lunes, 18 de noviembre de 2019

Claudio Biern: “D’Artacán y David el Gnomo darán el salto a la gran pantalla”

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Sergio Fidalgo.- Claudio Biern es el presidente de BRB Internacional, la empresa de animación creadora de grandes éxitos televisivos como ‘Willy Fog’ o ‘D’Artacán’. Aunque previamente trajeron a España las series que han marcado la infancia de varias generaciones de españoles, como ‘Marco’, ‘Heidi’ o ‘Mazinger Z’. Tiene claro que los niños han pasado de ser espectadores pasivos a “ver lo qué quieren, cuándo quieren y cómo quieren” y que los bancos españoles han de aprender “a ver dónde está el dinero, han de confiar en la industria del entretenimiento”.

 

¿De las series de dibujos animados que ahora se emiten en España cuál le ha sorprendido más?


Los Simpson. Me sorprende porque es totalmente americana, habla de la forma de vida americana con personajes americanos. Salen muchos personajes muy propios de ese país, algunos muy conocidos como el presidente Obama o Leonardo di Carpio, y otros que aquí no sabemos quiénes son. Me sorprende positivamente su éxito en España, y me encanta, aunque creo que no es para niños y está programada en horario protegido infantil.


¿Y de las que están pensadas para niños?


Bob Esponja. Cuando se lanzó hace catorce o quince años fue un fracaso, y es uno de los pocos casos en los que una serie que no ha funcionado al cabo de unos años la vuelven a sacar y arrasa. Me sorprendió positivamente como algo que parecía descartado se convierte con el tiempo en un éxito.


¿Cuál ha sido la clave de este éxito inesperado, usted que es experto en esta materia?


Podré ser experto, pero de la misma manera que un meteorólogo y un economista han de explicar a toro pasado porque una cosa ha sucedido de una determinada manera, lo mismo pasa en el mundo de los dibujos animados. Nosotros mismos hemos hecho series con grandes expectativas que no han funcionado, y viceversa. No se sabe.


¿No hay ninguna clave?


Está claro que el guion es básico, el setenta por ciento del éxito de una serie depende de él. Los guionistas somos, en este mundillo, los más imprescindibles aunque en los premios Goya tengamos que entrar por la puerta de atrás. Que sería de los actores y los directores sin un buen libreto. Es una profesión muy incomprendida y muy mal pagada.


¿Otros factores?


Luego también viene la calidad del dibujo, las características de los personajes, la originalidad, la música, la postproducción… Pero la base es el guion.


¿Está poco valorada la animación en España?


Totalmente. Hay muchas personas muy bien preparadas que o malviven o tienen que trabajar para productoras extranjeras. O directamente se tienen que ir fuera a vivir fuera. Y pasa lo mismo con los videojuegos, mucha creatividad nace en España, somos una potencia de primer rango, pero luego la industria no es tan fuerte.


¿Ha cambiado el gusto de los niños en los últimos veinte años? ¿En qué?


Sobre todo en el modo de verlos. Ante se sentaban delante de un televisor y les decían “a las cinco emiten esta serie”, y veían la publicidad y la serie entera. Esto ha desaparecido, estamos asistiendo a la muerte del ‘homo sapiens’ y al nacimiento del ‘homo digitalis’. Nuestros hijos, nietos, sobrinos, que son menores de edad, tienen su tableta o su móvil y quieren ver lo qué quieren, dónde quieren y cuándo quieren. Pueden visionar tres episodios seguidos mientras comen en un restaurante con sus padres, en el trayecto de ida o venida del cole en el autobús disfrutan de unos personajes que les gustan…



¿Y en el contenido?


Hoy en día les gusta el mismo tipo de historias, caracterizadas con personajes distintos, pero los temas son universales: buenos, malos, afecto, no afecto, risas, tristeza… Desde que comenzó Esopo a hacer las fábulas con animales, estamos igual. Los argumentos no han cambiado.


¿Cuál de sus series históricas – Willy Fog, D’Artacán, etc, sigue teniendo hoy en día más mercado?


No hay diferencias. Se siguen viendo, tanto en Netflix, como en Youtube o en nuestras páginas. El mes pasado tuvimos más de treinta y cinco millones de entradas para ver nuestras series. Tenemos un canal, Animakids.com, algunas se pueden ver gratis y otras en pay per view, en distintos idiomas. Y en cambio consideramos un gran éxito cuando en un canal infantil en España un sábado o un domingo tenemos a ciento cincuenta mil niños, y nos felicitan por ello.

Lo que comentaba antes del “lo qué quiero, cuándo quiero”.


Es que es así, el público se ha desplazado totalmente, y pueden verlo en pantalla grande, pero a través de dispositivos electrónicos conectados. El presente, y sobre todo el futuro, pasa por Internet, la televisión tradicional se basará en juegos, concursos, ‘realities’, humor, deportes e informativos y temas de actualidad. Esta semana he visto cinco capítulos de una serie norteamericana que he grabado desde una plataforma de video bajo demanda, y lo he pasado de fábula sin ver publicidad…


Plataformas tipo Netflix son el futuro…


Son el presente, tanto la que ha mencionado, como Alibabá o Amazon o You Tube que se dirigen ya no a contenidos generados por los usuarios, sino que van a producir series y dedicarse a los contenidos bajo demanda. Los niños de hoy se han acostumbrado a ver lo que quieren y cuando quieren, no van a esperar a las diez de la noche para que empiece un capítulo.


¿Qué personaje de los suyos le ha dado más satisfacciones?


Muchos. No puedo centrarme en uno, ahora estamos con los nuevos, hemos firmado con un personaje conocido a nivel mundial, el último es siempre el que te gusta más.


¿Puede dar más pistas?


No puedo, es un grupo americano a nivel mundial, estamos preparando una serie que puede ser muy exitosa.


La industria en España está poco valorada, ¿y de dinero cómo anda?


Fatal por muchos motivos. Cada vez hay menos demanda de producto, porque las cadenas generalistas que antes pagaban bien por una serie nueva ahora apenas tienen programación infantil, o la compran en paquetes junto con otros contenidos a grandes productoras tipo Warner, o las ponen en canales temáticos infantiles. En España tenemos diez canales de este tipo, de los cuales nueve son americanos y ponen su producto.


¿No hay normas europeas al respecto?


Sí, y dictan que hay que poner un sesenta por ciento de producto europeo, pero no siempre se cumple.


Volvamos al dinero.


Las fuentes de financiación siguen aferradas al ladrillo o al aval, no creen ni entienden lo que es el entretenimiento, que es “aire”. Si voy a hacer una serie, aunque tenga un contrato que me financia, para ellos es “aire”. De la misma manera que en Estados Unidos de las diez empresas más importantes del mundo por capitalización cinco están basadas en esto. Imperios como Apple o Facebook en el fondo son “aire”, conocimiento, entretenimiento, no hay una “fábrica” detrás, pero en España todavía no lo ven. En Europa todavía hay algún banco que nos ayuda, que financian series de TV, videojuegos, animación, pero la banca española se cierra los ojos a donde está el dinero.


La moda de la nostalgia, que tiene uno de sus exponentes en el éxito del libro ‘Yo fui a EGB’, ¿ha beneficiado a BRB?


En los libros hemos llegado a un acuerdo con ellos porque ponen fotos e imágenes de personajes nuestros. Y sí funciona la nostalgia. Cuando voy a un banco, o a una entidad para pedir colaboración económica, siempre hago el mismo experimento. Y me ha funcionado de maravilla docenas de veces.


¿Cuál es?


Cuando a un alto cargo de una empresa le proponemos algo relacionado con dibujos animados le ves que pone cara de duda, y digo “yo acabo de entrar aquí y no me conoce nadie, puede avisar a su secretaria o a su secretario que entre un momento?”. Y cuando está delante le pregunto: “¿Usted conoce una serie que se llama Willy Fog? ¿O D’Artacán?”. Cuando contesta “sí, claro”, le pido si me puede cantar alguna de las canciones. Y casi siempre se las saben, y así demuestro que hay una nostalgia, que la serie ya no es de BRB, que ha pasado de ser del público.


Ha creado “poso”.


Es que a menudo me piden colaboraciones en eventos, y te pone los pelos de punta ver a mamás de treinta y cinco años cantando las canciones mientras se emociona. Son “sus” series. Haced la prueba en vuestras casas.


¿Qué falta en España para que exista un ‘Pixar’, dinero o talento?


Es imposible. El negocio del entretenimiento está dominado por los americanos. Saben producir, lo hacen muy bien y encima tienen sus métodos de distribución, tienen You Tube, controlan las distribuidoras que son propietarias de las salas. En Europa quedamos pocas empresas independientes productoras de dibujos animados. Y que lleven cuarenta y tres años como nosotros, aún menos. Creo que somos los decanos en el continente. Pensad que dentro de la balanza de pagos de los Estados Unidos la segunda industria en valor de exportaciones, tras la del armamento, es la del entretenimiento. Solo queda colaborar y coproducir con ellos, allí son trescientos millones de personas pero es como si fueran seiscientos, porque gastan el doble. Además en la Unión Europa somos veintiocho Estados con docenas de idiomas. De entrada obliga a doblar a distintos idiomas, el mercado está más fragmentado…


¿Qué da más dinero, la explotación de la serie o el merchandising?


Merchandising.


¿También en la época de Willy Fog?


También.



Ustedes fueron pioneros en España en este campo…


Sí, pero antes de producir series, la primera que hicimos fue ‘Ruy, el pequeño Cid’, ya apostamos por el merchandising en las series extranjeras que introdujimos en España, como ‘Heidi’, ‘ Marco’ o ‘Mazinger Z’ o ‘La abeja Maya’.


¿Falta en España la tradición de convenciones y ferias de aficionados del género? Está el Salón del Cómic y del Manga de Barcelona y poco más.


No hay mucho más. Hablando del manga, está basado del cómic, es una cultura japonesa que pasa del papel al dibujo animado casi inmediatamente.


El manga ha dominado el mundo.


Hace unos años sí. Ya no. Los niños se han acostumbrado a la alta calidad, a los dibujos en 3-D, y un manga, que es 2-D y hecho a toda prisa no les gusta tanto. En cambio a los adolescentes sí.


¿Cómo funciona hoy en día una serie tan poco espectacular visualmente como Doraemon?


Está claro que esa visión inocente de reírse del mundo de los adultos le gusta a los niños, antes y ahora. Pero no hay fórmulas mágicas, si las hubiera las usaríamos siempre. A veces apuestas fuerte y piensas que vas a arrasar, y no es así, y viceversa.


¿Cuál de sus series le ha sorprendido más por el resultado obtenido?


Por éxito, ‘Berni’ el oso. Solo son gags visuales, en capítulos de unos tres minutos, que se necesita mucha creatividad para que funcione. Lo hicimos porque nos ahorramos el doblaje en cada país y el formato es muy agradecido para facilitar su programación.


¿Algún error?


Un gran fracaso fue la ‘Supermodels’. Pusimos interés, compramos derechos de música de éxitos internacionales de todos los años, y no funcionó. En cambio una serie similar francesa arrasó. No hay varitas mágicas. Depende de la programación, el mercado cada día se segmenta más. Ahora te piden series para niños de seis o siete años que sea comedia, o para niñas de ocho o nueve años que sea de aventuras… Antes era todo más generalista. Pero un mercado muy bueno es el preescolar. Los padres, por lo que sean, cuando son pequeños dejan que sus hijos vean mucho la televisión, y se apasionan con series como ‘Dora la Exploradora’, o ‘Teo’. Y el niño ya está abducido por la pequeña pantalla.


¿Qué serie le queda por hacer?


Más que nada, cine. Ahora estamos empezando el largometraje de ‘D’Artacán’ en 3-D. Tenemos ya coproducción con varios países, una distribuidora americana muy importante la quiere. Ya está preparado el tráiler. Y luego queremos seguir con ‘David el Gnomo’, porque hay temas que pensamos que pueden funcionar en pantalla grande, y además servirán para que el padre, la madre o el tío vayan con los chavales para que disfruten con unos personajes que alegraron su infancia y de los que tienen gratos recuerdos.

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