Reaparición de Maruja Garrido en el “Desplume” de Víctor Guerrero (Antic Teatre)

|

La vida de Maruja Garrido parece un cuento de hadas que se convirtió en realidad. Llegó a Barcelona hace 58 años con su familia cuando era poco más que una adolescente y nadie entonces hubiera podido predecir que se había de convertir en una de las artistas más celebradas de la ciudad. Reinó en “Los Tarantos” de la Plaza Real con su cante y con su baile, pero actuó además en el Olympia de París, presentada por Salvador Dalí, con Aznavour y Minelli y en el Palacio de la Música con Julio Iglesias. Más aún, siendo mocita, como mandan los cánones gitanos, casó con su empresario, Juan Roselló y cuando éste falleció, recibió una buena dote. Le ha sido fiel en el recuerdo y 24 años después sigue viuda porque, dice “no necesito a ningún otro hombre”.


Teatro.Maruja Garrido y el guitarrista Carpio

Maruja Garrido y el guitarrista Carpio @Pablo-Ignacio de Dalmases


Hace tiempo que Maruja se retiró de tablaos y escenarios, pero Víctor Guerrero ha conseguido que reapareciera el menos por una noche en una de sus veladas de “Desplume” en el Antic Teatre, en la que Maruja cantó algunas de las canciones que la hicieron famosa, entre ellas “El Bardo”, acompañada a la guitarra por Carpio y el entusiasmo fue tal que consiguió levantar de su asiento a otra gitana famosa, Lita Claver “La Maña”, que había acudido a  verla y aplaudirla y quiso compartir con ella unos pasos de zapateado.


Constituyó la culminación de una nueva función del cabaré que Víctor Guerrero organiza mensualmente en el espacio escénico de la calle de Verdaguer y Callís y que en esta ocasión contó con otras actuaciones. Así la de Juan Manuel Vera, que posee una voz potente y modulada e interpretó varias canciones, una de ellas, en reivindicación del colectivo LGTBI y en homenaje a Samuel, que perdió su vida en Coruña a causa de una agresión homófoba. Vera se movió con soltura entre las mesas del público pues no en balde conserva la agilidad de su originaria profesión de bailarín. También deleitó al respetable María Muñoz, que ofreció algunas de las canciones de su nuevo disco, compuestas durante el confinamiento de la pandemia, en especial la titulada “La voz de la conciencia”. Y no faltó la imprescindible presencia de Tony Arroyo, reconvertido en una divertida Liza Minelli.


Víctor Guerrero ofició, como siempre, de anfitrión y consiguió con su labia y su buen hacer recrear aquel ambiente despreocupado, divertido y canalla de la Barcelona de los años sesenta y setenta, ¡ay! ya desaparecido, pero ciertamente no olvidado.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
AHORA EN LA PORTADA
ECONOMÍA
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH