El chivo y los socialistas

Joan Ferran


Chivoespiatorio


Llámenle chivo expiatorio o cabeza de turco. Qué más da. Cuentan que en Sociología y Ciencias Políticas esos términos se utilizan para designar a una, o varias personas, sobre las que descargar toda la agresividad que es capaz de generar un colectivo frustrado o preocupado. Ya saben, la civilización judeo cristiana ofrece literatura abundante al respecto. En nuestros días, que un individuo cargue con una pesada cruz, cuando en realidad las responsabilidades deberían ser compartidas, comienza a ser habitual. Observemos, sin ir más lejos, la práctica de algunas entidades deportivas. Me resulta difícil comprender, por ejemplo, esas destituciones automáticas de un entrenador de futbol sin ponderar qué parte de culpa tienen de la marcha del equipo unos profesionales que integran la plantilla y que, acomodados, han perdido interés e ilusión por la marcha del equipo; o qué parte de responsabilidad tiene aquel público que antaño coreaba y jaleaba al equipo y hoy prefiere observar las jugadas desde casa. No siempre, como es obvio, toda la culpa es del entrenador. Ahora bien, para maniobreros, ambiciosos e interesados deviene un chivo expiatorio perfecto.


El mundo de la empresa, de la comunicación y la política también es pródigo en buscar cabezas de turco. No hay que hurgar demasiado en nuestro pasado reciente para hallar personajes relevantes a los que podríamos endosar la etiqueta de chivos expiatorios. Los hay en todas las familias políticas y para todos los gustos. Eso es así, que le vamos a hacer… Pero lo verdaderamente preocupante es observar cómo “a priori” algunos quieren sacrificar un hipotético chivo sin permitirle que, al menos, intente demostrar que su propuesta es útil y factible. Estos tipos desconsiderados no aprecian el valor de la entrega y el tesón. No saben lo que es la valentía ni la confianza en un proyecto político basado en ideales.


La entrada en escena de nuevas formaciones políticas ha menguado el apoyo electoral recibido por los socialistas tanto a nivel estatal como catalán. Cierto, y eso merece un análisis serio y profundo. Pero, ¿Una tribu de ansiosos por alcanzar (o mantener) la poltrona van a culpar sólo a los entrenadores? Me parece gratuito y fuera de lugar su empeño. Quizás sería más pertinente y útil que se preguntasen sobre el rol jugado hasta el día de la fecha por cada uno de ellos. Parece ser que algunos titulares de la plantilla han aparcado la ideología para retozar sin ilusión en la comodidad. Fatal. A todos esos y esas que desde su comodidad institucional insinúan que Pedro o Miquel han de dar un paso al lado les preguntaría qué parte de responsabilidad es la suya ante la situación actual, cuál ha sido su contribución a la causa. Les preguntaría, también, si su práctica política está pergeñada de altruismo e ideales o más bien es un ‘quítate tú que me pongo yo’ porque la tarta es pequeña.


Ante situaciones difíciles y delicadas tanto Pedro Sánchez, como Miquel Iceta, han sido y son valientes y decididos. Merecen seguir entrenando al equipo y enviar al banquillo a los que buscan, desde la molicie, chivos expiatorios.

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