El pasticcio barroco de La Dispersione

L’Alquimista (a baroque pasticcio?)

La Dispersione


La Dispersione LAlquimista


El último disco hasta la fecha del conjunto valenciano La Dispersione, L’Alquimista (a baroque pasticcio?), es un maravilloso experimento poliédrico, que nos ofrece una faceta distinta dependiendo desde dónde nos aproximamos a él. Podemos encontrarnos con música escénica de Händel, con una obra de teatro isabelino inglés, con una sucesión de piezas barrocas de distintos compositores europeos más o menos coetáneos, o con un manifiesto en defensa de la profesión de los músicos en tiempos de pandemia. Todo ello cabe en esta obra y, de alguna forma, todo ello configura su esencia.


Empecemos por el principio, algo complicado en este caso, dado que este álbum es como una hiperesfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. Aparentemente, parece que todo parte del sajón George Frideric Händel, pero no, el tema viene de más atrás; debemos viajar hasta el Londres de principios del siglo XVII, hasta 1610 en concreto, año en el que se estrena allí la obra de Ben Jonson The Alchemist por la compañía The King's Men -Los hombres del rey-, donde, además de Jonson, militaba su amigo y también dramaturgo William Shakespeare.


The Alchemist cuenta como, tras partir su señor de la casa al asolar Londres una epidemia, un criado monta un negocio fraudulento de nigromancia en ella. Un siglo después de su estreno oficial la obra fue reestrenada en el londinense Queen's Theatre, y el montaje contó con música incidental de George Frideric Händel, que en concreto fue extraída de la extensa obertura de Rodrigo, su primera ópera italiana, estrenada en Florencia en 1707. Este punto de apoyo es el que mueve el trabajo de La Dispersione, pues, a partir de la música deHändel, erige este caleidoscópico proyecto.


La iniciativa L’Alquimista (a baroque pasticcio?) tiene un giro de tuerca más, si cabe, pues pretende reivindicar el trabajo de músicos y por extensión de toda la actividad cultural en estos tiempos difíciles que estamos viviendo de emergencia sanitaria y de limitaciones de la vida pública. De esta forma, el proyecto se completa con un texto teatral de nueva factura sobre la situación musical y cultural en la actualidad, y de un vídeo que a su vez se exhibe en la misma representación, cuyo argumento es la hipotética extinción del sonido a causa de la mutación de un virus.


Volviendo al disco, el repertorio elegido es, como reza el subtítulo, un delicioso baroque pasticcio, es decir, una sucesión de piezas de distintos autores de distintos países que escribieron sus obras en los siglos XVII y XVIII. Como es lógico, la mayor aportación es la del propio Händel, pues, aparte de la música completa que fue adaptada a la pieza teatral de Jonson, el álbum contiene otras creaciones suyas adicionales, como la "Cantata Spagnuola a voce sola e Chitarra" No se enmendará jamás, HWV 140, presumiblemente compuesta en el verano de 1707 para el cardenal Ottoboni, mecenas romano del músico alemán, y también están incluidos varios números de Almira, su primera ópera, estrenada en Hamburgo en 1705.


Georg Philipp Telemann está presente en el disco a través de dos obras: el Concierto para flauta y viola da gamba en la menor, TWV 52:a1 y la Triosonata para flauta y viola da gamba TWV 42:f3. De Francia, Jean-Baptiste Lully está incluido a través de su bellísimo número en castellano Sé que me muero, perteneciente a la comedia ballet El burgués gentilhombre.


Finalmente, el proyecto ha contado con el trabajo de varios músicos españoles, como los valencianos Juan Bautista Comes y Cristóbal Galán, y los grandes reformadores de las formas musicales de principios del siglo XVIII Sebatián Durón y Antonio de Literes.


Entre los intérpretes de la grabación se puede destacar a los solistas, David Antich a la flauta de pico, Leonardo Luckert a la viola da gamba, la soprano Erika Escribá-Astaburuaga y el contratenor Jorge E. García Ortega, además de diversas interpretaciones a solo de Manuel Vilas, arpa, Aníbal Soriano, guitarra barroca o Ignasi Jordà, órgano.



El resultado de este esfuerzo es un singular collage de sonidos barrocos que demuestra, una vez más, el valor que tiene el trabajo aquellos que se dedican a interpretar y dar a conocer la música antigua actualmente, y la necesidad de que este sea debidamente apoyado y defendido, especialmente en épocas como la que vivimos, en las que su actividad profesional puede verse drásticamente limitada.

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