Barcelona, hub de innovación

Pep Garcia
Economista, empresario, fundador y Director General de Maxchief Europe. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de Barcelona. MBA por el IESE.

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Hace unas pocas semanas se hizo pública la excelente noticia de que Intel había elegido Barcelona para instalar un laboratorio pionero en el diseño de microchips. La decisión es fruto de un acuerdo entre el grupo estadounidense y el Barcelona Supercomputing Center – Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). La inversión que movilizará este proyecto será de 400 millones de euros en 10 años y supondrá la contratación inicial de 300 trabajadores.

 

En el año 2021 fue Microsoft la que anunció su decisión de instalar en Barcelona un centro de I+D orientado a la inteligencia artificial. Y es que Barcelona tiene todos los ingredientes para convertirse en un hub de innovación tecnológica global, para lo cual se necesita la complicidad del sector privado, las universidades y las administraciones. 

 

Barcelona ha sabido atraer centros de I+D de empresas multinacionales de varios sectores, como Agbar, Allianz, Amazon, Bayer, Facebook, Nestlé, Roche, Seat, Teladoc Health, Universal Robots, Ypsomed y Zurich , entre otras. Recientemente, se ha registrado una aceleración en cuanto al número de compañías que deciden instalar un centro de I+D en Barcelona. 

 

En este sentido, también hay que aplaudir proyectos como el DFactory, una iniciativa impulsada por el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona en colaboración con Leitat que busca consolidar Barcelona como el centro de innovación 4.0 del sur de Europa. La idea pasa por albergar en un mismo espacio las empresas y tecnologías más relevantes, que liderarán la próxima revolución 4.0. Esta iniciativa ayudará a mejorar la competitividad en el sector manufacturero e impulsará la transformación económica mediante la incorporación de la investigación y la innovación, así como mediante tecnologías de apoyo. El DFactory representa un gran activo para el ecosistema innovador local por lo que se refiere a la industria 4.0.

 

Un elemento clave para que una ciudad o un territorio sea atractiva a la innovación es el talento. Barcelona cuenta con Universidades y Escuelas de negocio de primer nivel que forman ingenieros, científicos y profesionales reconocidos a nivel internacional. 

 

Los centros de I+D representan una gran demanda de talento técnico especializado, por lo que los territorios innovadores, además de formar ese talento, deben ser capaces de atraerlo a nivel internacional. Barcelona ha sabido ser un polo de atracción y retención del talento global. Su situación geográfica es privilegiada, el clima es muy favorable, la cultura, el arte, el estilo de vida y la gastronomía hacen de Barcelona una ciudad muy atractiva para los profesionales extranjeros.

 

Otro aspecto fundamental para fomentar el ecosistema innovador es la complicidad entre el mundo universitario, la investigación y el sector empresarial. Es lo que se conoce como transferencia de conocimiento. En este punto tenemos todavía un buen camino por recorrer puesto que, aunque contamos con universidades e investigadores de primer nivel, ese conocimiento no se conecta, frecuentemente, con las empresas de forma fluida. 

 

Nadie discutirá la importancia de que Barcelona se consolide como un hub de innovación global, puesto que la atracción de empresas innovadoras globales aporta mucho valor al territorio, no sólo en forma de puestos de trabajo cualificado sino también de un impacto muy positivo en el PIB. Además, la competitividad de las empresas y de los territorios se basa en la innovación y en la búsqueda de soluciones disruptivas, por lo que una concentración de muchas personas con talento en un mismo territorio fomenta la creación de un ecosistema que se retroalimenta, generando sistemas de innovación colaborativos y abiertos, que aportan valor y competitividad. Todo ello provoca un efecto multiplicador extraordinario.

 

Hasta aquí hemos hablado del hub innovador de Barcelona, pero es que si Barcelona se consolida como un polo de atracción del ecosistema innovador global, el impacto que va a provocar en el área metropolitana y en el resto de Cataluña puede ser muy fuerte. Las administraciones harían bien en aprovechar este empuje para poner en marcha políticas orientadas a reequilibrar el territorio y hacer que ese impacto positivo se expanda y se distribuya geográficamente.

 

Vistos los aspectos positivos que tiene Barcelona, repasemos ahora algunos factores que repercuten de forma negativa en la competitividad y atractividad de Barcelona en el momento de escalar posiciones en los rankings de ciudades innovadoras globales. Uno de ellos es la dificultad y falta de flexibilidad para la creación de empresas. Además, la excesiva regulación y las trabas burocráticas que plantean muchas administraciones tampoco favorecen la actividad empresarial. Es un problema endémico, sobre el que llevamos muchos años debatiendo, pero que no hemos conseguido resolver todavía. 

 

La fiscalidad es otro aspecto negativo. Y es que debemos entender que la fiscalidad es un elemento clave de competitividad de los territorios. Una fiscalidad que grava en exceso las rentas altas, que no favorece decididamente la inversión en I+D, la creación y financiación de startups o la atracción de talento, representa un escollo para atraer empresas globales.

 

Otro elemento clave a mejorar es la conexión aérea de Barcelona con el mundo. El aeropuerto de Barcelona debe convertirse en un hub de vuelos intercontinentales. Cataluña debe estar bien conectada con Asia y América y para ello se necesita un plan decidido y urgente de ampliación del aeropuerto.

 

La innovación continua y la búsqueda de soluciones disruptivas es esencial para la competitividad de las empresas y de los países. Por ello hay que exigir mayor implicación de las administraciones en la inversión en I+D. En el año 2020 en Cataluña la inversión en I+D representó el 1,61% del PIB (en España fue del 1,41%), mientras que, en otros países, cuyos gobiernos apuestan abiertamente por la innovación, esa cifra es sensiblemente superior. Por citar algunos ejemplos, en Israel representó el 4,95% del PIB, en Corea del Sur el 4,81%, en Suiza el 3,37%, en Suecia el 3,34%, en Alemania del 3,09% y en Dinamarca el 3,06%.

 

Barcelona tiene muchos aspectos positivos para convertirse en el líder de la innovación del sur de Europa y puede competir por ser una de las zonas innovadoras punteras del mundo, pero se necesita de un compromiso decidido por parte de las administraciones, siempre en colaboración con el sector empresarial y las universidades. Necesitamos más inversiones que buenas palabras y más acciones que planes. El ciclo de la innovación va muy rápido y no hay tiempo que perder.

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