martes, 26 de octubre de 2021

“Antes de que nos olviden”, una novela “barcelonesa” de Sergi Doria

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No sólo hay géneros literarios, sino también subgéneros o géneros especializados. Por ejemplo, existe uno que yo denominaría “narrativa barcelonesa” porque tiene como eje central de su desarrollo argumental la ciudad condal. Cuenta con cultivadores eximios que van de Eduardo Mendoza a Juan Marsé y entre los que se incluye también Sergi Doria. Periodista y profesor universitario es, a la vez, autor de una estimable obra literaria en la que acredita su querencia por la ciudad que le vio nacer, tal como demuestra de nuevo en “Antes de que nos olviden” (Destino).


Libros. Antes de que nos olviden

Antes de que nos olviden /@Destino


Doria sabe ensamblar con maestría hechos históricos verdaderos y personajes reales con otros imaginarios e incluso con algunos a los que, habiendo existido, bautiza de nuevo y reviste de un aura que los desfigura superficialmente. Aunque en muchos casos sean reconocibles sin problema, como cuando escribe de un tal Sampons, de quien dice que fue exitoso fotógrafo de la transición; de la travestí Bebé, de turbadora figura femenina, pero que finalizaba sus shows exhibiendo unos rotundos atributos masculinos; o del gerente de la Gran Enciclopedia Catalana, un tal Alex Baher ¿les suena? Y, en fin, el que se haya interesado por la historia de nuestra última guerra civil adivinará que el siniestro personaje que en la novela responde al apellido de Alphonse Teufel -es el padre del protagonista- está inspirado en aquel tenebroso músico llamado Alfonso Laurencic al que la contienda convirtió en eficaz diseñador de celdas de tortura y administrador de checas.


El autor parte en esta novela del episodio de la voladura -¿accidental?- en el puerto de Barcelona del paquebote Express, que iba cargado de armas con las que Martínez Campos pensaba reducir a los intrépidos carlistas de Seo de Urgel al mando de Savalls, y lo engarza con el descubrimiento de ciertos documentos que revelarían un siglo más tarde los pormenores de aquella tragedia. Todo ello se desarrolla en una trama laberíntica en la que no todos los personajes son lo que dicen ser o llevar el apellido que en realidad les correspondería.


La novela se lee con agrado y añadiría que con entusiasmo y complicidad si el lector es barcelonés, porque se siente copartícipe de los paisajes y ambientes que se describen. El funcionamiento de IFISA, la “fábrica” de películas de bajo coste y fugaz amortización de Ignacio Iquino, la deriva del prolífico director que pasó de firmar “El Judas” a hacer películas del oeste o de destape, la forma en que se rodaban éstas, con chicas de discoteca -no todas, también salen en la novela Nadiuska y Emma Cohen-, todo ello bajo el severo control económico de madame Iquino. O la trágica demolición de editoriales cargadas de historia, como fue el caso de Montaner y Simón, y la eclosión de semanarios oportunistas al mando de argentinos advenidos que mezclaban en sus páginas denuncias demoledoras con turbadoras señoritas ligeras -o carentes- de ropa. Un tiempo que hoy parece increíble, pero que fue muy real y que Sergi Doria describe con agilidad, buen humor, excelente estilo y, por qué no decirlo, también con un subyacente, pero perceptible, sentido crítico. 

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