“El gegant del Pí”, un monólogo de Pau Vinyals sobre el peso de la herencia familiar (Tantarantana)

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Hubo una tradición que resultó exitosa durante muchos años y que recordarán todos aquellos que vivieron antes de la llegada de la televisión, cual fue la de utilizar el principal ingrediente del teatro, que es la palabra, prescindiendo de la puesta en escena o reconvirtiéndola en un espacio imaginario. Esto se traducía en dos formas: bien adaptando los textos para su transmisión radiofónica, bien interpretándolos como lecturas dramatizadas. Ambas han caído en el olvido, pero curiosamente la fórmula fue recuperada durante el inicio de la actual pandemia para poner en valor un texto de Pau Vinyals titulado “El gegant del pi”, que el Teatre Lliure realizó como pieza de audioteatro en un momento en que era imposible realizar funciones convencionales. Llega ahora en su versión original al Tantarantana interpretada y autodirigida por el propio autor, Pau Vinyals, aunque con la colaboración de Júlia Barceló.


Cuenta Vinyals que “mi abuelo murió cuando yo tenía 10 años. Lo recordaba maravilloso y lleno de amor, como un hombre que sabía escuchar y amar. Un día, mi madre, como quien no quiere la cosa, me explicó que, a los 28 años, durante la Guerra Civil, había decidido luchar en el bando franquista. En aquel momento, todavía pequeño, me pareció anecdótico, que nada tenía que ver conmigo. Sin embargo, con el tiempo este hecho me ha generado una distancia dolorosa con su recuerdo. Es de hecho esta confesión la catalizadora del cuestionamiento de mi identidad, la educación recibida, de las bases para construir mi futuro, para asentar mis valores y gestionar mis privilegios”.


Teatro.El gegant del Pu00ed


Todo ello lo traduce en una situación que parte del momento en el que el protagonista de la obra se instala con su novia Judit en su propio apartamento y proceden ambos a abrir las cajas que han trasladado a su nuevo domicilio. Aparecen entonces documentos familiares que recuerdan un pasado que pesa como una losa sobre el presente, lo que lleva a Vinyals a subrayar que "la pieza habla del fascismo que irremediablemente llevamos dentro".


Cualquier traslación de un medio expresivo a otro impone unos condicionamientos y pasar de una versión de audioteatro a otra escénica convencional, más aún, por lo que en este caso se ha optado por crear un contexto escenográfico “construido a partir de la suma de fragmentos de diversos espacios simbólicos por el personaje que generan, finalmente, un cosmos particular que sólo toma sentido en el ahora y el aquí, a caballo entre la instalación artística y la escenografía teatral”.


La interpretación de Vinyals es cambiante y pasa de una dicción inteligible a otra casi inaudible -yo estuve en la cuarta fila y me costó mucho entender muchas de las cosas que decía en algunos momentos-, adquiere con frecuencia tonos de confidencialidad con los espectadores de la primera fila, con los que parece querer entablar un diálogo o provocar alguna reacción, pero también interpreta varias piezas musicales. Todo ello sin parar de moverse por el escenario, aparecer y desaparecer tras el sucinto decorado, hacer gestos espasmódicos y movimientos gimnásticos, tumbarse, desplazarse a gatas, travestirse como Spiderman o quedar cubierto por una sucinta camiseta imperio, lo que revela indudables capacidades de versatilidad gestual, pero también da la impresión de ser más un juego que de un verdadero espectáculo teatral.


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