La guerra en Ucrania y las pymes

Pep Garcia
Economista, empresario, fundador y Director General de Maxchief Europe. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de Barcelona. MBA por el IESE.

A finales del mes de abril, el gobierno español se ha visto obligado a recortar la previsión de crecimiento del PIB para 2022, pasando del 7% al 4,3%. Las principales causas aducidas por el ejecutivo para hacer estas rebajas son la invasión de Rusia a Ucrania, el encarecimiento de las materias primas (especialmente la energía) y los problemas en las cadenas de suministros. A todo esto, se añade que tenemos cifras de inflación que no se veían desde 1985 y preocupantes restricciones sanitarias en algunas ciudades de China.


Durante los dos años largos que llevamos de pandemia, muchas pymes han visto reducidas sus ventas y han incrementado fuertemente su endeudamiento, lo que ha terminado debilitando notablemente su estructura financiera. A principios de 2022, antes de que estallara la guerra de Ucrania, las expectativas para la economía eran abiertamente positivas dado que, a nivel sanitario, la pandemia parecía que estaba por primera vez bajo control. La variante Ómicron, mucho más infecciosa que las anteriores, pero menos letal, había encontrado una población con un alto índice de vacunación y los médicos empezaban a pensar que la pandemia se podía tratar como una endemia.


El inicio de la guerra en Ucrania, el 24 de febrero de este año, significó un golpe muy duro, no únicamente a nivel humano, sino también a nivel económico. Este conflicto bélico ha comportado distorsiones económicas muy importantes que han estado afectando al conjunto de la economía y, especialmente, a las pymes. En concreto, los costes de la energía se han disparado a niveles que no se habían visto nunca, poniendo en evidencia el exceso de dependencia europeo al gas ruso. Además, los precios de los alimentos y de muchos otros productos han aumentado de manera sustancial, apuntando a una nueva escalada de los costes de las materias primas, que ya había comenzado con fuerza durante el 2021.


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Bandera de Ucrania ondeando en el oblast de Ivano-Frankivs'ka @unsplash


Por primera vez, los expertos empiezan a decir que la inflación no será meramente coyuntural, como se había repetido hasta ahora por parte de las autoridades monetarias, sino que no se prevé que baje hasta el 2024. Si a este hecho le añadimos las previsiones de ralentización de la economía (el PIB español solo ha crecido un 0,3% durante el primer trimestre de 2022), podríamos llegar a tener uno de los escenarios más indeseados por los economistas, la estanflación –estancamiento e inflación-.


En este escenario se deben añadir las distorsiones de la cadena de suministros, destacando el precio de los contenedores marítimos que se ha multiplicado casi por 7 desde el inicio de la pandemia y que hay escasez de algunas materias primas y otros bienes industriales.


El resultado es que muchas pymes, que ya llegaban débiles a esta situación, han tenido que hacer frente a una coyuntura muy compleja. Muchas de ellas no pueden trasladar el incremento de precios a sus costes, con la cual cosa ven disminuidos sus márgenes. Otras han visto reducido de manera importante la demanda de sus productos. Cabe recordar que las pymes son el principal motor de nuestra economía, aportando el 62,2% del PIB y el 72,4% de la ocupación. Son un elemento clave para garantizar los puestos de trabajo y la competitividad del país.


Por todos los motivos comentados anteriormente, uno de los problemas principales a los que se enfrentan las pymes en el momento actual son las necesidades de tesorería. Además, muchas de ellas tendrán que empezar a devolver los préstamos ICO que recibieron durante la pandemia. En este contexto es imprescindible que se aplique estrictamente la ley de morosidad, cuestión que representaría una inyección de oxígeno en forma de liquidez para muchas empresas.


Nuestras pymes tienen, además, un problema endémico de falta de dimensión. Según un informe elaborado desde PIMEC, fundamentado en un ejercicio descriptivo sobre la evolución de la rentabilidad de la pyme industrial catalana a lo largo del periodo 2009-2018, la rentabilidad es creciente a medida que aumenta la dimensión de la empresa. En concreto, la comparación en términos de rentabilidad según la ratio “Resultado antes de impuestos / patrimonio neto” es de un 2,4% para las micros, de un 5,6% para las pequeñas y de un 9,7% para las medianas empresas. Además, una dimensión más grande de una pyme también afecta positivamente a su capacidad para captar talento, para innovar, para internacionalizarse y para disponer de una mayor capacidad financiera.


Los gobiernos harían bien en tomar medidas fiscales y reducir la burocracia para fomentar que las pymes puedan crecer y conseguir una dimensión más favorable que ayude a mejorar su competitividad y la de nuestra economía. 


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