Las sinfonías de Vicente Baset en el Madrid dieciochesco

Pablo Rodríguez Canfranc

Baset

@Baset


Vicente Baset fue un compositor e intérprete valenciano que desarrolló gran parte de su carrera en el Madrid de mediados del siglo XVIII, una ciudad que mostraba entonces una gran efervescencia musical con el florecimiento de los teatros municipales y la progresiva profesionalización de los instrumentistas, que dejaban de ser itinerantes para pasar a incorporarse como personal fijo de las compañías. Este disco que presenta Forma Antiqua -el conjunto formado por los hermanos Zapico- lleva el nombre de Baset, y recoge las once sinfonías que compuso. La iniciativa, una empresa sin duda ambiciosa, ha podido ser llevada a cabo gracias a una beca “Leonardo” para Investigadores y Creadores Culturales de la Fundación BBVA.


Desde 2016, el director Aarón Zapico trabaja en directo este repertorio, y lo ha sometido a distintos contextos, desde la interpretación con una formación minimalista hasta ponerlo en manos de una orquesta sinfónica. La obra de Vicente Baset enfrenta con éxito todos los planteamientos y montajes, de forma que en 2019 pone en marcha la grabación, con el fin de sacar a la luz y difundir la riqueza de estas partituras, que, en sus propias palabras, “saben a Nebra y Domenico Scarlatti pero también a Telemann o Vivaldi”.


No se conocen excesivos detalles de la vida del compositor, pero prueba de la destreza que llega a desarrollar es que a mediados de siglo forma parte de la élite de músicos que constituía la orquesta del Real Coliseo del Buen Retiro. A finales de la década de los cincuenta entra a formar parte de la compañía de María Hidalgo como primer violín, donde probablemente acabó su carrera.


Vicente Baset vivió en una villa y corte con una vida musical muy intensa, hasta el punto que Aarón Zapico ha llegado a comparar la época en torno a 1750 con el ya mítico Madrid de la Movida de los años 80. Y era también el escenario de la expansión y evolución de la música para violín -o que incluía a este instrumento-, tanto en el marco de la Iglesia, como en la cámara, el teatro y la danza. Ana Lombardía, en su tesis Violin music in the mid-18th century Madrid: contexts, genres, style, plantea cómo a partir de 1740, a las figuras de violín de capilla, violín de baile y violín escénico, se le suman el violín de cámara y el maestro de violín. Poco a poco, el intérprete del instrumento va ampliando los ámbitos en los que participa, y, de hecho, desde comienzos de la década de los años 1750, el violín abandona la exclusividad aristocrática y comienza a popularizarse entre las clases medias, como demuestra el tratado de autoaprendizaje de Pablo MInguet, publicado en 1752.


Las piezas grabadas en este CD un fiel ejemplo del tipo de composiciones de la España de ese momento. Aarón Zapico destaca la influencia de la experiencia de Baset como músico de escena que se detecta en las sinfonías, que, a pesar de mantener una estructura formal alternando movimientos rápidos y lentos, presentan rasgos muy teatrales, como “la innegable habilidad de condensar en pocos compases una sólida idea perfectamente desarrollada rítmica y melódicamente” o “una capacidad perenne para el giro inesperado”.


Se trata de piezas que mantienen intacta su frescura y capacidad para provocar un abanico de sensaciones, que poco tienen que envidiar a las creaciones de los grandes nombres extranjeros que operaban en aquel Madrid dieciochesco.




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