domingo, 5 de diciembre de 2021

En un plis plas no se borran los 50 años de ETA

Carmen P. Flores

Este 20 de octubre se cumplía 10 años del día en que la banda terrorista ETA anunciaba en un comunicado el cese definitivo de la violencia, Lo hacía sin pedir perdón a las víctimas. Los terroristas dejaban de matar después de 50 años haciendo, que se dice pronto.


ARNALDO OTEGUI

Arnaldo Otegui @ep


Desde el 7 de junio de 1968 en que la banda terroristas mataba al guardia civil José Antonio Pardines, en Villabona (Guipúzcoa) hasta el 20 de octubre del 2011 , ETA había realizado 3.500 atentados,y dejado 864 muertos ,7.000 víctimas: políticos, militares, jueces, guardias civiles, policías locales y sobre todo civiles, unos 343. Los terroristas mataron a 206 guardias civiles, 149 policías nacionales, 86 militares, 32 políticos,-sobre todo militantes del PP y del PSOE-, 24 policías municipales, 13 ertzainas, 10 profesionales de la administración de justicia y a un mosso d’Esquadra. Es decir, que toda la sociedad ha sido objeto de su violencia. Una etapa demasiado sangrienta y dolorosa para una España en constante amenaza. Escribía Umberto Eco que “el fin del terrorismo no es solamente matar ciegamente, sino lanzar un mensaje para desestabilizar al enemigo”.


El comunicado de ETA fue una buena noticia para todos. Se abrían tiempos nuevos con la certeza de que en ningún momento podía saltar por los aires un coche, o alguien podía sentir, una sola vez en la nuca -lugar preferido por los cobardes- el frío de una pistola. Claro que había y sigue habiendo un “pequeño” problema: las víctimas y sus familias, que aun sintiéndose aliviadas de que esos asesinatos no iban a volver a sufrirlos cualquier otra persona, siguen con el dolor de las pérdidas de sus seres queridos. En los primeros años de tranquilidad se han ido produciendo extradiciones e ingresos de etarras en las distintas cárceles. Pero conforme el tiempo ha ido transcurriendo, gracias a los pactos políticos/gobierno, la situación ha ido cambiando: presos que se han acercado a las cárceles más próximas al País Vasco, y más recientemente a las cárceles vascas que, por cierto, ya las gestiona el gobierno de Urkullu. Esto ha puesto en alerta a víctimas y familiares


Se suele decir que las cosas, sobre todo las que afectan a las emociones, deben hacerse muy despacio, sin ostentación y con mucha inteligencia emocional. Todo eso ha faltado en este proceso que sigue con las heridas sin cicatrizar. Para ello es necesario aplicar un bálsamo que mitigue el dolor, no que lo reproduzca. Según el Colectivo de Víctimas del Terrorismo, en lo que va de año se han producido 146 actos de homenajes a etarras. Lo hacen coincidiendo con las fiestas patronales, con reivindicaciones a favor de ETA y sus presos.


Arnaldo Otegi, dirigente del partido abertzale Sortu, integrado en Bildu, hablaba del “pesar y dolor por el sufrimiento” de las víctimas de ETA y manifestaba que “nunca debió haberse producido”. Y se comprometía a mitigar el dolor “en la medida de nuestras posibilidades”. Pero claro, esas declaraciones, como suele suceder, han contado con partidos que las han aplaudido, como es el caso de Podemos, y otros, como el PP, han mostrado un rechazo total.


Estas afirmaciones de Otegi  realizadas por la mañana chocan con las pronunciadas ese mismo día por la tarde en un encuentro con dirigentes de su partido:"Tenemos a 200 presos en la cárcel y si para sacarlos hay que votar a favor de los Presupuestos, pues votamos. Así de alto y de claro os lo digo". Lo que se demuestra que quizás las afirmaciones matinales solo son una interpretación y las vespertinas una excusa para sus militantes o una puñalada trapera a Sánchez, que le ha obligado a declarar que los presos de ETA no saldrán de las cárceles. Pero ya se sabe que cuando se dice que no es verdad lo que se dice, al cabo de poco tiempo se comprueban que han mentido.


La polémica está abierta en un tema tan sensible y deja en el aire el giro hacia el centro mal cuadrado de Pedro Sánchez que ha querido escenificar en su 40 Congreso de entronización propia.


Lo que queda claro es que hay poca sensibilidad con las víctimas y sus familiares, más permisibilidad con los aberzales y que en un plis plas no se cierran  cincuenta años de terror, 3.500 atentados, 864 muertos y 7.000 víctimas. Tiempo hay para la reconciliación en tiempos de paz, pero no es bueno que siempre tenga más peso una parte de la balanza. Porque como decía Woody Allen: “Lo que más odio es que me pidan perdón antes de pisarme” .


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