miércoles, 3 de marzo de 2021

Robert P. George: "La llamada revolución sexual ha sido un desastre"

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RobertPGeorge


Robert Peter George es un erudito en temas jurídicos. Filósofo político e intelectual está considerado como el gran pensador de la derecha cristiana de Estados Unidos, aunque a él no le gusta las etiquetas.




Catedrático en Princeton. Profesor visitante durante algunos años en la facultad de derecho de Harvard. Robert Peter ha ocupado entre otros muchos cargos la presidencia de la Comisión de Derechos Civiles de Estados Unidos y es miembro del Consejo Presidencial de Bioética. También ha sido miembro de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, donde recibió el Premio de Justicia Tom C. Clark.


También ha participado en la Comisión Mundial de Ética del Conocimiento Científico y Tecnológico de la UNESCO (COMEST), de la cual sigue siendo miembro. Recientemente, el profesor Peter George ha sido investido doctor honoris causa por la Universitat Abat Oliba CEU.



Sr Robert Peter ¿Qué opina sobre el Presidente Trump?


No apoyaba al señor Trump ni a la señora Clinton. Ninguno de los dos, en mi opinión, estaba capacitado para ser Presidente. Y tenía (y tengo) serias dudas sobre el carácter de ambos. El señor Trump, sin embargo, es ahora Presidente, así que, por el bien del país, le deseo que le vaya bien. Ya he dicho que alabaré lo que haga bien y criticaré lo que haga mal. Así, he apoyado el nombramiento de Neil Gorsuch para el Tribunal Supremo y he criticado su orden administrativa en inmigración.


¿Cuál es su postura en la política de inmigración? ¿Está de acuerdo?


No lo estoy. Creo que deberíamos aumentar la cuota de migraciones, especialmente desde Siria e Irak, y tendríamos que dar prioridad a los que, por su religión u otras razones, son vulnerables a los peores abusos posibles: asesinato, esclavitud, tortura y violación.


¿Cree en la posibilidad de que ocurra una posible confrontación entre el Presidente Trump y la justicia estadounidense?


Por supuesto, es posible, pero no lo preveo.


¿Cree que las creencias religiosas son determinantes en la actitud política?


Sí, parece que hay importantes semejanzas, pero el tema es complejo. Cuanto más practicante es la gente, más tienden a apoyar a los Republicanos. Cuanto menos lo hacen, más tienden a apoyar a los Demócratas. Lógicamente, hay excepciones, pero esas son las tendencias generales según los estudios sociológicos. Las reglas se cumplen indistintamente de qué religión se practique, Protestante, Católica o Judía. Cuanto más estrecho es el vínculo religioso de la persona, sea protestante, católico o judío, más tendencia tendrá a votar a los Republicanos. Por ejemplo, los Judíos Ortodoxos tienden a votar a los Republicanos mientras que los menos cumplidores o no practicantes tienden a votar a los Demócratas. Los Católicos que van a misa son más partidarios de votar a los Republicanos que los Católicos menos activos, o no activos, en la práctica de su fe.


¿Considera a la iglesia exclusivamente de derechas?


La Iglesia Católica en los Estados Unidos no debe ser categorizada como “de izquierdas” o “de derechas”. Para algunas cosas, se posiciona a favor de la “derecha”; para otras, a favor de la “izquierda”. En su defensa de la vida de los nonatos se dice que es de “derecha” –aunque defender la vida humana no debería ser considerado una cuestión partidista-. En su defensa de los inmigrantes y los pobres, se dice que la Iglesia es de “izquierdas”. Para mí, bien por la Iglesia. Su rol es seguir el camino de Cristo, no las agendas de movimientos ideológicos de ningún tipo.


¿La declaración de Manhattan sigue vigente?


Sí.

¿Por qué la Iglesia está en contra  del    matrimonio  entre personas del mismos sexo  y solo admite del matrimonio tradicional?


Porque la integridad sexual y una próspera cultura del matrimonio y la vida familiar son vitales para la dignidad y el bienestar de las personas y para el éxito de las comunidades a todos los niveles. Así de simple. La llamada "revolución sexual" ha sido un desastre -especialmente para los niños-. La Iglesia lo predijo, y la Iglesia lo ha demostrado. La carnicería se mide en las relaciones rotas y las vidas maltrechas -especialmente las vidas de los niños-. La Iglesia propone una mejor opción, y esa opción requiere las cualidades que las tradiciones y los maestros de la humanidad, desde Platón hasta Ghandi y desde San Agustín hasta Elizabeth Anscombe, han prescrito en lo que se refiere al autocontrol de los impulsos sexuales y la defensa de las normas maritales.


Usted defiende el matrimonio heterosexual. ¿Qué sucede cuando el amor se acaba?


Yo defiendo el matrimonio. Expongo mi argumentación en el libro, escrito con dos de mis más brillantes alumnos, What is Marriage? El amor no es fundamentalmente un sentimiento, o una serie de respuestas emocionales. Esa es una apreciación totalmente inadecuada e insensible del concepto amor. El amor es arbitrario: el querer el bien para el otro por el bien del otro. El amor es una actividad, algo que uno hace. No es un sentimiento o algo que “le ocurre” a alguien. Una pregunta como "¿Qué pasa cuando el amor se acaba?" presupone el concepto erróneo del amor. Desentona la conversación nada más empezar. Los sentimientos pueden desvanecerse. La atracción romántica puede ir y venir. El deseo puede acabar. Pero el amor no es cuestión de sentimientos, atracción romántica o deseo. No "muere" sin más. Como actividad, como realidad arbitraria, el amor es algo que podemos elegir hacer. Si elegimos no amar, si decidimos parar de querer, si decidimos no seguir luchando por quien amamos, no nos excusemos de la responsabilidad por nuestras acciones alegando que "el amor terminó".

Se dice que usted está muy centrado en temas como el sexo y la moralidad. ¿Está de acuerdo con estas afirmaciones que le imputan?


No. Me centro en muchos temas, incluidos esos. No son los únicos temas importantes, pero SON importantes. Y tienen relación con otras cuestiones importantes como la lucha contra la pobreza o intentar mejorar la situación de aquellos que sufren de escasez material o daño emocional –especialmente los niños-.

¿Diría usted que este mundo está viviendo una creciente ola de vanidad?


Sí. Vivimos en lo que el distinguido crítico social, Christopher Lasch, llamó "una cultura de narcisismo". Es fruto de la ideología liberal de la "generación yo" cuyo estúpido slogan fue "si te gusta, hazlo". Su religión es el Culto al propio Imperio. Condena a aquellos que lo aceptan a la superficialidad y la frustración. Les ciega ante el significado de lo que da riqueza a la vida, incluyendo el servir a otros por sacrificarse uno mismo.

¿Considera necesario leer a los filósofos clásicos en estos tiempos?


Sí. Platón, Aristóteles y Cicerón están entre los grandes maestros de la humanidad. Tenemos mucho que aprender de ellos sobre la condición humana.


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