8 de marzo, 47 millones de maneras de llamar al feminismo

Lourdes Pablo
Periodista

Hacer una mirada al pasado para recordar el camino hecho, dónde estamos y lo que queda por conseguir, es una buena manera de reubicarnos, coger fuerzas y, también, posicionarnos hacia marcos mentales que insistentemente intentan desestabilizarnos y hacernos creer que no estamos defendiendo bien aquello por lo que luchamos.


Uno de estos ejercicios lo podemos hacer este martes, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer , un día que, aunque ahora se celebre con batucadas en algunos lugares, no tiene un origen festivo y, lo más importante, no hay tiene motivos todavía actualmente para que pueda serlo.


Remontémonos a su origen, ¿ por qué el 8 de marzo ? Esta fecha fue elegida en 1910 en el segundo encuentro Internacional Socialista de Mujeres, en Copenhague, como día simbólico para reivindicar los derechos de todas las mujeres después de unos años en los que éstas habían empezado a salir a la calle para protestar por las desigualdades laborales con los hombres.


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Día de la Mujer /@Pixabay


Se dice que era precisamente el 8 de marzo, pero de 1857, cuando miles de trabajadoras textiles salieron a la calle para protestar por las condiciones laborales y reclamar igualdad salarial respecto a los trabajadores hombres . Una protesta que acabó con la intervención violenta de la policía pero que fue el punto de partida de otras manifestaciones y huelgas, como la que realizaron en 1908 más de un centenar de trabajadoras de la fábrica Cotton de Nueva York para reivindicar una jornada laboral de 10 horas, un sueldo al igual que el de los hombres y una mejora de las condiciones higiénicas. No podemos olvidar también otro de los hechos que marcó la lucha por los derechos de las mujeres, como fue el incendio, en 1911 de una fábrica de camisas, en la que perdieron la vida 123 mujeres y 23 hombres, al no poder salir del interior del edificio porque los responsables habían cerrado las salidas para evitar robos.


¿Qué quiero decir con esto? Que los derechos de las mujeres no han sido fáciles de conseguir y de hecho, todavía falta mucho camino por decir que realmente hemos logrado la igualdad entre ambos sexos. Sí, es cierto que ahora ya podemos votar (no hace tanto, 90 años), pero todavía en la actualidad, en pleno siglo XXI las mujeres vivimos entre un techo de cristal y un suelo pegajoso; Nuestros sueldos siguen siendo más bajos que los de los hombres, seguimos pidiendo corresponsabilidad porque no existe en la vida real - vemos cómo se alaba que un padre cambie el pañal a su hijo porque se tiene normalizado que es cosa de la madre-, observamos cómo la economía justifica que las empresas prefieran hombres porque las mujeres pueden suponerles pérdidas si están en edad reproductiva, tenemos asumida la carga mental que supone para las mujeres tener en realidad dos trabajos, uno de ellos no retribuido y menospreciado y, desgraciadamente, escuchamos demasiado a menudo sobre mujeres que han muerto a manos de sus parejas o ex parejas, sabiendo que esto, el asesinato, es sólo la punta de un iceberg de grandes dimensiones que abarca muchas cosas más.


Así pues, a estos derechos que hemos alcanzado, se ha llegado en base a muchos esfuerzos, dolor, sangre e incluso muertes , pero todavía nos queda mucha lucha por delante. No podemos engañarnos, todavía hay desigualdad estructural y no hace falta ir a Kabul para verlo. No hace falta ir al extremo para decir que el feminismo todavía tiene que vencer a Goliat en muchos más combates. Obviamente que hay zonas en el mundo donde la situación ha mejorado, como podría ser España, pero no es necesario perder de vista que los derechos cuestan mucho de conseguir pero son muy fáciles de perder.


Por eso el 8 de marzo, por mucho que lo solicite la secretaria de Estado de Igualdad, no es el día para llamar “No a la Guerra” y mostrar nuestra solidaridad con Ucrania, aunque las feministas estemos de acuerdo con que la guerra no es la solución. El 8 de marzo no es un día para permitir que cualquier otro tema pueda fagocitar las demandas feministas, como ha ocurrido en los últimos años. El 8 de marzo, día de la Mujer es un día para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres. Una igualdad que sigue no existiendo. No es un día para frivolizar ni mostrar autocomplacencia como hace el Ministerio de Igualdad. El 8 de marzo no es un día para cantar que en nuestro país hay igualdad y afirmar que en España "hay 47 millones de maneras de llamar al feminismo" cuando en lo que llevamos de 2022 ya podemos contar 14 feminicidios. ¿De verdad podemos estar tan orgullosos como para afirmar esto ante 14 asesinatos? Porque si el Ministerio cree que hay 47 millones de maneras, tantas como españoles, de llamar al feminismo, entonces es que no hay ninguna.


El feminismo no es una sensación, no es un sentimiento, no es una palabra vacía que puedas achacarte. Es una teoría político-ética que lucha contra el patriarcado, el sistema de dominación más antiguo de la humanidad. Un sistema de dominación que lamentablemente ha perfeccionado sus herramientas de forma tan sutil que va extendiéndose por todas partes sin que nos demos cuenta si no tenemos espíritu crítico. El feminismo no es tomar lo rancio y vestirlo de transgresor, sino ir más allá. Es poner a la sociedad contra las cuerdas. Ser ese piojo que insistentemente nos hace ver nuestras incongruencias; que nos alerta cuando el sutil patriarcado intenta colarse por todos esos agujeros que pueda encontrar. El feminismo no es vestirse con tacones y sentirse poderoso. Es saber que el poder está dentro de ti para cambiar este sistema que nos llama sexo débil o que se pone a la defensiva por el simple hecho de reclamar ser iguales.

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