Desayuno en San Remo

Rubén Olveira

Algo entrada la mañana, decidimos sentarnos a desayunar en una terraza, frente al Casino de San Remo. Mientras paladeábamos un ristretto -ese café expreso corto y fuerte- vimos a una señora setentona, de cuerpo algo entrado en kilos, que iba y venía frente a nuestra mesa. Como en la misma quedaba una silla sin ocupar, después de pedirnos permiso, se sentó en ella. Llamaba la atención por lo bastante bien arreglada que iba y la cantidad de joyas que lucía: atractivos collares, brillantes pulseras y una cantidad de prendedores que completaban la ostentosa colección. Un sombrero a la moda y su vestimenta fina sugerían una existencia sin apremios económicos.


De pronto, la elegante mujer comenzó a contarnos que se había dejado el monedero en casa, y que no llevaba encima ni un triste céntimo. Que había salido de su hogar sin reparar mucho en lo que llevaba, preocupada por el comportamiento de su marido, cliente habitual de la casa de juego que estaba frente a nosotros. Repetía, una y otra vez, con un gesto triste lleno de resignación, que su esposo jugaba y jugaba sin parar. Luego nos dijo que tenía muchas ganas de tomar un café, y nos rogó que la invitáramos, cosa que hicimos de inmediato y sin dudar. 


Mientras la señora lo degustaba lentamente, nos despedimos de ella, y tal como lo habíamos planeado la noche anterior, iniciamos la visita a esa ciudad de la costa occidental de La Liguria. A la tarde, teníamos pensado acudir al teatro Ariston, sala donde se celebra, desde el año 1951, el famoso Festival de la Canción de San Remo. En ese local nos esperaba la actuación de la Orquesta Italiana de Renzo Arbore, famosa en todos los sitios donde habita gente procedente de ese país.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.


Más autores

Opinadores
Leer edición en: CATALÀ | ENGLISH