¡Por fin tenemos oposición!

Manuel Fernando González Iglesias

Anda media procesión de tertulianos discutiendo con la otra mitad de opinadores de cámara sobre cómo deben acordarse las cosas a fin de que tengamos gobierno en las próximas semanas y no seamos la segunda parte del ‘Brexit’ con el que hemos de pelearnos los europeos durante los dos próximos años. A primera vista, el asunto parece "mu" complejo, aunque visto con la objetividad del que no llega a fin de mes, el tema es mucho más simple de lo que parece. Veamos por qué.


Antes, es decir, hace dos días, ya saben, durante la penúltima legislatura, que se cumplió al completo, recuerden que Rajoy convocó a duras penas las elecciones que luego nos llevarían inmediatamente a otras, por primera vez en la historia reciente de España. Pues bien, antes, la mayoría absoluta la había ganado el Partido Popular y con ella hizo lo que entendió mejor, sin tener en cuenta la opinión de la oposición y adoptando medidas muy duras que han liquidado la prosperidad para un par de generaciones y, sobre todo, han reducido a la mínima expresión a la clase media que siempre ha sido en la Europa comunitaria el dinamizador del consumo que mueve la economía. Todo muy legal y si, también lo quieren los dirigentes populares de la madrileña calle Génova, claramente democrático. Para ti la perra gorda, que decían mis abuelos.


Hoy, tras ir dos veces a las urnas, esa mayoría absoluta ha cambiado de orilla y se ha ido del lado de una oposición muy plural y por supuesto en muchos casos casi antagónica. Y como eso es así porque la ciudadanía también lo quiso, con esos mimbres ahora hay que formar gobierno. O sea: el que más diputados tiene ha de gobernar y convertirse en un ejecutivo solvente y eficaz, y los demás desde la oposición han de ayudarle a que pueda conseguirlo mediante una investidura legal y rápida. Aquí no se trata de amarse hasta que la legislatura nos separe, sino de compartir la paternidad de una criatura llamada Gobierno de España según más le convenga al niño al que hay que tutelar. Gobernar, pues, ha de gobernar el PP. Legislar, lo que se dice y se hace desde el Parlamento, lo ha de hacer la cámara respetando la nueva mayoría absoluta que los españoles han querido que les represente.


¡Por fin tenemos oposición!, dicen unos pocos. ¡Así no hay quien gobierne!, aseguran los demás. Pero esto es lo que hay, y en esa singladura han de moverse los partidos si no quieren que los votantes los expulsen de sus vidas por no saber hacer bien su trabajo. ¡Pacten, señorías, pacten! Discutan mucho, trabajen más, viajen menos y sean capaces de enseñar a Europa que los españoles no somos los hijos de la Gran Bretaña, sino gente sensata y trabajadora con unos representantes juiciosos e inteligentes que además de hablar más de la cuenta saben fajarse cuando las dificultades les agobian.


Y, miren, si lo que se les ocurre para salir del paso son solo soluciones como las del alcalde del pueblo donde vivo, Viladecans por más señas, que ha cortado cinco plataneros con más de 60 años de vida con la excusa de que una residencia privada dice que por un trozo de calle no pasaba una silla de ruedas --¡cómo va pasar si hay más de 30 postes de madera de la luz anclados en las aceras de la calle! ¡Hay que ser imbécil o sociata gilipollas para no darse cuenta del problema!-- mejor dedíquense a la cría del cerdo ibérico en la muy bella dehesa extremeña. Eso sí, sin acabar con los robles que producen las bellotas, aunque el rico del lugar les diga que a los pobres gorrinos los árboles les estorban para pasar a su finca.

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