martes, 26 de octubre de 2021

Quién debe dimitir en RTVE

Pablo-Ignacio de Dalmases
Periodista y escritor

Cuando los medios informativos en vez de hacer de mensajeros de las noticias se convierten ellos mismos en sujetos del mensaje es que porque hay algo que no funciona. Nos referimos a la noticia de la dimisión presentada por los responsables de información internacional de RTVE Juan Tato, Guillaume Bontoux y Sylvia Fernández de Bobadilla como protesta contra el veto impuesto a un equipo de RTVE para que aceptase la invitación formulada por el Frente Polisario a diversos medios informativos internacionales con el fin de que se desplazasen a los campamentos de refugiados saharauis.


El presidente de la Corporación RTVE,  José Manuel Pérez Tornero, durante su comparecencia en el Senado la semana pasada.

 José Manuel Pérez Tornero - @EP


Las razones aducidas -“el momento es delicado”, es una invitación “de parte”, “escasez de recursos humanos”- son sencillamente esperpénticas. Ciertamente del ridículo en que se ha incurrido no es culpable quien ha estado obligado a asumirlo, el jefe de informativos, Esteve Crespo, que se ha limitado a ejercer de correveidile de quien tomó la decisión. Innecesario es decir que todo ello ha producido general estupefacción, el rechazo de los comités de informativos y asociaciones profesionales y nos imaginamos que la carcajada de los representantes de los otros medios internacionales que sí han aceptado la invitación “de parte” -casi todas lo son- por la sencilla razón de que la ocasión la merecía. ¿O es que acaso RTVE no se ha enterado de ahora mismo hay una guerra caliente en el Sáhara Occidental como consecuencia un problema generado por España hace 46 años?


Lo más lamentable es que esta decisión viene después de haberse renovado el consejo de administración, proceso que, por lo visto, sirvió para bien poco, porque se tardó más de dos años en llevarlo a cabo y al final se impuso no el criterio con que fueron clasificados por un comité de expertos el centenar de candidatos que se habían presentado, sino la decisión de los partidos que se repartieron el pastel. De ahí salió el nuevo presidente, el profesor Pérez Tornero. Pues bien, ni del consejo de administración, supuestamente independiente, ni del director general, hemos tenido noticia alguna sobre este bochornoso suceso, salvo la de su ominoso silencio.


Parece evidente que tras esta decisión se esconde la tradicional cobardía política del gobierno español, que tiene más miedo del gobierno marroquí y de los desplantes de su rey-comendador de los creyentes que del paro, la pandemia y todos los volcanes que puedan escupir lava. Para volcán, el de Marruecos, capaz de organizar nuevas marchas verdes, aunque sean de niños que huyen a nado de la pobreza, e incapaz de asumir lo que todo el mundo sabe: que el Sáhara Occidental sigue siendo, mal que le pese, un territorio no autónomo que ocupa ilegalmente y está pendiente descolonización. ¡Ah! Y cuya potencia administradora “de iure” -o sea, al menos teóricamente- ¡sigue siendo España!


Permítasenos expresar nuestra admiración por la valerosa y digna actitud de nuestros compañeros dimitidos. Y la tajante conclusión de que no eran ellos quienes tenían que haberlo hecho, sino el director general, don José Manuel Pérez Tornero. ¡Qué magnífica ocasión ha perdido el profesor de demostrar la independencia con que presumíamos que había de ejercer su cargo!

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