lunes, 27 de septiembre de 2021

La mesa de diálogo llega este miércoles: un paseo para Sánchez frente a un independentismo dividido

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Este martes, 24 horas antes de que se produzca la segunda reunión de la mesa de diálogo y primera para este Govern, la poca unidad que quedaba en el independentismo catalán ha saltado por los aires y seguramente, esta sea aprovechada por los socialistas para empezar la negociación con una posición de mayor fortaleza. 


La mesa bilateral se presenta como una partida de ajedrez, donde ambos gobiernos deberán exponer sus reclamaciones y finalmente, confeccionar un relato que convenza a los dos lados para conseguir el objetivo final: desenmarañar el conflicto catalán que ya dura más de una década


En esta partida, los dos ejecutivos tendrán que renunciar a parte de sus ideas y comprar las del otro, tendrán que ceder para poder recibir algo a cambio y, sobre todo, tendrán que saber jugar sus cartas para vender a la opinión pública que han ganado la negociación, aunque todos pierdan - o todo lo contrario-.


Archivo - El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d); y el president de la Generalitat de Catalunya, Pere Aragonès, durante una reunión en el Palacio de la Moncloa, a 29 de junio de 2021, en Madrid (España). Ambos mandatarios se reúnen hoy por primera

Pere Aragonès con Pedro Sánchez @ep


En esta particular batalla, Pedro Sánchez está moviendo las piezas al unísono. Y en el otro lado tenemos a Catalunya, donde los republicanos  capitaneados por Pere Aragonès deciden mover un alfil, y los postconvergentes mueven un peón, y así en cada jugada. La motivación de Junts no es ganar la partida con sus ideas, sinó hacerla injugable, y por ello tomarán siempre decisiones inconexas, contrarias a su socio de Govern, y sin ninguna finalidad más que enterrar para siempre la vía del diálogo. Porque ya se sabe que los de Puigdemont no se mueven demasiado bien en el acuerdo. 


Y por ello, este martes han dejado a Aragonès con los pantalones bajados. Ambos ejecutivos aceptaron una negociación "entre gobiernos", y los republicanos han sido sumamente cuidadosos no convocando a su máximo líder, Oriol Junqueras, para respetar los términos de la mesa desde un inicio. Pero los de JxCat no están por esas  y han decidido proponer cuatro nombres de los cuales solo uno pertenece al actual Ejecutivo catalán. Una piedrecita que los de Puigdemont han decidido poner para hacer fracasar el diálogo antes de que empiece sabiendo que solo podían proponer a miembros suyos que pertenezcan al Govern. 


Aragonès, respetando los términos en que se convocó la mesa, ha rechazado las propuestas de su socio e irá solamente acompañado por dos miembros de su partido: Laura Vilagrà y Roger Torrent, que sí pertenecen al actual Ejecutivo catalán. Los tres republicanos irán a la mesa de diálogo sin la suficiente legitimidad para pedir nada, porque representan a un Govern amputado, en minoría y sin consenso, con poco margen para convencer a un Sánchez fuerte que se se sienta con todo su Gobierno detrás, incluidos los morados. 


Los socialistas perderán muy poco a corto plazo si la mesa de diálogo fracasa porque el independentismo se descompone, y siempre podrán decir que le tendieron la mano a un enemigo que no se aclaraba. Quienes sí pueden salir escaldados de esta son los republicanos, que hicieron mover al independentismo hacia la renuncia de la unilateralidad para avanzar a través del pacto. Y si no se consigue nada, quedarán deslegetimados para seguir llevando el timón del soberanismo en Catalunya. 


Los que también pueden sacar un beneficio claro enterrando el proyecto pactista de ERC son los de Junts, que siempre se crecen en la confrontación. Por ello, es previsible que sigan llevando a cabo acciones para acabar con cualquier opción de reconciliación entre catalanes pero haciendo ver que los malos son los contrarios.


Y que vigilen en el PSOE, porque seguir alimentando el conflicto catalán y tener en frente al independentismo unilateral de Junts podría ser el reclamo perfecto para que en el resto de España se vuelva a apostar por una derecha que "castigue" a los sediciosos. Cuando lo único que importa es quién tiene la bandera más grande, el PP sabe levantarla mucho más rápido, y los populistas de Vox nunca la han bajado. 


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