​Grupos y humanos. Mario Polanuer, In memoriam

José Leal

Letra psi


Tardé en reponerme mínimamente del impacto de tan dolorosa noticia. Siempre la muerte es un mazazo en lo más profundo de cada uno de nosotros, "un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida , un empujón brutal". Miguel Hernández.


Con los ojos aún empañados me dirigí a mis libros en busca de uno suyo: 'Grupos y humanos'. Lo acababa yo de citar hace unos días en una conferencia en la Universidad de Alcalá tras la pregunta de un colega sobre los grupos humanos y sus avatares. Lo abrí como lo hice la primera vez, con el cuidado y el respeto que siento por toda producción humana y en especial por los textos. Estos, lo que escribimos, es siempre fruto de un gran esfuerzo y hablan del saber y también del modo en que uno lo hace suyo para entregarlo luego en un acto que es fundamentalmente ético y también reconocimiento porque aquello que sabemos es producto, en parte de nuestro esfuerzo pero también es don que hemos recibido. Al menos así lo vemos quienes sabemos que, en la relación humana, y la relación asistencial lo es, hay una producción efecto del trato y también un intercambio de saberes que construye un saber superior del que estamos obligados a dar cuenta. Cuando abrí el libro, tras un índice breve y expresivo, una página en blanco con un nombre y una escueta dedicatoria, in memoriam. Me conmoví al leerlo, igual que la primera vez porque la persona a quien dedica Mario ese magnífico trabajo y para quien también "muy pronto levantó la muerte el vuelo", fue muy importante para mí. No sé si alguna vez lo hablamos pero desde ese momento, cuando aún lo conocía poco se estableció en mí una corriente afectiva que tiene que ver con un modo de fraternidad silenciosa como la que funciona, como empatía, entre muchas personas que se quieren porque saben que hay algo, no siempre expresado que circula, que se intuye y que forma un entramado de vivencia que refuerza una presencia interior que no solo se nutre de la presencia física porque uno sabe que está ahí y siempre viva. Así sentía yo a Mario. Con profundo respeto, conmovido, comienzo a leer: "No hay humano sin grupos. La vida humana solo es posible si hay un grupo que la sostiene hasta que se hace del todo viable, y esto sucede bastante tiempo después del nacimiento: un neonato abandonado a su suerte no es capaz de sobrevivir". ..."el ser humano es, además, uno de los seres vivos que necesita durante mayor tiempo del sostén de su grupo antes de hacerse autónomo, y la autonomía -si llega y cuando llega- es muy relativa".


Esta preci(o)sa entrada del libro no es mas ni menos que una sentida y cálida declaración de principios sobre los que fundamentar un modo de hacer profesional, una clínica podemos decir, en cuyo centro está el sujeto que se construye en los vínculos con el otro que empieza siendo absolutamente necesario para ir pasando hacia una situación de acompañante respetuoso con el ritmo del otro, del bebé que crece. Es ahí donde se hace humano y grupo. Esta declaración "la vida humana solo es posible si hay un grupo que la sostiene", formulada en el comienzo de un texto de quien está curtido en el trato con las personas con sufrimiento psíquico o trastorno mental es un manifiesto en sí de un modo de hacer que no puede ser otra cosa que comprometido, abierto y solidario.


Continúo buscándolo a través de los distintos apartados de su texto, la familia, la identificación, el lenguaje. "El pequeño aprende del otro que sus sonidos significan, y es el otro el que da sentido a su "bla bla", que así se va transformando en habla. Con las palabras que provienen del otro aprenderá a nombrarse. ...el lenguaje no es solo un instrumento para comunicarse con los otros. El lenguaje es el medio en el que habitan los seres, es su hábitat. El lenguaje está vivo y penetra al pequeño humano, lo parasita. Se le mete dentro marcando con fuego su subjetividad. Las palabras no solo la describen sino que constituyen su armazón".


Quienes, como él, hemos escogido como profesión esta tarea de estar con el sujeto, de estar con los sujetos que configuran grupos, comunidades donde hacer posible la vida sabemos de la grandeza del encuentro con el otro pero también de aquello que en el encuentro se hace difícil e insoportable. En el capítulo que tituló "lo insoportable", Mario señala unas interesantes claves para entender el malestar del vivir y estar en sociedad. "Percibir hasta qué punto el otro es otro sujeto, tan sujeto como uno, y a la vez tan radicalmente otro es tan complicado como reconocer lo que con él se tiene en común. A pesar de eso, el ser convive y se comunica con sus semejantes". Lo insoportable, escribe, es la aceptación de la complejidad porque ello "requiere e implica aceptar la propia pequeñez, y renunciar a la ilusión de que lo que uno hace, siente o piensa tiene una significación trascendente para el destino de la humanidad toda. Es tan insoportable que las personas prefieren, en muchísimas ocasiones, engañarse pensando que las cosas son sencillas. Lo cual no sería un problema si no fuera porque obran guiadas por ese engaño y, consecuentemente, yerran el tiro". Pero, nos muestra, hay otras opciones: "cuando (en el grupo) predomina la dimensión del pacto cada sujeto se confronta cada vez a los efectos destotalizantes de la palabra". Publicado en 2007 la siguiente afirmación habla de su conocimiento de los grupos y lo humano y de los riesgos: "el grupo está sometido siempre a la fuerza constante del impulso a la masa. Cuando el grupo deviene masa, el líder ocupa el lugar de la cabeza que no tiene. La posibilidad de que esto no suceda está en manos de sus integrantes. Depende del tipo de lazo social que establecen entre ellos y de cómo cada uno asume el compromiso en sostenerlo". Acaba el libro aquí con estas frases de la misma intensidad de aquellas con las que Freud acaba uno de sus textos más clarividentes, triste y esperanzado a la vez, el Malestar en la cultura. (1930) Añade después una conferencia titulada 'Un caso: la relación médico-paciente' en donde hace compatible su apuesta por el sujeto, estar del lado del sujeto y una crítica a las condiciones en las que se produce la atención a las personas con sufrimiento psíquico, de lo que ha hablado con su gran claridad en este mismo blog: los recortes y sus efectos sobre la salud, la medicalización, la protocolización de la asistencia, la banalización de los diagnósticos, el exceso de los lenguajes estigmatizantes, etc.


Es imposible vivir solo pero es difícil vivir en comunidad. Y sin embargo no hay más lugar para el sujeto que vivir con un grupo, en una comunidad donde todos quepan y sostengan, en libertad, sus diferencias. Y compartan también similitudes. Pensar lo colectivo desde el convencimiento de que no hay otra forma de sostener la fragilidad que nos constituye, sabernos sujetos, grupos y humanos, con todo lo que ello significa, es la vía para hallar un lugar para todos y el apoyo necesario para los más frágiles.


Entender lo social, saber de los determinantes que llevan al sujeto a la intemperie y al dolor es necesario para una práctica que se reclame humana.


Sabemos que en muy gran medida los problemas de salud mental son provocados por los determinantes sociales: desigualdades, pobreza, insolidaridad, ausencia de vínculos sostenedores, tensiones colectivas que golpean más ferozmente sobre los sujetos con mayor fragilidad. Sabemos que el aumento exagerado de los consumos farmacológicos no obedece a razones terapéuticas ni tiene como efecto el aumento de la mejora de la calidad de vida de la población. Sabemos que el grupo es imprescindible para construir una red de soportes y que la ayuda al sujeto no pasa por la priorización de los recursos profesionales sino que éstos, en cantidad y calidad necesaria, han de estar al servicio de un proyecto de recuperación del mismo dentro del contexto comunitario en que transcurre su vivir. Sabemos también que los sistemas organizativos en el campo de la salud y la salud mental están cargados de presiones que buscan una supuesta productividad que puede quemar a los profesionales. Frente a ello, volviendo a las palabras de Mario, "el (profesional) solo puede oponer su deseo vivo, su responsabilidad personal, y, en última instancia, su actitud ética. Se trata de una elección ética, pero sus efectos se dejan ver en otros terrenos. La opción por no dejarse arrastrar por la inercia tiene un efecto vivificante ya que le abre la puerta para disfrutar también de la gratificación que el buen ejercicio de su profesión implica. Una relación que permite la aparición de las particularidades de las personas y toma en cuenta los moduladores psíquicos del curso de las enfermedades y hace que el paciente se sienta reconocido. Por eso vive al clínico como un aliado".


Esa "militancia" ética es el sostén de toda práctica profesional en estos tiempos de tan alta burocratización de la asistencia, de la tendencia a diagnosticar la vida, del aumento del desamparo para los más frágiles y señala un camino creativo para una relación profesional que se centra en el cuidado de lo cotidiano, en la recuperación de la subjetividad y busca el alejamiento de una inservible retórica asistencialista. No hay más opción que el encuentro respetuoso y humilde con el paciente. Es el predominio de la música, la lírica y la ternura en estos tiempos de, al parecer, fascinación por el ruido, la épica y las grandes palabras.


Reconocer lo humano y sus vicisitudes, aminorar el sufrimiento del paciente, luchar por sus derechos a una calidad en los cuidados, buscar la cura cuando es posible y siempre, siempre trabajar por su dignidad y su libertad en una relación cercana. Es una apuesta ética. Eso es posible; él así lo hizo.

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