Saber actuar, saber vivir

Miquel Escudero

Rhtawney

¿Qué vemos a nuestro alrededor, sabemos mirar adecuadamente? El mundo de los libros nos reserva sorpresas. Leo un libro escrito en 1920 que permite enfocar muy bien la realidad de nuestros días. Ha sido traducido ahora muy oportunamente al español, se trata de 'La sociedad adquisitiva' (Elba). Su autor fue profesor de la London School of Economics y se puede situar en la órbita del socialismo cristiano y humanista, su nombre: Richard H. Tawney. 


Observaba, entre muchas otras cosas de interés, que “buena parte de la población está empleada en fabricar bienes que nadie puede sentirse satisfecho de producir”, cosas que ellos saben que mejor sería no producirlas y que, con tal actividad, están desperdiciando su vida. Yo no sé si lo pueden expresar desde la alienación que los embarga. Sea como sea, es una triste realidad que merece ser transformada; hay un veneno contra la realidad personal de la vida humana. 


El capital tiene una función social que se opone a la devastadora obsesión por el rendimiento económico. De todo esto hay que saber tratar. ¿Se siente de veras la responsabilidad que cada uno adquiere cuando habla y escribe, sea de lo que sea? En todo caso, se precisa claridad en el actuar y en el vivir. Y la claridad no es retorcida, sino que alumbra lo más complejo con asombrosa sencillez.


El cine nos puede ayudar en esta tarea decisiva de la educación sentimental. John Ford, uno de los grandes directores de la historia del cine, afirmaba que siempre hay que buscar la simplicidad en el guión, en la interpretación o en el estilo de una película; una declaración de objetivos que encaja con el modo de hacer de John Wayne, su actor preferido. Javier Marías, gran aficionado al cine, ha dicho en algún lugar que Wayne era el actor que mejor ha sabido mirar en el cine. ¿Qué puede significar esta afirmación? 


El autor de 'Corazón tan blanco' aludía a que con un solo plano los espectadores podíamos entender que en su papel le pasaban cosas complejas y matizadas; su pena, su odio, su indignación, su espanto no eran primarios, tenían espesor y mezcolanza. Por eso entendía que aquel actor fuera capaz de saber y de transmitir “que hay un antes y un después, que a partir de un momento, o una experiencia, o unas palabras, nada será ya lo mismo, empezando por su personaje”. Captemos y asimilemos la realidad cinematográfica como una conexión directa de la realidad humana. 

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