy creíbles las descripciones de la vida en una familia patricia, las orgías neronianas, el ambiente de los barrios bajos y las tabernas de Roma y Pompeya, la explotación de las minas de azufre del Vesubio, o el culto a los muertos, lo que hace de “Spiculus” una excelente novela de aventuras a la vez que un buen retablo de vida de Roma en las primeras décadas del imperio.

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