martes, 20 de octubre de 2020

Duran: "El catalanismo debe participar activamente en la redefinición del Estado"

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Josep Antoni Duran


En su carta semanal, el presidente del comité de gobierno de Unió, Josep A. Duran Lleida, ha afirmado que el "catalanismo debe participar activamente en la redefinición del Estado", lo que cree "imprescindible jurídica y políticamente ".

 

Además, en la misma carta, Duran subraya que no se puede "aceptar pasivamente la destrucción del catalanismo que se está llevando a cabo".


Esta es la carta completa:


"Queridas amigas y queridos amigos,


Por si alguien no lo recuerda, hoy hace cuarenta años que murió Franco. Hay toda una generación que ha vivido siempre en democracia, en libertad! Hay todavía una segunda, hoy padres de dicha generación de la libertad, que para ellos el franquismo se terminó cuando tenían menos de trece, catorce o quince años. Por lo tanto, algunos quizás no tienen suficiente conciencia de lo que significó. Y hay finalmente la generación de nuestros padres -y una parte de la mía- que sí conocimos Franco y el franquismo, que se enterró paulatinamente años después. Incluso algunos creen que aún no se ha enterrado por completo. No es mi intención hacer ahora ninguna introspección política, sociológica o histórica de la dictadura. Sólo quiero aprovechar la fecha para hacer una reflexión doble.


En primer lugar, quiero recordar que no siempre hemos vivido en libertad, y que no haber podido disfrutar siempre permite valorarla aún más. Es cierto que siempre puede haber más libertad. Toda obra humana es perfeccionable, como lo es el sistema de libertades que nos hemos dado. También es cierto que la libertad que uno quisiera para sí mismo tiene el límite de la libertad de los demás. Pero lo importante es que seamos conscientes de que la libertad es un bien precioso que hay que mimar como si fuera un bebé. Por legítimas exigencias que tengamos de aumentarla, o necesarias actitudes que tengamos que mantener para ampliarla, nunca debemos perder de vista de dónde venimos. Cuando no se ha vivido en libertad, creo que se es más consciente de su importancia. Esto lo deben asumir las nuevas generaciones, al igual que las demás debemos saber entender y canalizar sus deseos de mejorar la cuantitativa y cualitativamente.


La segunda reflexión exige una mirada atrás. No podemos ignorar que a lo largo de tres décadas de estos últimos cuarenta años hemos alcanzado niveles elevados de desarrollo económico y social y también de autogobierno. Recuerdo el 11 de Septiembre de 1976 en Sant Boi o el de 1977 en el Paseo de Gracia de Barcelona: sumé mi voz a la de decenas de miles de personas que reivindicábamos "Libertad, amnistía y estatuto de autonomía". Quizás habrá alguien que no me entenderá, sobre todo personas jóvenes que por edad no lo pudieron vivir. Pero si nos hubieran dicho que llegaríamos a niveles considerables de libertad, con cambios económicos, sociales y de autogobierno como los vividos, no nos lo habríamos creído. Pero todo debe renovarse en esta vida. Y eso pasa ahora con el modelo social, económico, político y de autogobierno.


Ciertamente, la crisis del 2007 ha visualizado las grietas del modelo económico y las profundas heridas sociales que provoca. La ineficacia de la política para resolver los problemas del día a día, mezclada con el afloramiento de la corrupción, ha situado el sistema político generado durante la Transición en el ojo del huracán de la crítica de la ciudadanía. A todo ello hay que sumar la crisis que provocó el recurso ante el Tribunal Constitucional contra el nuevo Estatuto de Cataluña, la sentencia de esta magistratura y sobre todo la actitud del PP que, más allá de su derecho a recurrir ante el TC, lo instrumentaliza políticamente, tanto en la recogida de firmas contra el Estatut, y de paso contra Cataluña, como en el obstruccionismo ante la renovación de los magistrados del tribunal que constitucionalmente tenían el mandato caducado y que votaron la sentencia. Ahora tenemos elecciones a Cortes Generales el 20-D. Ha sido un periodo largo de democracia y de libertad de la historia española, pero es imprescindible redefinir jurídica y políticamente el Estado. Se actualizará el pacto de la Transición. y esto no será posible si no se recupera el espíritu de concordia y de convivencia que fueron los fundamentos de las décadas excepcionales que hemos vivido.


Cataluña ha de estado nuevamente en primera línea


En los años de la Transición, en las mesas de diálogo, en la ponencia constitucional ..., los partidos catalanes estuvieron presentes y contribuyeron positivamente. Eran tiempos -hay recordarlo- en los que el nacionalismo era minoritario. Ahora Cataluña debe estar nuevamente en primera línea. El catalanismo debe participar especialmente de una manera activa en la etapa redefinitoria del Estado. Sería un gravísimo error que renunciásemos a estar presentes en un momento determinante. Y el lugar clave y el momento preciso serán las Cortes Generales de la próxima legislatura. Desengañémonos: no habrá diálogo bilateral como desearíamos, como no hubo el 77 y 78 con una Generalitat reestablecida. El pacto no lo hizo nuestro admirado presidente Tarradellas. El pacto se hizo en Madrid y en las Cortes. Se puede jugar la carta independentista, pero hoy no se encuentra en la agenda española -y desde aquí, guste o no, tenemos que entender que no esté. Pero es que tampoco es en la agenda europea, ni en la de la comunidad internacional. Ni tiene una mayoría ciudadana amplia y sólida favorable a Cataluña.


No podemos aceptar pasivamente la destrucción del catalanismo que se está llevando a cabo. Ya no hablo sólo del catalanismo político. Hablo también del catalanismo cultural. Desde el nuevo equipo de gobierno del Ayuntamiento de la ciudad de Barcelona hace unos días se despreciaba Prat de la Riba en el ámbito cultural. Forma parte -según ellos- de una parte oscura de la historia de Cataluña. Es grave. Pero me escandaliza aún más el silencio de la Generalidad que la declaración del Ayuntamiento. Prat de la Riba sí creó auténticas estructuras de Estado, no sobre el papel, y con menos recursos de los que ahora tenemos. Y su voluntad de crear sólidos instrumentos de Estado siempre fue compatibilizada con la voluntad de no plantear la ruptura de España. Allá ellos aquellos que quieran destruir este patrimonio. Lo primero que me pidió que hiciera el Sr. Coll i Alentorn cuando entré en Unión, en 1974, fue que leyera Prat de la Riba, que leyera y releyera su obra maestra "La nacionalidad catalana".


Unión quiere ser en las Cortes en este momento determinante. Quiere contribuir a actualizar un sistema político capaz de dar respuesta a las demandas de regeneración democrática y de superación de la desigualdad creciente. Y sobre todo quiere estar allí para construir los puentes que permitan un reencuentro de Cataluña y España con nuevas bases, sin menospreciar el pasado y teniendo muy claro que el acuerdo al que se llegue debe ser sometido a consulta a la ciudadanía. El catalanismo medido, moderado, el catalanismo centrado y central -Vaya, el catalanismo de toda la vida- debe estar presente y tener voz en Madrid para defender Cataluña ante España. ¿Es que queremos dejar esta defensa en manos de los que quieren la ruptura y pregonan la desobediencia ante las leyes y tribunales? ¿Es que nos resignamos que sean el PP y C's, que nunca han tenido raíces en el catalanismo, las voces dominantes de Cataluña en Madrid , sabiendo, incluso, que C's nace para competir con el PP para quien va más lejos en su obsesión contra la lengua de Cataluña? ¿O descansaremos la confianza en un PSC que tiene innegables referentes catalanistas, pero que nunca defenderá nada que no defienda el PSOE? Ni hablar! Por eso queremos estar en Madrid".

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