Una atmósfera sutil, un logro del arte

Miquel Escudero

Cuando era estudiante de Matemáticas, de vez en cuando acompañaba a un amigo del colegio a sus clases de Biología; ambas carreras se cursaban en el mismo edificio de la plaza de la Universidad, en Barcelona. Así llegué a escuchar al gran Ramon Margalef, el primer catedrático de Ecología que hubo en España. Un sabio humilde y lleno de cortesía hacia sus alumnos. Poco entendí en el par de clases a que asistí, pero me atreví a acercarme a su forma de hacer y de decir. Pasados los años, sigo con la afición de aproximarme a ámbitos que no me son próximos, pero que al saberlos valiosos me estimulan a aprender e integrar, en lo que me sea posible, conocimientos o ideas. Atravesar fronteras de especialidad, sin ánimo de lucro ni de prestigio, me satisface.


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Libro de texto /@Pixabay


Con este impulso, leo Piero della Francesca (Elba), de Roberto Longhi; marido de ‘Lucia Lopresti’, pseudónimo de la reconocida escritora Anna Banti, con quien fundó la revista Paragone (‘Comparación’), que hoy se sigue editando. Importantísimo crítico de arte italiano, el profesor Longhi vivió entre 1890 y 1970, era del Piamonte y se doctoró con una tesis sobre Caravaggio.


Cabe decir que el ‘Piero’ de Longhi, una monografía mítica y brillante que se acaba de traducir al español por vez primera, fue escrito en 1927. En un espléndido prólogo, el galerista Artur Ramon da cuenta de que el 12 de octubre de 1492, el día en que Colón llegó a lo que se llamaría América, falleció Piero della Francesca, cuyo nombre era Piero de Benedetto dei Francesc. Fue un pintor del siglo XV, el Quattrocento, un buen conocedor de la geometría, del álgebra y del cálculo y dio paso al Renacimiento. En sus obras destaca su disposición de personajes en el espacio y que abriese “el horizonte hasta el infinito en una atmósfera sutil”.


La lectura de este texto estimula la comprensión del arte, dándole su importancia adecuada, al realzar su valor se incrementa la capacidad de hacer visible lo invisible cuando se contempla lo que nos rodea. Se abre un ventanal que nos permite descubrir la técnica y los secretos del arte. Se nos ofrece una perspectiva con la que llegar a captar la belleza que puedan guardar las relaciones métricas.


Longhi nos remite a las más altas propiedades del estilo de Piero. Así, su tabla ‘San Jerónimo con un devoto’ es mostrada como un espejo vago que carece de centralidad dogmática, y cuyo centro matemático “se ve ocupado por la aparición lejana de la ciudad tapada por los hombres; y por todos los lados, desde el tronco cortado en primer plano hasta el árbol de detrás del devoto, pasando por las vibrantes zonas de los montes y del cielo, es un libre sumergirse en el espacio de personas y de cosas”. De este modo, el hombre queda fuera del condicionamiento de tener que ser medida del universo y, por tanto, puede penetrar mejor en sus circunstancias.


¿Por qué Piero elige representar unos pasajes y descarta otros? ¿Qué papel juegan los mínimos detalles pictóricos y la amistad de los colores? Longhi busca las huellas casi borradas de una vía seguida en sus distintas particularidades, indaga y plantea todo ello de forma armoniosa. Y evidencia una idea de Piero diferente a las de los antiguos clásicos: en su elección de contrastes, despliega un espíritu de observación más atento, que afecta también a la forma.


Ante uno de sus cuadros se pregunta el crítico italiano cómo se puede hacer abstracción del apaciguamiento de los sentimientos, que se desprende de una profundidad pintada con sólida mesura “en ese espectáculo paisajístico circundante, y en el Cristo mismo”.


El arte nuevo de la perspectiva fue un misterio en el que también se inició el magistral Fra Angélico, autor del mágico retablo La Anunciación que se conserva en el Museo del Prado.


Se llama écfrasis a una descripción precisa y detallada de una obra artística, y con la que se puede lograr una obra de arte dentro de otra. Quizá en esto consistía la propuesta de Bernard Berenson: “Mirar una y otra vez hasta encontrarnos viviendo dentro del cuadro e identificarnos con el mismo por un breve instante”.

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