viernes, 15 de noviembre de 2019

Peiró y Pi i Margall

Miquel Escudero


Pimargall


Hace unos meses se constituyó en Barcelona un grupo de periodistas bajo el nombre de ‘Pi i Margall’, político barcelonés que falleció en 1901. En esa fecha, el también barcelonés Juan Peiró tenía 14 años de edad. Yo no sé cuánto son conocidos uno y otro, pero les diré que el dirigente de la CNT se salvó por poco de ser asesinado en 1923 junto al ‘Noi del Sucre’. Ya en la dictadura de Primo de Rivera, Peiró dedicó un artículo a la memoria de Pi i Margall. ¿Qué escribió el dirigente obrero a propósito de quien fuera presidente de la Primera República Española? Calificaba a aquel hombre de Estado como ‘un hombre bueno’ y ‘un político honrado’ que, “habiendo sido gran juriconsulto, ministro y primer magistrado de la nación, no dejó a sus descendientes nada más que la grandeza inmaculada de su nombre”.


Había, pues, un reconocimiento del sindicalista hacia alguien que no era exactamente ‘lo mismo’. Y esto hay que apreciarlo como signo de convivencia y civismo. Destacaba aquél que Pi i Margall entendiese que el individuo es anterior y superior al Estado, mientras que los socialistas habían consagrado al Estado poniéndolo por encima del individuo. Asimismo rememoraba la defensa que el político republicano federal hiciese en el Congreso de los Diputados de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), cuya sección española se quería ilegalizar. Era 1871, faltaban dos años para que se proclamase la efímera República, y el Congreso prohibió aquella Internacional Obrera, medida que no llegó a efectuarse por el rechazo del fiscal del Tribunal Supremo.


Pi i Margall arguyó que los proletarios necesitaban ser propietarios en algún modo: “si la propiedad es el lazo que une la generación actual con las venideras, necesito de la propiedad para constituir este lazo entre mis hijos y yo”. Y dirigiéndose a los diputados partidarios de ilegalizar la AIT, el futuro autor de La lucha de nuestros días exclamó que no faltaban entre ellos quienes creyesen que “la propiedad es sagrada e inviolable, pero bien comprenderéis también que esto es completamente absurdo”. En el fondo de todo lo cual se nota el latido de la condición personal de cada individuo. Si no se reconoce, todo es posible según la ley del más fuerte. Siempre hay que tenerla presente para no caer en la selva.

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