Forcadell , Harpo y 'The New York Times'

Carmen P. Flores

CarmeForcadell


Estos días de turbulencias políticas por el caso de incontinencia verbal del ex senador Vidal, que esconde una rabia contenida contra los que no piensan como él y espera la revancha cuando ganen los suyos, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, ha estado más muda que Harpo en toda esa historia. No ha sido capaz de convocar un pleno extraordinario, ha considerado que no es necesario, ni democrático y además estaba muy ocupada escribiendo un artículo de opinión en el periódico 'The New York Times'.


Claro eso lleva mucho tiempo y desgasta lo suficiente como para no tener que aguantar a los 'pesados' de sus señorías, esos que son minoría y no entienden sus aspiraciones, sus delirios independentistas y su parcialidad por el bien de Catalunya y de sus ciudadanos, que siguen esperando que alguien gestione con sentido común, equidad e inteligencia los recursos que, en forma de impuestos, les aportan a los gobernantes. Los países, presidenta, son las personas, no los territorios.


"La lucha por los derechos sociales y las libertades tiene que ser constante e inquebrantable, porque la historia enseña que son fáciles de perder", decía Forcadell pero, ¿qué derechos sociales? ¿qué libertades? ¿las suyas?


Hablar en nombre de la ciudadanía de Catalunya es mentir, porque esta no es una sociedad uniforme, sino diversa, con criterio, plural, multirracial e inteligente. No es tampoco de discurso único. Decía George Washington que "el gobierno no es razón, ni elocuencia, ¡es la fuerza! Como el fuego es un sirviente peligroso y un amo terrible. Nunca debería ser dejado a merced de personas irresponsables".


Dejar el "gobierno" del Parlament en manos de una política tan corta de miras solo puede llevar a la confrontación, el enfrentamiento y la división. Hechos que no son propios de los que se llaman a sí mismos demócratas de pro y europeístas convencidos.


Explicar en el 'The New York Times' -¿pagando?- las peleas domésticas de la falta de libertad, la opresión del gobierno, los jueces y la prensa canallesca es de una irresponsabilidad enfermiza que solo causa incredulidad, carcajadas y que nos tomen por idiotas.


Presidenta Forcadell, con el derecho que le otorga la democracia a explicarse libremente, no olvide tampoco que tienen la obligación de no degradar la institución a la que representa y ocúpese de cumplir las leyes, le gusten o no, como hacen los "paganinis", que si no la cumplen, las consecuencias se las tienen que tragar con patatas fritas y sólo les queda el derecho al pataleo. 

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